UN GRAN PODER CONLLEVA...

JOSÉ ENRIQUE CABRERO

Una gran responsabilidad. Ya saben, el tío Ben. La frase que marcó la trilogía de 'Spiderman' dirigida por Sam Raimi y que, todavía hoy, resuena como uno de los grandes memes del universo cómic en el cine. Y, ahora, en la televisión. Si hace diez años nos hubieran dicho a los amantes del cómic que íbamos a tener una decena de películas de Marvel y DC en las salas, nos hubiera costado creerlo. Lo que ninguno podríamos prever es que, además, se estrenasen casi tantas series de televisión del género: 'Agentes de Shield', 'Los Defensores', 'The Gifted', 'Inhumanos', 'Legión', 'Runaways', 'Daga y Puñal', 'Flash', 'Arrow', 'Gotham'... Una lista que crece más rápido que los brazos de Reed Richards. Una lista que crece tanto que es terriblemente fácil perderse entre sus ramificaciones. Una lista, tan brutal, que es sencillamente inabarcable.

En las producciones heroicas para la televisión hay de todo, por supuesto: bazofia y genialidad. En cualquiera de los supuestos, demasiado material. Ha llegado un punto en el que si un fan se propone seguir todas las series salidas de una viñeta tendría que abandonar todas las demás. Algo imposible teniendo en cuenta la espléndida ola que disfrutamos desde que llegó 'Perdidos'.

¿A qué nos lleva todo esto? Al tío Ben: «Un gran poder conlleva una gran responsabilidad». No hay friki bajo el sol que no esté tentado de ver -al menos el piloto- una nueva serie de superhéroes. Una enorme responsabilidad que lleva inexorablemente al siguiente punto: morir de exceso. Creo que ya podemos decir con toda tranquilidad que el 'cómic' es un género audiovisual tan real como el western, el bélico, el thriller o la comedia. Un género tan 'normalizado', que ha convertido a aquellas extrañas criaturas de hace diez años que soñaban con ver sus personajes en el mundo audiovisual, en seres que sueñan con que nadie vuelva a rehacer a sus personajes favoritos. Mientras, la turba, la gran masa que rige las audiencias, quiere verlos a todos, sin excepción, porque lo de abrir un cómic... Eso no mola. Qué absurdo todo, ¿no?

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