FETUA

ROSA BELMONTE

Ha vuelto Larry David después de seis años y nada ha cambiado. Ha vuelto a Los Ángeles pero sigue siendo el mismo misántropo antipático. Si no fuera así, protestaríamos. Larry David es un tipo capaz de concebir una escena en la que un superviviente del Holocausto y un ganador de 'Supervivientes' discuten acerca de cuál es mejor superviviente. Larry David no dice las cosas que tú piensas pero no dices, sino las que estás pensando que no debes ni pensar. Por eso es tan bueno. Aunque a veces dice las que tú piensas. Hay un episodio de 'Curb your enthusiasm' (temporada 8, episodio 4) titulado 'El smiley'. Estamos en 2011, con menos teléfonos inteligentes de dueños ceporros. Larry, protagonista y autor, salía con una señora llamada Heidi. Antes de cortar con ella, su única queja era el uso frecuente que hacía del smiley, la cara sonriente, en los mensajes de móvil. Decía que le hacía sentirse como si estuviera recibiendo mensajes de una niña de 10 años. Espero que en la novena se cabree con los emoticonos.

Voy a destripar cosas pero no creo que importe en esta serie (tampoco estoy transcribiendo el guión). Empezó el capítulo de 'Curb your enthusiasm' (HBO) con Larry en la ducha, cantando 'Con un poco de azúcar' y cabreándose con el tapón del champú. Luego se peleó con una lesbiana a la que no sostuvo la puerta por su aspecto masculino (suponiendo que no querría) y discutió con su amigo Lewis al que no trasladó un adecuado pésame tras la muerte de su periquito («Hombre, si hubiera sido un tucán...»).

Lo que Larry había estado haciendo este tiempo era escribir un musical titulado 'Fetua' sobre Salman Rushdie y el ayatolá. Fue al programa de Jimmy Kimmel a contarlo e hizo toda clase de chistes sobre ayatolás, así que recibió su propia fetua, su propia amenaza de muerte. Parece que eso va a formar parte del arco argumental de la novena temporada. La fetua es bastante simbólica en el mundo tiquismiquis al que ha vuelto Larry David. Son sólo seis años, pero cada vez puede uno reírse menos de más cosas. Vale, no ponen precio a tu cabeza. Pero dan mucho por saco.

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