‘Manhut: Unabomber’: el hombre suspendido

El protagonista de la serie, en un fotograma de esta producción de Discovery Channel. /
El protagonista de la serie, en un fotograma de esta producción de Discovery Channel.
SUR en Serie

La serie cuenta la captura de Ted Kaczynski, que tuvo en vilo al FBI durante dos décadas

MIGUEL ÁNGEL OESTE

UNO

La producción de Discovery Channel creada por Andrew Sodroski y dirigida por Greg Yaitanes, que puede verse en Netflix desde hace unas semanas, cuenta la historia de Theodore Kaczynski (Paul Bettany), conocido como el Unabomber, quien durante casi dos décadas sembró el terror en Estados Unidos enviando cartas bombas a universidades y compañías aéreas, causando tres muertos y más de veinte heridos, y sobre el que el FBI estaba en ascuas hasta que en 1995 se incorporó al equipo operativo de su búsqueda el agente Jim Fitzgerald (Sam Worthington), un analista de lingüística forense que usó el lenguaje para identificar y capturar al Unabomber, vinculando el manifiesto, que le publicaron a petición del FBI en el New York Times y The Washington Post titulado ‘La sociedad industrial y su futuro’, y las cartas personales que escribió.

DOS

Estructurada a partir de dos tiempos cronológicos: 1995, cuando Jim Fitzgerald se incorpora a la fuerza operativa Unabom del FBI, y 1997, cuando capturan a Ted Kaczynski en su cabaña de Montana, pasando por el episodio seis, ‘Ted’, en el que se cuenta brevemente su infancia y su estancia en la universidad –quizá un episodio demasiado elemental–, la serie no se adecua tanto al thriller de qué ocurrirá y quién lo hizo, porque desde el inicio se ponen las cartas sobre la mesa, sino, precisamente, a lo que expone y analiza, el lenguaje y la psicología de dos personajes en principio opuestos. Uno representa el bien, la justicia, lo social, y el otro es un asesino y se encuentra en el otro lado, convencido de que la tecnología nos esclaviza y nos cercena la libertad. Pero estas certezas son líneas que se traspasan para poner en tela de juicio lo aprendido cuando las instituciones se saltan sus propias reglas.

TRES

Con frecuencia se habla de la dicotomía entre relato y puesta en escena a la hora de abordar el tema serial, como si no fueran parte de lo mismo, como si estuviesen disociados. En ‘Manhunt: Unabomber’ la eficaz dirección de Yaitanes extrae la fuerza de la paradoja de unos guiones que enfrentan dos personajes que se proyectan, que se encuentran suspendidos y, también, atrapados más allá de la configuración mental o representación de un lugar y unas ideas anuladas por el propio sistema.

CUATRO

Para ello Yaitanes destila la misma unidad del lenguaje en un plano que se reitera: Fitzgerald solo en un aula, en un bosque, en las oficinas del FBI, en el reflejo de un cristal, a través del espejo de la puerta de la sala donde acaba de entrevistarse con Kaczynski, en medio de la calle en plena noche apuntando una farola que le impide dormir, detenido frente a un semáforo en rojo (imagen que se repite, él solo y luego con Natalie (Lynn Collins), la profesora de Lingüística que le ayuda) en una carretera desierta cuyo horizonte no se distingue (otro símbolo más). Ese plano destilado cobra más fuerza cuando Fitzgerald está en el plano con más gente, pero no consigue interactuar, suspendido en él, atrapado, mientras los demás personajes –sea su familia o sus compañeros en la agencia– sí lo hacen. Asimismo, el uso de líneas horizontales cuando está en el interior y de diagonales cuando se encuentra en el exterior es otro de los recursos que usa Yaitanes para definir la intensidad psicológica del personaje y lo que no se ve, lo que sucede en su mente.

CINCO

«Conozco al Unabomber como a mí mismo», suelta Fitzgerald, un sonámbulo en vida en la búsqueda de un reconocimiento que no paliará su furia, al igual que la presa que persigue como si no existiese nada más. En realidad, y aquí la serie es hábil a la hora de establecer matices, Fitzgerald y el Unabomber forman parte de la misma moneda, seres producidos, aquí está el otro latigazo, por el mismo sistema, consecuencias de una sociedad que no va tan bien, cuyas líneas morales y éticas son permeables y porosas.

SEIS

La sombra de David Fincher es alargada y se puede encontrar más de un eco de ‘Zodiac’ en esta teleserie. Sin embargo, la insania, la obsesión y el número de variantes estéticas de la película hace que una obra y otra se distancien.

SIETE

A pesar de ser una ficción serial estimable, hay un par de episodios (el cuatro y cinco) menos logrados, que provocan que el tono y el ritmo decaiga y la acción apenas avance. El flashback del seis que narra la juventud de Ted tiene visos demasiado explicativos. Del mismo modo y con independencia de si fuera o no real, ciertas decisiones pueden resultar algo espurias en el desarrollo de la historia. Esto no impide que estemos ante una serie más que estimable, sólida, con dos grandes caracterizaciones y un modelo de representación de impronta clásica y deslices modernos que apuesta a lo que analiza. Sí, ‘Manhunt: Unabomber’ es un thriller analítico de un caso en el se usó el lenguaje para resolverlo.

OCHO

En este sentido, se puede vincular a la vampírica novela de la francesa Delphine De Vigan ‘Basada en hechos reales’, en la que se lee: «La escritura debe ser una búsqueda de la verdad, si no, no es nada. Si a través de la escritura no intentas conocerte, hurgar en lo que llevas dentro, lo que te constituye, abrir tus heridas, rascar, ahondar con las manos, si no pones en tela de juicio tu persona, tu origen, tu medio social, eso no tiene sentido». Una novela que habla sobre el doble y la identidad, sobre la realidad y lo figurado. Así, Fitzgerald (a través de una composición contenida de Sam Worthington) se nutre de Kaczynski (una actuación muy medida de Paul Bettany), lo vampiriza, porque como el Unabomber sabe que no se puede reflejar en un espejo.

NUEVE

Si bien Worthington como Fitzgerald y Bettany como el Unabomber ofrecen caracterizaciones profundas, el resto del elenco resulta más estereotipado, desde los jefes del FBI (Chris Noth o Jeremy Bobb) hasta las mujeres, sobre todo su mujer o la lingüista. Solo Keisha Castle-Hughes como Tabby rompe con los clichés y dota a su personaje de personalidad.

DIEZ

‘Manhunt: Unabomber’ no es una ficción cómoda en lo que expone, porque cuestiona la naturaleza de un sistema que anula o suplanta algunos de los principios esenciales del ser humano. De hecho, es obvio, la serie no justifica los asesinatos del Unabomber, que renuncia a un mundo que considera un adversario, que vivía sin electricidad, ni agua, ni ningún aparato, pero como algunos filósofos han resaltado algunas ideas de Kaczynski son hoy en día muy actuales, pues tienen la cualidad de mostrar algunas de las encrucijadas de esta sociedad dependiente de la tecnología.

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