Mes de vacaciones

Mes de vacaciones
Sr. García .
Cruce de vías

No existe ninguna dificultad que nos impida hacer volar la imaginación

José Antonio Garriga Vela
JOSÉ ANTONIO GARRIGA VELA

El pasado miércoles me encontré con una amiga en el aeropuerto de Barcelona. Le pregunté si volvía a Málaga conmigo en el vuelo de las cuatro de la tarde y respondió que tenía el billete de regreso para dentro de dos semanas. Pensé que estaba haciendo escala y me interesé por saber adónde iba. Contestó que a ningún lugar preciso y luego me explicó que se había equivocado al comprar el billete en Internet y puso la vuelta en febrero en lugar de enero. Al enterarse del error cuando ya se encontraba en el aeropuerto, decidió pasar un mes de vacaciones sin moverse del sitio. Lo primero que pensé fue que estaba sin un céntimo, pero me daba apuro preguntarle si necesitaba dinero. Además tenía buen aspecto y su comportamiento era igual que el de cualquier otro turista. Estaba tranquila, disfrutando del tiempo libre.

Faltaba una hora y media para la salida de mi avión. Le pregunté si había almorzado. Dijo que sí, que llevaba el horario de los turistas y que acababa de comer en el bar que teníamos justo enfrente. Le propuse tomar un café. Nos sentamos y guardamos un rato de silencio viendo pasar a los pasajeros con sus maletas de un lado para otro, como si cada cual buscara su propio destino. Algunos corrían, otros iban despacio, se detenían delante de los escaparates de las tiendas igual que si estuvieran paseando por una ciudad desconocida. Me fijé en el ligero equipaje de mi amiga: una maleta de cabina, el bolso y la chaqueta. Si no me hubiera contado nada, yo jamás habría pensado que llevaba quince días encerrada en el aeropuerto. ¿Cómo era capaz de soportar una situación tan incómoda? Entonces ella se puso a hablar de lo curiosa que era la estancia en ese espacio tan particular: “La imaginación no conoce límites, desde el primer día que llegué, no he parado de ir de una ciudad a otra, me siento delante de la puerta de embarque y vuelo al destino que marca la pantalla”. Los dos miramos la pantalla que teníamos enfrente: ATENAS. Por un instante, yo también me trasladé al barrio de la Plaka. Nos miramos sonriendo y he de confesar que tuve la tentación de quedarme a su lado y viajar juntos alrededor del mundo.

Al final, decidimos sustituir el café por dos cervezas y seguimos conversando. Por un momento, olvidé que todavía le quedaban por pasar dos semanas en el aeropuerto de Barcelona. No existe ninguna dificultad que nos impida hacer volar la imaginación, pensé. Al llegar la hora de embarque, nos despedimos y prometió llamarme por teléfono sólo regresar a Málaga para relatar sus experiencias domésticas. Le deseé una buena travesía y sonrió con la complicidad del viajero que tiene todo el futuro por delante.

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