Series y redes sociales, la nueva forma de ver la tele en compañía

SUR en serie

La experiencia como espectadores se ha visto modificada por Twitter. Pero ¿qué incidencia real tienen? ¿desvirtúan o enriquecen el visionado?

Nacho Fresneda y Aura Garrido, en una imagen de la nueva temporada de ‘El Ministerio del Tiempo’. / Sur
MIGUEL ÁNGEL OESTE

De un tiempo a esta parte la experiencia de ver una serie o un programa de televisión se ha visto afectada por el uso de las redes sociales, sobre todo de Twitter. Alrededor de esta experiencia surgen inevitables preguntas de un proceso aún en movimiento y difícil de perfilar con exactitud, pero que tiene incidencias e influencias porque, de una manera u otra, rompe, o, si se prefiere, cambia las reglas del juego, las jerarquías que conocíamos y la forma de relacionarse con la ficción y, también, claro, entre las personas. Los distintos telespectadores ven los episodios de las series que siguen o los programas de televisión y los comenta en el acto. Esto, es evidente, genera efectos y diversas cuestiones. El quid está en comprender la dimensión y el sentido de esta audiencia en apariencia proactiva que se extiende a la vida pública, pues es frecuente encontrarse a los asistentes de una mesa redonda contar o comentar el acto público al que asiste, sea una presentación de un libro, una mesa redonda o cualquier evento. En la ficción seriada (que es donde nos centramos) el hecho ha ido creciendo hasta crear un nuevo contexto.

Matthew McConaughey, en una escena de ‘True detective’. / Sur

Cultura Participativa ¿El individuo o lo social?

Sin duda alguna, este es un signo de los tiempos. Lo que Henry Jenkins ha llamado «cultura participativa» y «cultura de la convergencia». Un hecho que va a más y que parece que de un modo u otro genera goce y afianza la identidad del individuo pese a que curiosamente sea efímero. Aunque, se quiera o no, las estructuras tradicionales de la cultura cuentan o se pliegan a estos medios de participación. Alrededor de un comportamiento individual que parece buscar la finalidad de socializar, afloran muchas preguntas: ¿Qué tipo de discurso genera las redes sociales? ¿Qué incidencia real producen las redes sociales sobre las series de televisión? ¿Tiene sentido estar conectado con una comunidad virtual mientras se ve la ficción seriada? ¿En qué plano se encuentra el telespectador, en el real, en el virtual de las redes, en el de la ficción televisiva? ¿Es posible ver las series y estar comentándolas cuando quizá se está más pendiente de ser ingenioso o de esperar la respuesta que del visionado del episodio? ¿Cómo se ve realmente y qué se pierde? ¿Cómo influyen los comentarios de los espectadores en la recepción en tiempo real de cada episodio, y luego en la narración y el devenir de las series? ¿Qué consecuencias tendrá a medio plazo? Y, entre todas estas preguntas, una, tal vez, clave: ¿esta nueva “doble recepción” enriquece o desvirtúa la experiencia?

SOS Twitter El fenómeno de ‘El Ministerio del Tiempo’

Para despejar algunas de las incógnitas sobre un asunto tan ondulante hemos hablado con algunos especialistas que están atentos a este fenómeno. Para Juan Francisco Gutiérrez Lozano, Profesor titular de Periodismo de la UMA: «Las redes ayudan a consolidar las comunidades de seguidores de las series, pero el motivo de su uso nunca es único». Como advierte: «Hay quien comenta para echarse unas risas, otros para sentirse unidos a otros en el comentario de una trama o en el devenir de una historia, otros simplemente con sentido crítico pero expuesto en pildoritas sobre la marcha». Por su parte, el periodista especializado en Televisión Borja Terán afirma que «Twitter está salvando la experiencia colectiva del consumo de series. A diferencia de los setenta y ochenta, cuando la familia se sentaba y socializaba al ver juntos la tele en el salón, ahora la tele se ve de forma mucho más individualista. Y Twitter está consiguiendo que la veamos juntos, para hacer el comentario, el chascarrillo y hasta sentir que están asistiendo a un acontecimiento especial». El director adjunto del portal Fuera de Series, Francis Arrabal, apunta que «más allá de los tradicionales puntos de ‘shares’, la audiencia ‘social’ se empieza a medir y valorar más que nunca». Y para ilustrarlo pone el ejemplo del fenómeno social que ha supuesto ‘El Ministerio del Tiempo’. Mientras que María Santonja, redactora y crítica de Fuera de Series, incluso llega a aseverar que: «las redes sociales han favorecido que las series se vuelvan un producto cultural más extendido».

