SOBRE 'BLACK MIRROR'

MIKEL LABASTIDA

Se ha convertido en un símbolo de nuestro tiempo. Si uno dice que está viviendo un Black Mirror el imaginario colectivo (de los seriéfilos) se activa, porque entendemos enseguida a lo que se refiere. Posiblemente se esté enfrentando a un problema con la tecnología, que, ya se sabe, la carga el diablo. Channel 4 la estrenó en 2011 y su primer episodio causó un enorme impacto en la audiencia. Aquel episodio en el que se ponía en jaque al mismísimo primer ministro británico fue celebrado y aplaudido y generó debate sobre el arma de doble filo en que se pueden transformar las redes sociales. Nada que no sepamos, pero que, contemplado en la pantalla, asustaba.

Los episodios posteriores aún asustaban más. 'Black Mirror' nos enfrenta a nuestros peores miedos y nos alerta de cómo esas herramientas que hemos ideado para hacernos la vida más fácil nos la pueden complicar. Cada temporada de este título provoca un enorme impacto. ¿El truco? Cada año se emitían pocos episodios (3) y en cada uno de ellos se narraba una historia independiente que nada tenía que ver con la del capítulo anterior. Funcionan como pequeñas píldoras, ensayos sobre cómo es la sociedad actual y los desafíos a los que se enfrenta. Netflix enseguida vio el potencial y posibilidades que este producto tenía y decidió comprar sus derechos.

De la mano de Netflix, 'Black Mirror' ganó en presupuesto, géneros, fórmulas, actores y repercusión. De momento la plataforma ha estrenado doce episodios nuevos, seis en 2017 y seis este año. Los últimos hace poco más de un mes y han sido recibidos con bastantes más peros que los anteriores. Dicen los críticos que la serie ya no sorprende como antaño. Y en eso estoy de acuerdo. Supongo que es inevitable. Lo que no creo es que esto haga perder el interés sobre ella. De hecho, pienso que pocas producciones ocasionan más conversaciones y reflexiones que esta, elaborada por Charlie Brooker. Ahora lo ha vuelto a hacer con seis entregas en las que se centra en dos temas apasionantes: la posibilidad de los clones virtuales y la conciencia digital. 'Black Mirror' nos hace pensar. ¿Qué más le podemos pedir a la tele?

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