LOCURA Y ENTRETENIMIENTO

ROSA BELMONTE

El lunes, Pelayo Díaz y Natalia Ferviú se enzarzaron en 'Cámbiame' de una manera más violenta que cualquier participante de 'Mad in Spain', el nuevo programa de debates de Telecinco. De nuevo tiene poco. El plató era el de 'Supervivientes' y el espíritu, el de 'Moros y cristianos'. Los llamados 'agitadores', gente como Cristina Tárrega, Teresa Bueyes, Alejandro Abad, Francisco o un 'torrebruno' sin fuste (¿de dónde sacan a estos italianos en Telecinco y para qué?). Cómo sería el ganado que Lucía Etxebarría y Salvador Sostres se podrían encuadrar entre lo más elocuente, inteligente y sensato de la recua. La falta de sangre llevó a la copresentadora, Nuria Martín (la única concesión a la juventud), a llamar la atención sobre el hecho de que Sostres no hubiera montado todavía ningún pollo. Sólo un tipo del público llamó «guarras» a las mujeres que hablan de sexo.

Hay un ensayo titulado 'Talk on television' (1993), de Sonia Livingston y Peter Lunt, que examina el valor y el significado de los debates televisados. ¿Son un servicio público o entretenimiento basura que llena la parrilla de forma barata? Analiza programas británicos ('Kilroy', 'Donohue') o americanos ('The Oprah Winfrey Show'). Poco que ver con las cosas de las que aquí somos capaces. Cuatro horas de programa barato y sólo tres temas de los que discutir. Y sí, hablando de dietas, salió la dieta del cucurucho. Ese es el nivelazo.

'Mad in Spain' (el título ya lo avanza) no pretende ser una discusión ortodoxa sobre nada. Pretende locura, entretenimiento. De momento no los hay. Pero va de lo que va. Las tertulias políticas homologadas no son más serias, aunque lo pretendan. 'Mad in Spain' es 'Scandal' y las otras tertulias, 'House of Cards'. Ambas series son igual de mamarrachas, pero una va de ello y la otra, no. 'Cámbiame' y 'Mad in Spain' son de La fábrica de la tele. En el primero son capaces de conseguir que Natalia Ferviú diga «No me amenaces» y suene como si lo cantara Paquita la del Barrio. Lo hace en su álbum 'Piérdeme el respeto', lo que cualquiera espera en un programa como 'Mad in Spain'.

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