ESTRÉS SERIÉFILO

MIKEL LABASTIDA

Opresión en el pecho, hormigueo en el estómago, sudores varios, tensión muscular, dificultad para respirar. Todo eso lo he padecido durante el fin de semana. La culpa la tiene David Fincher. Y no porque haya recibido yo una caja macabra como la de 'Seven' o me haya metido en una pelea de las que se libraban en 'El club de la lucha'. Netflix estrenó el pasado viernes la nueva serie de este director, 'Mindhunter', basada en el libro escrito por Mark Olshaker y John E. Douglas, tras las investigaciones del último, exagente del FBI que estudió y desarrolló distintos perfiles psicológicos de los criminales más temibles. Había mucha expectación por ver lo que daba de sí este título, teniendo en cuenta que el cineasta no se acercaba a la tele desde que puso en marcha, en la misma plataforma, la adaptación americana de 'House of cards', protagonizada por Kevin Spacey y Robin Wright.

Pues bien, no habían pasado ni unas horas y ya brotaban por internet las primeras valoraciones de esta producción. La política de Netflix, que la distingue de las emisoras convencionales, es poner a disposición del espectador desde el primer día la temporada completa para que cada cual la disfrute cómo y cuándo quiera. Hubo quien no tardó ni medio día en ver los diez capítulos en los que Fincher ha dividido su nueva ficción. Eso sí que es un atracón y lo demás son tonterías.

«Es muy lenta», decían unos. «El protagonista no tiene carisma», protestaban otros. «La obra hipnotiza», reivindicaban unos cuantos. «Mantiene el interés pese al ritmo sosegado», aseguraban algunos convencidos. Opiniones ha habido muchas durante todo el fin de semana, tantas que si llegado el domingo no habías visto la producción de Netflix corrías el riesgo de ser tachado de desactualizado. Qué presión. ¿Hemos perdido el norte con la rapidez con que consumimos las series? Definitivamente sí. Ya no nos deleitamos con ellas, sino que, como si participásemos en una maratón, competimos por ser los primeros en verlas. Tampoco nos detenemos a pensar en ellas. Decimos lo que nos viene a la mente sin meditarlo demasiado. Lo importante es ser los primeros.

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