LA MIRADA DE LOS OTROS

ÓSCAR BELLOT

Los refugiados han dejado de ser el centro de atención mediática. Lejanos parecen ya aquellos días de 2015 en que se multiplicaban las escenas sobre la llegada de inmigrantes a territorio europeo, desbordando la capacidad de acogida de los países comunitarios y provocando la mayor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial. La vergonzosa inacción de los gobiernos provocó escenas desoladoras como la del niño Aylan yaciendo muerto en la costa de Turquía que sacudieron conciencias y obligaron a las autoridades a adoptar una serie de medidas, tibias en el mejor de los casos. Pero aunque desplazado del primer plano, el drama que viven decenas de miles de personas sigue muy presente, como se encarga de recordarnos 'Stranger in Paradise' (Un extraño en el paraíso), que aterrizó esta semana en 'Movistar Xtra'.

Dirigido por Guido Hendrikx, se trata de un híbrido entre ficción y documental que escruta la burocrática maquinaria con que se topan quienes huyen de sus países de origen por motivos económicos o de persecución política y religiosa. Recurre para ello el realizador holandés a la figura de un profesor que explica a un grupo de inmigrantes los motivos por los que Europa no puede atender sus anhelos de una vida mejor. Simplemente no hay sitio para ellos, les recuerda con crudeza en el primer fragmento; en realidad lo que existe, precisa en el segundo, es renuencia a aceptar que sus problemas presentes no son sino la consecuencia del irresponsable modo en que se condujeron los estados coloniales para con sus antepasados y que por tanto subsiste una obligación moral de reparar el daño causado. Poco importa. Mientras el profesor desgrana sus argumentos, la cámara se detiene en los rostros de los demandantes de auxilio, que asisten con enorme dignidad al desmoronamiento de sus esperanzas.

Siempre contenido, 'Stranger in Paradise' sortea la tentación de ofrecer un alegato político sobre la crisis de los refugiados. Ahí radica su gran valor, porque en una cuestión como ésta, la realidad más descarnada, sin adornos ni subterfugios, habla por sí misma.

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