‘Liar’: apuntes sobre la confianza, la duda, la verdad y la mentira

Joanne Froggatt es Laura Nielson en ‘Liar’. / Imdb
Sur en serie

La serie inglesa de la BBC aborda cuestiones como la agresión sexual, la infidelidad y los prejuicios sociales

MIGUEL A. OESTE

Liar’, la serie inglesa de la BBC que puede verse en HBO, es una historia de suspense sobre máscaras personales que habla de cuestiones como la agresión sexual, la infidelidad y los prejuicios sociales.

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Jack y Harry Williams, creadores de ‘The Missing’, son los responsables de ‘Liar’, una miniserie de seis capítulos que juega con géneros como el thriller psicológico, el suspense o el melodrama para mostrar asuntos graves que afectan a la sociedad en relación a cómo se perciben y se abordan, pero también a cómo terminan infiltrándose en la parte íntima de las personas implicadas. Y es que ‘Liar’ plantea un tema al que no se le puede dar la espalda: el sexo no consentido. O dicho con un término más apropiado: la violación.

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Si Akira Kurosawa filmaba en ‘Rashomon’ (1950) distintas versiones de una violación y un crimen para cuestionar la verdad, la culpa y la condición humana en un sentido profundo, los hermanos Williams hacen algo similar con una sensibilidad más cercana a nuestro tiempo. Una vida que se expone en las redes sociales por desesperación u otros motivos, lo mismo da, pero donde cualquiera opina sin importar las consecuencias que pueda ocasionar, donde el prejuicio y las cuestiones de género están más arraigadas de lo que pudiese parecer a simple vista, donde los miedos y la vulnerabilidad de lo íntimo pueden generar desequilibrios emocionales y daños irreversibles. En ‘Liar’, las versiones de un mismo hecho se abordan a partir del encuentro de dos personas: Laura Nielson (Joanne Froggatt) y Andrew Earlham (Ioan Gruffudd). La primera es una profesora de instituto que acaba de separarse de Tom (Warren Brown), un policía, y el segundo es un cirujano modélico, viudo y con un hijo adolescente (Jamie Flatters), cuya profesora es la propia Laura.

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Ambos, Laura y Andrew, tienen un cita, cenan, beben vino, ríen, y terminan en casa de ella para pedir un taxi. La mañana siguiente será distinta para una y otro. Ella se nota sucia, tiene lagunas, duda, pero se siente ultrajada, él le dice en un mensaje que todo fue maravilloso. ¿Lo fue? ¿Quién dice la verdad y quién miente? ¿En quién confiar? Si la serie comienza con tintes románticos pronto vira a lo que realmente interesa, desplegar la ambigüedad de un tema social de gran calado mediante las formas de la intriga. «85.000 mil mujeres fueron violadas en Inglaterra», suelta Laura. Entre medias se lanzan aspectos relacionados a través de personajes secundarios como la hermana de Laura, Katty (Zoe Tapper), y su marido, Liam (Richie Campbeii), el hijo del cirujano, etcétera, a fin de retorcer la trama, como una cuerda a la que se le hacen cada vez más nudos. El caso está en cómo se hacen y se deshacen los mismos.

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Si bien los dos primeros episodios miden lo que cuentan y se atienen a la porosidad de las percepciones de Laura y Andrew, las máscaras que se ponen frente a los demás, o las derivas de los personajes frente a las versiones opuestas que mantienen ante la policía, familiares y conocidos, el tercero se manifiesta más claramente y, en parte, niega esa ambigüedad de la mirada que trata de proponer.

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La serie de los hermanos Williams no es su forma, es el fondo y lo que plantea, pero es obvio que ambos aspectos no son independientes. Nunca lo son. ‘Liar’ cuenta con una planificación funcional, en la que la música especifica en ocasiones estados anímicos y situaciones, pero dentro de esa funcionalidad a la que aludo es el uso de la cámara, que parece espiar a los personajes, lo que provoca o transmite las dudas en el telespectador y hasta al parecer en los protagonistas, algo a lo que contribuye sus sólidas interpretaciones. Se puede decir que es una cámara intervencionista o al menos que juega a la indeterminación a fin de colocar a los personajes en situaciones paradójicas y complejas una vez lanzadas posturas morales.

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Sin embargo, ‘Liar’, hasta el ecuador, va de más a menos. No es que los planos de transición de paisajes estén ahí arbitrariamente, que el despliegue del suspense case mejor o peor, sino que hay momentos de difícil asimilación en cuanto a la verosimilitud de la propia ficción si atendemos al estado obsesivo y egoísta de los protagonistas. Esto ocurre en el episodio tres con una de las tramas secundarias que conecta con la principal. Hasta el momento la historia había expuesto sus cartas y uno podía entrar o quedarse fuera. Aunque lo prometedor del inicio se va desvaneciendo en la artificialidad de las decisiones que toma y la suplantación de la duda desde la mitad de la serie.

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Tal vez estemos ante una ficción muy de este tiempo de máscaras y desconfianza, de manipulación y desquiciamiento, de indefensión y vulnerabilidad, de angustia y mezquindad, de venganza y decepción, en el que la verdad y la mentira han perdido sus significados. Esto lo expone la serie, aunque por el camino pierda una energía que tampoco le sobra en lo estético y lo visual. «Te atreves a manchar mi nombre. Esta es mi vida», reprocha Andrew a Laura, que responde: «Y este es mi cuerpo». Ahí está la clave de todo: en el nombre y el cuerpo.

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