No te vayas de fiesta con Harvey Weinstein

Harvey Weinstein. /Reuters
Harvey Weinstein. / Reuters
Flashback

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

El escándalo de acoso sexual destapado hace pocas semanas contra el magnate de la producción cinematográfica Harvey Weinstein ha vuelto a tambalear los frágiles cimientos morales de Hollywood. Ya se cuentan por decenas, concretamente son más de cincuenta actrices las que se han atrevido a denunciar públicamente las fechorías de este depredador sexual. Leer sus historias suscita una mezcla de tristeza y asco. Algunas relatan cómo se sintieron incómodas en más de una ocasión por las insinuaciones sexuales del productor, otras le acusan directamente de haberlas violado. Ambos extremos son intolerables porque los dos están sustentadas por una relación de poder y dominación que Weinstein utilizaba a su antojo frente a unas mujeres jóvenes que tenían una nítida posición de debilidad.

Las actrices fueron víctimas del acoso cuando estaban empezando y Weinstein no sólo era uno de los productores más poderosos de Hollywood, también era el más temido. Ahora han pasado los años, estas mujeres han alcanzado otra posición y han perdido el miedo a señalarle. Insistimos: son ya más de cincuenta mujeres las que han reconocido el acoso pero sus víctimas reales han sido sin duda muchas más. Y no solo por parte de Weinstein, sino que hay otras actrices que han denunciado situaciones violentas con otros productores y directores de la meca del cine. Lo más grave de todo es comprobar cómo el acoso sexual ha sido durante todo este tiempo un secreto a voces en la industria del cine, y cabe sospechar que lo es también en otros ámbitos artísticos, empresariales o de cualquier tipo. Una de las últimas en denunciar un acoso sexual ha sido la cantante islandesa Björk, que ha señalado sin muchos rodeos al director Lars Von Trier como un abusador que se obsesionó con ella durante el rodaje de ‘Dancer in the dark’, con todo el equipo técnico como cómplice de distintos niveles de acoso.

El número de integrantes de la industria que está reconociendo que sabían de las andadas de Weinstein y que no habían hecho nada por evitarlo también se cuenta por centenares: el acoso y el machismo o, mejor dicho, el abuso de poder que realiza un individuo contra otro para obligarle a hacer algo en contra de su voluntad está tan enraizado en las costumbres que resulta difícil identificarlo como un problema. La manera en la que hemos convivido durante tantos años con una bestia casi sin ser capaces de ponerle nombre resulta estremecedor. Muchos directores entre los que se encuentran Quentin Tarantino o Kevin Smith, que donará los beneficios de sus películas producidas por Weinstein a una organización en defensa de las mujeres, han reconocido su frustración por no haber hecho nada para evitarlo, al igual que muchas actrices cuya confesión está empapada por la vergüenza. Esa es una de las cosas más terribles de los abusos: quienes los sufren lo hacen también con sentimiento de culpabilidad.

Pese a que todo esto ocurrió ante los ojos de mucha gente, también hay que admitir algo respecto a Hollywood: muchos integrantes de la industria están cambiando las cosas con el impulso evidente del cambio generacional. Ocurrió con las acusaciones de racismo contra la Academia. Su respuesta fue ‘actualizar’ a sus miembros añadiendo a personas pertenecientes a minorías sexuales, raciales o de género para que su conjunto fuera una representación algo más cercana a la realidad del mundo hoy día. Los productores también tomaron nota de su propio comportamiento. La consecuencia fue que en el último año se batió un récord histórico de nominados negros en los premios más importantes de la industria. En este sentido, han sido muchos quienes han alzado la voz. Una de las más lúcidas que hemos escuchado ha sido la de la actriz británica Emma Thomson, quien opina que este comportamiento es endémico: «No sabía acerca de esas cosas pero no me sorprenden en absoluto. Lo que encuentro extraordinario es que este hombre está en la punta de un iceberg muy particular». Admitió además estar convencida de que hay muchos más casos. Se refiere a una crisis de la masculinidad extrema «que es este comportamiento, y el hecho no sólo de que está bien sino que está representado por el hombre más poderoso del planeta en este momento», refiriéndose por supuesto a Donald Trump.

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