SMILF. Creo en el poder femenino

Frankie Shaw, en un fotograma de la serie que ha creado y protagonizado./SUR
Frankie Shaw, en un fotograma de la serie que ha creado y protagonizado. / SUR
Sur en serie

La serie, creada y protagonizada por Frankie Shaw para Showtimwe, que puede verse en Movistar, representa con energía lo femenino y lo feminista

MIGUEL A. OESTE

Uno. La situación es la siguiente: si un hombre lleva a sus hijos pequeños al trabajo porque no tiene con quién dejarlos se suele considerar que es un padre enrollado y está visto como algo positivo. Si, por el contrario, quien lleva a sus hijos al trabajo es una mujer, la estampa y la recepción cambia, porque se considera que la mamá en cuestión no sabe organizarse. Las series de televisión –en esto han adelantado y le llevan ventaja al cine–, hace años que están representando lo femenino y lo feminista como una forma de leer esta realidad tan desigual, en la que saltan automatismos atávicos. ‘Girls’, ‘Las chicas Gilmore’, ‘Big Little Lies’, ‘The Handmaid’s Tale’, ‘Alias Grace’, ‘I Love Dick’, ‘Vis a Vis’, ‘Feud’, ‘Better Things’, ‘The Good Wife’… son solo algunos títulos de teleseries que abordan cuestiones de género, de identidad, que enfrentan representaciones pasadas en las que el desequilibrio es perceptible tanto en cuestiones cotidianas como en abusos de poder de todos los tipos y condición en los diferentes ámbitos.

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Dos. A las series aludidas se une ‘Smilf’, en cuanto a una representación de lo femenino y feminista, que no lo olvidemos, no es lo mismo, pero que indaga desde posturas estéticas, carácter y sensibilidad en cuestiones de género urgentes por hacerse visibles en una sociedad que necesita transformar dinámicas y hábitos.

Tres. Creada, protagonizada, escrita, dirigida y producida por una poderosa Frankie Shaw, la serie surge de un corto homónimo premiado hace unos años en Sundance. Como aquel, se basa en experiencias personales de Shaw. El tono, la sensibilidad, la proximidad que desprenden las peripecias cómicas con trasfondo dramático de Bridgette Bird (Frankie Shaw), una madre con un hijo de dos años, Larry (Anna y Alexandra Reimer), tienen una personalidad propia en el retrato de las dificultades y contradicciones de un personaje, Bridgette, muy bien construido, lleno de matices, de luces y sombras, que sirven, en las relaciones que mantiene con los demás personajes, para reflejar los sueños, frustraciones, sufrimientos pasados y actuales, del hecho de ser mujer y madre en un mundo poco atento a sus necesidades. La personalidad de la serie parte mucho de la corporeidad tanto de la puesta en escena como de la actuación que imprime la protagonista. En este sentido, la cámara parece una prolongación de ella. Una cámara corpórea que se preocupa e indaga en el cuerpo de la mujer, como lo hace Marta Sanz en sus espléndidas novelas, no solo en ‘La lección de anatomía’ o ‘Clavícula’, desde otra mirada. La ‘cámara corpórea’ de ‘Smilf’ define perfectamente lo que busca Shaw, pues a través de ella y de la caracterización realiza una prolongación del lenguaje, cultural, social, ideológico, sexual, etcétera de lo que significa ser mujer. De este modo, transmite a través de la comedia las sensaciones de una mujer joven que después de haber dado a luz hace dos años no ha practicado sexo y lo desea, que se permite hacer chistes de vaginas y permanecer en un estado cómico para pasar de la forma más orgánica a la seriedad con una mirada y una simple frase. Como ocurre con el primer episodio en el encuentro fugaz que tiene con un antiguo conocido. A la vez, la cámara corpórea también se usa para plasmar las prácticas de abuso del cuerpo de la mujer, tratada-representada como un objeto, en el que se humilla o directamente agrede para goce masculino, como en el ejemplar episodio tres.

Cuatro. ¿Se puede filmar en femenino? La cámara corpórea de la que hablo es perceptible desde el mismo arranque de ‘Smilf’, cuando Bridgette juega al baloncesto con hombres, después, en el diálogo que tiene con uno de los jugadores, con el niño dormido en el carrito en un segundo plano, o cuando corre a comprar a un supermercado comida basura y luego se la come con ansia. Es decir, cada secuencia está trabajada desde posturas dinámicas y corporales que a su vez se manifiestan en las emociones que siente la protagonista. El punto de vista es femenino y feminista en la representación que realiza frente a discursos tradicionalmente dominantes.

Cinco. La serie no solo alude a las dificultades de conciliar el trabajo –Bridgette da clases a los hijos de Connie Britton– y la maternidad cuando al hijo le salen unas manchas y debe llevarlo al médico; a los deseos femeninos; también sugiere abusos sexuales, trastornos alimenticios que vienen provocados por la vida y el propio pasado de la protagonista, a relaciones no resueltas entre madres e hijas; o a un padre que no vive con ella y que trata de mantenerse sobrio y que está pero no está.

Seis. Hoy más que nunca, cualquier crítica debe estar atenta y tener la obligación de analizar las cuestiones de género y la representación en estas ficciones que proyectan la realidad.

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