«Lo único que tiene un periodista es su credibilidad»

Duzán posa en el Puente de Hierro de Logroño, donde participó en las jornadas que organizó Futuro en Español/Justo Rodríguez
Duzán posa en el Puente de Hierro de Logroño, donde participó en las jornadas que organizó Futuro en Español / Justo Rodríguez

La experta en el proceso colombiano de paz María Jimena Duzán, que prepara un esperado libro sobre Santos, muestra su entusiasmo ante internet

Fernando Belzunce
FERNANDO BELZUNCEMadrid

Tiene una de las voces más interesantes del periodismo en español. María Jimena Duzán lleva 40 de sus 56 años escribiendo columnas en los principales medios de Colombia. Paramilitares mataron a su hermana, también periodista, y sicarios de Pablo Escobar acabaron con la vida de su mentor, Guillermo Cano, director de ‘El Espectador’. Se exilió en Barcelona tras varios intentos de secuestro. Ahora es periodista de la revista ‘Semana’ en Bogotá, su ciudad, donde dirige un conocido programa de debate político en televisión.

Premiada y, ante todo, respetada por sus colegas, esta semana maravilló al público de las jornadas organizadas por Futuro en Español en Logroño con sus reflexiones y sus recuerdos de una época envidiable. Cuando veía a un Gabriel García Márquez aún desconocido bailar (bien), cantar (mal) y despachar crónicas asombrosas, como la de una protesta en el remoto estado del Chocó que en verdad no había tenido lugar pero donde se exponían las razones con tanto fundamento que llegó a darse después.

–¿Era buen periodista o realmente escribía tan bien que se le perdonaba todo?

–Era más lo segundo. Creo que Gabo era un gran inventor y que utilizó el periodismo para inventar, y que esta era una especie de licencia que siempre tuvo y que la subsanaba con esa asombrosa capacidad para escribir.

–¿Cómo reaccionó ante la muerte del director de ‘El Espectador’?

–Gabo estaba aquel año, 1986, en La Habana. Era el festival de cine. No podía regresar a Colombia porque le acusaban de ser un guerrillero. Guillermo Cano me envió con la misión de pedirle que escribiera una crónica sobre los 75 años del diario. Me dijo que no la iba a hacer, que ese país era una mierda y que mataban por una crónica. Me pareció que estaba exagerando por lo que le había pasado y discutimos. Resulta que a los tres días yo salía de un cine y me llamaron porque Gabo me buscaba. Me lo dijo llorando: «Acaban de matar a mi amigo Guillermo Cano». Yo me apené muchísimo y le dije: «Gabo, tenías toda la razón». Volvió a decir: «Este es un país de mierda». Fue una tristeza. Gabo lloró toda la noche y se quedó callado. Recuerdo que llegó Fidel Castro y no podíamos hablar ni Gabo ni yo. No quiso recordarle ni hablar de él. Le tenía pavor a la muerte. No hablaba de ella.

–¿Volvieron a hablar de la crónica?

–No. Pero tres meses después me envió un sobre con un perfil absolutamente espectacular sobre Guillermo Cano. Un perfil de su gran amigo que me hizo llorar, que nos hizo llorar y que aún me hace llorar si lo releo. Tres años más tarde fue cuando pusieron la bomba contra el periódico ‘El Espectador’.

Y un año después los paramilitares asesinaron a su hermana, que rodaba un documental para la BBC sobre violencia política. ¿No se planteó abandonar el periodismo?

–Por supuesto. Sin embargo, uno desarrolla una especie de obsesión por saber los porqués. Eran demasiadas preguntas que yo tenía que resolver. Por eso no dejé de ser periodista. Si soy sincera ahora las estoy empezando a resolver.

«El periodismo en internet nos obliga a volver a lo básico: la credibilidad y la ética»

–¿Necesitó contarlo en el libro ‘Mi viaje al infierno’?

–Exacto. Ahí empecé a entender qué me pasó y si uno entiende lo que le pasa a uno, uno entiende lo que le pasa al barrio y a la ciudad y al país. Entonces empiezas a ser mejor periodista y mejor ser humano. Fue mi manera de sanarme. Yo fui víctima de un conflicto.

–¿Qué le pasó con Álvaro Uribe, el ex presidente de Colombia?

–Me propusieron hacer un libro y él accedió. Retraté cómo gobernaba. Había una gran similitud entre lo que es, un capataz de campo, y su manera de dirigir el país. Es un líder muy feudal. El libro se vendió muy bien pero a él no le gustó. No hemos vuelto a hablar.

Está a punto de terminar otro libro sobre Juan Manuel Santos…

–Es mucho más complejo. No es tanto sobre Santos, sino sobre lo que hizo, que es el acuerdo de paz. Yo estoy completamente a favor, con todas sus imperfecciones. Cubrí el conflicto y estuve también en La Habana cuando se producían las negociaciones entre el Gobierno y las FARC. Me impresionó mucho cómo lo dramática que resultó la derrota en el referéndum.

Hubo entonces muchas mentiras y una manipulación brutal. ¿Cómo puede responder el periodismo ante esto?

–Ese sigue siendo un desafío en todo el mundo. Son las mentiras en las redes sociales. En este caso fueron dos. La primera es que el acuerdo abría las puertas para imponer la homosexualidad, lo que sirvió para que la Iglesia y los sectores cristianos se opusieran al acuerdo. La segunda, aún más absurda si cabe, consistía en que Juan Manuel Santos, que es un neoliberal integral, era un ‘castrochavista’. Fue una campaña de Uribe muy exitosa. Forma parte de la propaganda política, como pasó en el ‘brexit’ o en la elección de Trump. O como la tienen ustedes aquí en Cataluña.

«Las mentiras en las redes sociales suponen un desafío en todo el mundo»

–¿Cómo se explica que ‘The New Yorker’ o ‘The Guardian’ hayan publicado visiones tan parciales sobre la situación en Cataluña o hayan dado por buenas informaciones y fotos falsas?

–Porque este tema de las ‘fake news’ tiene completamente avasallados a todos los medios. La razón del periodismo es sacar la información que no está publicada. Si nos toca hacer de validadores de lo que está pasando la razón cambia. Pero es cierto que si no trabajamos ese tema las mentiras se quedarán en verdad y eso va a afectar políticamente a la realidad. Este debate está atravesando la profesión en todo el mundo.

–¿Es posible el rigor en una época de prisas marcada por las redes sociales?

–Lo único que tiene un periodista es su credibilidad. Vale oro en el mundo de las redes sociales, pero se ha construido siempre por fuera. Creo que lo más importante del periodismo es, volviendo a Gabo, no solamente contar la historia sino tener la ética para contarla. Es lo que va a sobrevivir. El periodismo en internet nos obliga a volver a lo básico: la credibilidad y la ética. Esto es cada vez más fundamental.

–¿Le preocupa el futuro que internet marca a periodismo?

–¡Nada! Al contrario. Nunca he sido tan optimista. Internet democratiza la información. Es la oportunidad del periodismo para reinventarse. Agradezco estar en este momento en el que se cambia todo porque lo importante se vuelve lo esencial.

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