VESTIR DE ROJO

MIKEL LABASTIDA

Ver a José Ramón de la Morena y José María García juntos tenía tanto morbo como cuando Ana Rosa y María Teresa se juntaron en el magacín de la primera para arreglar viejas cuentas. Aquellas mantuvieron una guerra mucho más fría que los que fueron reyes de la noche. Por las mañanas las batallas se libran de una manera más sibilina y con bastante menos sangre. Los poderosos comunicadores deportivos iban sin escudo y con los puñales en alto. Así se lo reconocieron a Évole, que era consciente del morbo de reunir a estos dos astros. Muchos temían que acabasen resolviendo sus rencillas con las manos, como en su día lo hacían Alexis y Krystle en 'Dinastía' en sus mitiquísimas peleas en alguno de los estanques de la residencia de los Carrington. Ambos demostraron que el tiempo ha pasado y que aquellas guerras no tienen sentido hoy en día. No digo con esto que en la radio o televisión actual no existan rencillas entre rivales de emisoras distintas, pero ninguno demuestra sus odios con la visceralidad con que se hacía entonces. El Évole del futuro reunirá a Ana Rosa y Griso, que contarán, por ejemplo, como los reporteros de una y de otra se disputan los invitados o los microfonan para que no hablen con el programa rival.

Son tácticas de rey. Ser rey no es fácil y mantenerse en el trono tampoco. Si algo hemos aprendido de 'Juego de Tronos' es precisamente esto, que hay que hacer de todo para conservar la corona. García fue rey en lo suyo. Y De la Morena también. Y Ana Rosa sigue siendo reina. Cada uno ha llevado su reinado como ha podido, con hitos y altibajos.

El verdadero rey protagonista de 'Salvados' fue el emérito, Juan Carlos I, que colgó una llamada cuando el presentador le sacó el tema de Botsuana. Esto sabíamos que iba a pasar porque La Sexta había estado cebando toda la semana el programa con esta promoción. Lo que no conocíamos era una conversación anterior que, según García, tuvo el rey emérito con él. «Hombre, no sabía que te vestías de maricón», reveló el periodista que le espetó en una ocasión el monarca al verle con un jersey rojo. Quizá esto explique por qué no quería salirse del guion. Porque luego pasa lo que pasa.

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