Inmediatez y reflexión ¿Perder o ganar?

La experiencia de comentar e interactuar mientras se ve una serie suele asociarse a los jóvenes, sin embargo, no siempre se ajusta a ese perfil en una sociedad en la que cualquier paso a la madurez se retrasa. Es más, no deja de ser paradójico que un comportamiento individual sirva para socializar; o que se pueda ser crítico a través de mini-comentarios inmediatos que apenas han dejado tiempo a la reflexión sobre lo que se acaba de ver. Una cosa está fuera de toda consideración: la experiencia como espectador cambia si se opta por una visión «exclusiva» o, si por el contrario, se opta, como señala Gutiérrez Lozano, «por una atención polifocalizada». Para Borja Terán, «es cierto que hay espectadores que se pierden detalles de la ficción al estar más pendientes de hacer su gag en Twitter». Mientras que para María Santonja lo de que «somos multitarea es un mito». También saca un detalle nada baladí al matizar «que hay series que se prestan más al comentario en directo en redes sociales, por sus giros locos de guión y sorpresas, y otras que deben verse sin quitar el ojo a la pantalla, y una vez finalizado el visionado es cuando se puede abrir el debate». Lo que se ha venido a denominar «segunda pantalla», explica Arrabal, «es la práctica de moda, cuya fiebre ha llegado hasta que en la pasada edición de Sitges habilitaran un apartado para que la prensa pudiera estar con los portátiles para ir comentando en directo a través de las redes sociales la película». Por su parte, el dibujante y teórico Pepo Pérez aclara algo que en ocasiones pasamos por alto y es que «los programas televisivos actuales responden a un modelo de consumo muy diferente a la televisión del siglo XX: lo vemos a través de diversos dispositivos digitales y provocan una conversación pública en las redes sociales, donde la audiencia critica el episodio y genera relatos alternativos sobre lo que cree que pasará en el siguiente, se comentan decepciones y expectativas frustradas... Sucedió de manera notoria con la serie ‘True Detective’». Como explica Terán: «El público se ha convertido en usuario: es el que termina de construir la narración de la serie al incorporar su creatividad en formato meme, gif o vídeo manipulado».

Comentarios versus debates ¿Se desvirtúa o se enriquece?

A pesar de que parece de Perogrullo apuntarlo, quizá no esté de más: no es lo mismo el debate tras el visionado que en el acto. Como comenta Santonja, «contrastar opiniones tras la visión de una serie produce que las disfrutes el doble, pues con ello consigues reflexionar sobre lo que has visto además de confrontar puntos de vista e incluso descubrir detalles gracias a los demás». Arrabal tiene claro que la experiencia se enriquece y se desvirtúa, «según el lado que miremos y los aspectos que valoremos»; y añade que «el ser humano es un ser social, necesita compartir con otros sus emociones y pensamientos y contrastarlos. Las series, como toda cultura, cobra vida a través de su reflexión y del discurso que se elabore sobre ella». Tal vez el punto más preocupante y revelador es el que advierte Borja Terán: «Cuidado, ya hay guionistas pendientes de las reacciones en Twitter. Las redes pueden influir en sus guiones. Al final, es una forma de tomar el pulso a gustos y también disgustos». En el mismo sentido se expresa Juan Francisco Gutiérrez Lozano, que dice que: «Claro que esto cambia los contenidos de los programas», y lo dice en un sentido global. En los mismos términos se expresa Pepo Pérez al aseverar que: «Esta recepción en tiempo real, en la que cada episodio se comenta en Internet conforme se emite hasta el punto de interferir en el modo en que lo recibimos, en nuestra percepción y valoración del mismo, puede influir igualmente en el desarrollo de futuros episodios». Si esto es así, la recepción del público en Twitter puede llegar a modificar la historia de una serie. Y llegados a este punto, uno se pregunta si todo esto no forma parte de un gran ego colectivo que desvirtúa la creatividad o si, en cambio, ayuda a una creatividad global que enriquece un acto individual, supliendo las carencias colectivas y afectivas de nuestra sociedad. Seguiremos preguntando y preguntándonos, pero ¿en Twitter?

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