El Teatro del Soho: Una forma romántica de «arruinarse» para Antonio Banderas

El Teatro del Soho: Una forma romántica de «arruinarse» para Antonio Banderas

El actor confirma que ya tiene los permisos para las obras que transformarán el Alameda que afronta en solitario y para el que buscará patrocinios

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Pablo Banderas o Antonio Picasso. Difícil distinguir entre uno y otro. Sobre todo porque el pasado viernes este doble personaje andaba todavía hablando con un cálido acento inglés-andaluz en el rodaje de las últimas escenas de la serie ‘Genius: Picasso’, que ayer vivió su estreno mundial en Málaga. En la tierra natal del pintor. Y en la del actor protagonista. Este último, con una calvicie picassiana en la que comienza a crecer el pelo, jersey de Calvin Klein –no ha elegido los de su propia marca–, vaqueros y botas camperas, se sienta en una mesa del Gran Hotel Miramar en el que en otros tiempos se alojaban duques, varonesas, príncipes y reinas. Y algo de nobleza tiene el personaje a entrevistar. Un estrella de Hollywood de trato fácil y cercano. Que saluda por el nombre de pila. Y que, además de traerse el rodaje y la première de esta serie a Málaga, tiene un sueño mayor. La de convertir el Alameda en el Teatro del Soho. Un proyecto cultural que, desde el punto de vista privado, es una «ruina». «Pero por lo menos me he buscado una manera romántica de arruinarme», confiesa Antonio Banderas, al que se le dibuja la sonrisa al hablar del proyecto.

Viene de...

Deficitario o no, el cabeza de cartel de ‘Genius: Picasso’ tiene claro lo que quiere y, tras mucho buscarlo, ha encontrado el sitio y el momento de hacerlo realidad. Banderas confirma lo adelantado por SUR: ya tiene el permiso de obras para la reforma del teatro, del que saldrán dos salas, una pequeña para montajes experimentales, y una principal con más de 600 butacas para grandes públicos. «Pero no comercial, sino obras de Lope de Vega a Buero Vallejo, pasando por Tenesse Williams», explica el actor y promotor de este espacio que piensa inaugurarlo él mismo con el musical ‘Zorba el Griego’, con el apoyo del productor de Broadway Barry Weissler. «Primero lo estrenaremos en español en Málaga y después iremos a Nueva York con la versión en inglés», anunció.

Convencer a Ironman

Además de los montajes, colaboraciones con el Actor’s Studios, masterclass y charlas de su lista de amigos son algunas de sus estrategias para situar el Teatro del Soho como un referente. Incluso da el nombre de Robert Downey Jr, el popular ‘Ironman’ de Marvel con el que va a trabajar en la nueva versión de ‘Dr. Dolittle’. «Lo tengo que convencer para que venga a hablar al Teatro del Soho», adelanta Antonio Banderas que retorna a la economía. Por ello, buscará patrocinadores y bancos que le ayuden a financiar el proyecto porque es «un lío grande y mucho dinero».

Y entonces se acuerda del proyecto fallido de este mismo teatro en el Astoria y puntualiza. «Esto no quiere decir que no crea en el dinero público, sino que lo puedo hacer sin el dinero público», afirma el intérprete, que quiso zanjar cualquier resaca de aquel polémico capítulo que acabó con su renuncia al concurso de ideas que ganó para este inmueble del Ayuntamiento. «Lo digo con el corazón en la mano: no le guardo rencor alguno a nadie por el Astoria», dijo con espíritu conciliador.

La charla distendida –aunque de apenas 20 minutos por las apreturas de la agenda– también tuvo tiempo para abordar la presentación del alcalde, Francisco de la Torre, a una nueva reelección y para hablar de la Torre del Puerto. «En líneas generales la actuación del alcalde es más positiva que negativa por lo que si se encuentra con fuerzas, le deseo suerte», comentó el artista que, añadió que tenía el corazón dividido con el inmueble portuario ya que está diseñado por el arquitecto José Seguí, que también firmó su proyecto para el Astoria. «No soy muy amigo del edificio que se ha planteado en el puerto. Hubiera preferido algo más emblemático y con menos altura», admitió Banderas, que mostró su sorpresa por los encendidos debates del urbanismo. «La caña que se pegan entre los arquitectos», sentenció.

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