Aquel verano del ganador de 'Pasapalabra'

David, menor de cinco hermanos, en la casa familiar en la que disfrutaba los veranos de su infancia en Alhaurín el Grande.
David, menor de cinco hermanos, en la casa familiar en la que disfrutaba los veranos de su infancia en Alhaurín el Grande. / SUR

David Leo, el filólogo, poeta malagueño y ganador del mayor premio de ‘Pasapalabra’, recuerda sus veraneos en La Malagueta, en Alhaurín el Grande y un viaje que hizo de costa a costa a Estados Unidos

José Manuel Alday
JOSÉ MANUEL ALDAY

David Leo García, el filólogo y poeta malagueño que se llevó en 2016 el bote récord (1.866.000 euros) en la historia de ‘Pasapalabra’, repartía sus veraneos entre La Malagueta, donde ha vivido con sus padres hasta hace unos años, y la casa familiar (que fue de su tatarabuelo) en Alhaurín el Grande. Para él los veranos han sido «un tiempo de relax y de lectura» para descansar de los estudios. «Durante mis veraneos me dedicaba a no hacer nada, mi principal aspiración en la vida», dice este joven de 28 años con una sonrisa pícara que sin embargo no desvirtúa en absoluto su inequívoco mensaje. «Más o menos como escribía Fernández de Andrada en su ‘Epístola moral a Fabio’: «Un ángulo me basta entre mis lares, / un libro y un amigo, un sueño breve, / que no perturben deudas ni pesares. // Esto tan solamente es cuanto debe / Naturaleza al simple y al discreto, / y algún manjar común, honesto y leve».

La compleja tarea de procurar no hacer nada no estaba reñida con los deseos de divertirse, como ha hecho durante sus veraneos. «Siempre debería ser verano por la actitud vital que mostramos en esta época», dice. «En Alhaurín lo pasaba bien de pequeño con los juegos infantiles, la piscina, etc, y en Málaga iba a la playa de La Malagueta. Ya de adolescente hacíamos moragas, aunque siempre había más bebidas que sardinas, y frecuentaba Pedregalejo». De esos veraneos recuerda las noches de los fuegos artificiales en La Malagueta, ya metidos en el ritmo frenético de la feria, a la que no hacía ascos. «Eran unos años en los que dormía lo máximo posible, leía y me dedicaba a fomentar las relaciones sociales», dice socarronamente.

Aunque desde hace años reside en Barcelona, tiene muy fresco en la memoria sus veraneos en Málaga, donde frecuentaba Pedregalejo y La Malagueta, barrio en el que se ha criado y viven sus padres

De adolescente cuenta que viajó con sus padres a Galicia, Asturias, Cantabria, los Pirineos, etc. Pero el viaje iniciático llegaría en el verano de 2009, cuando viajó con sus dos hermanos mayores y su cuñada a los Estados Unidos. «Hicimos el recorrido de costa a costa: Nueva York, Chicago y de Denver a San Francisco en coche, pasando por Utah, Arizona, La Vegas, Los Ángeles...». Una aventura que le dejó fascinado por lo que vio y por lo que experimentó. «He conducido más en los Estados Unidos que en España, porque aquí no tengo coche ni lo necesito». De ese periplo por tierras americanas recuerda el impacto que le causó Nueva York «a ojos de un muchacho de provincias como era yo». También le gustaron San Francisco y Los Ángeles, aunque señala de esta última que «es una ciudad en la que sería incapaz de vivir». Con todo, lo que dice que más le impresionó fue la reserva de indios de Arizona. «Supuso un contraste interesante entre la metrópolis y el desierto». Y menciona que aunque aquel viaje transcurrió sin incidencias reseñables, si recuerda que uno de sus hermanos perdió el móvil en un taxi y que el taxista, además de cobrarle la carrera desde Central Park hasta Chinatown de vuelta para devolvérselo, trató de cobrarles también una especie de ‘rescate’.

Sus viajes realizados y el conocimiento que da recorrer otros lugares del mundo refuerza su percepción del valor que tiene la forma de vida de aquí. «Vivir de manera fácil, sin demasiadas complicaciones», señala. Una filosofía de vida (ahora bautizada como slow life) que cada vez tiene más adeptos. No hay más que ver los récords de visitantes que se alcanzan en la Costa del Sol y en general en toda la costa de España. «Es una manera de entender la vida que también viene condicionada por el clima, porque en Estocolmo sería bastante complicado», dice. Aunque reflexiona acerca de la masificación del turismo, algo de lo que está siendo testigo en primera persona en Barcelona, ciudad donde reside desde hace años. «El turismo es muy importante para la respiración de nuestra economía, pero necesita de una regulación que impida convertir las ciudades en parques temáticos. Barcelona ya está muy traumatizada por el fenómeno y no me gustaría que Málaga siguiera el mismo camino». Sobre su barrio, La Malagueta, comenta que «sigue conservando todavía algo de su encanto de antaño y espero que no se pierda».

Cuando ganó el concurso ‘Pasapalabra’ dijo que uno de sus objetivos era viajar a Japón, algo que todavía no ha hecho. «Ahora voy a ir a Barbate a comer atún. Llevo tres años yendo y me encuentro muy bien allí». Además de comer atún, la escapada le servirá también para ultimar un libro que está escribiendo. «Desconectaré de Internet y me pondré con los textos». Sus planes de montar una librería-café y crear una ‘academia de saberes inútiles’ siguen vigentes, pero marchan lentamente.

Reconoce que su experiencia en los concursos le ha enriquecido no solo económicamente, pues guarda amistad con mucha gente y mantiene contacto con otros concursantes, como Rafa Castaño, Óscar Díaz o Manolo Romero. Lo suyo fue como una especie de oposiciones, pues dedicó dos años a prepararse a fondo para acudir al concurso que al final ganó en un alarde de conocimiento. «En la tele me vengo arriba. Bajo presión funciono mejor. Me resulta más difícil hablar frente a cincuenta personas que frente a cuatro millones», confiesa. En agosto hay un especial de ‘Pasapalabra’ por comunidades y dice que le gustaría superar el casting correspondiente y acudir de nuevo a la cita. Y sobre el premio conseguido, 1.866.000 euros, todo un récord, retención de Hacienda aparte, claro está, asegura sonriendo que «todavía no me lo he gastado». «Tengo que disfrutarlo y procurar que me dure toda la vida, aunque trataré de buscar una ocupación para entretenerme».

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