SÉ FUERTE, RAJOY

MIKEL LABASTIDA

Imagino que Rajoy habrá pasado el fin de semana haciendo un 'binge-watching' de la tercera temporada de 'Narcos'. Previamente alguien le habrá tenido que explicar que lo del 'bingenosequé' es pegarse un atracón de capítulos. Ya se sabe que a nuestro presidente el inglés no se le da bien. «It's very difficult todo esto», le dijo en su día a Cameron. ¿Y para qué tengo que ver yo 'Narcos'?, se cuestionará el mandatario gallego. Y algún asesor le contará que los de Netflix han montado una campaña de promoción en torno al famoso SMS que el líder del Partido Popular envió a Bárcenas. El de «Sé fuerte». Y que también hicieron bromas con los sobres. Qué malparidos, hijueputas... Que se anden con ojo los cabezas pensantes de la plataforma, no vaya a terminar alguno cesado como José Luis Regalado, el editor jefe de La 2 Noticias, que ha sido relevado de su puesto.

Para qué tiene que ver Rajoy 'Narcos' está claro. Pero, ¿y el resto? ¿merece la pena seguir con la serie una vez asistimos ya al fin de Escobar? La ficción mantiene el interés en su nueva tanda de capítulos -disponibles desde el pasado viernes- centrada en el cartel de Cali, que entre los años 80 y 90 dominó el tráfico de cocaína desde Colombia. Cierto es que se echa en falta en la producción una figura tan carismática como la del patrón del mal, o al menos con la leyenda que persiguió siempre al fundador del cartel de Medellín. Los hermanos Rodríguez, Pacho Herrera y Chepe Santacruz, que estaban al frente del negocio, mantuvieron un perfil más bajo, con menos ínfulas, lo que hace complejo narrar su periplo. Ellos siempre quisieron parecer invisibles. Y durante un tiempo lo lograron. También es verdad que esta tesitura permite sorprender más fácilmente al espectador, así como dar protagonismo a otros personajes secundarios. Llama la atención, por ejemplo, el papel que jugó el jefe de seguridad de la organización, José Salcedo, debatiéndose continuamente entre el bien y el mal. Luego nos hemos enterado de que la serie le ha concedido más literatura de la que realmente hubo. Pero el guión manda. Todo sea por mantener la atención del público más exigente. Y la del presidente también. Qué menos.

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