VERANITO, VERANITO

Juan Francisco Gutiérrez
JUAN FRANCISCO GUTIÉRREZMálaga

Desde hace días mi teléfono móvil hace cosas raras. O quizás las hago yo y él solo me lo hace ver, puede ser. Cuando me acuesto lo dejo, pese a los consejos paramédicos, en la mesita de noche. Dicen que es mala la cercanía inalámbrica; peor es acostarse, me digo, sin oír la radio. Qué haría yo sin mis 'apps' para ello si ya ni tengo transistor, oye.

La cuestión es que, desde muy pronto y desde hace semanas, todas las mañanas abro los ojos un poco más temprano cada día. Una escalada progresiva será por aquello de las calores sobrevenidas, de la edad o del agotamiento de las baterías: las mías y las del móvil. Pues para colmo mi teléfono, digno extensor de mis cuitas, me acompaña en este creciente madrugón: su pantalla se ilumina a las claritas del día, siempre segundos después de que yo abra los párpados, con un zumo continental de notificaciones. Un homenaje lumínico y musical digno de mejor causa a hora tan gallinácea.

Alguna mañana intento reconciliarme con el sueño, pero no hay forma. No tengo la moral de Pedro Sánchez para creer en que segundas partes sean buenas, ni siquiera para los brazos de Morfeo. Así que gracias a esta sinrazón me deleito con la oferta radiofónica de madrugada, llena de deportistas repetidos, locutores torrefactos, noticias absurdas y 'tuits' de Trump más soliviantados que yo mismo. Aunque todo tiene su contrapartida, pues a la hora de la sobremesa, imaginarán, suelo estar para el arrastre.

Total, que mientras espero en plan duermevela para ir a la ducha a hora decente, al final leo cositas en el móvil tan sofocantes como una olita de calor. Como por ejemplo que a los móviles les sienta mal tanto sol, un poco como a mí. O que la Junta de Andalucía no encuentra a nadie ni para Urgencias de Carlos Haya ni para abrir la puerta del Museo de Málaga a sus visitantes vespertinos. Las bicicletas son para el verano pero no las anatomías del corazón, me digo, mientras bebo una nube doble y pienso en qué diantres desayunarán quienes le ven tantas cosas buenas al estío. Que ya tenemos en puertas y sin remisión.

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