EL ERTZAINA JESUITA

OSKAR BELATEGUI

Cuerpo de Élite', traslación a la pequeña pantalla de la taquillera película, atesora empaque de producción. La nueva serie de Antena 3 para la noche del martes salta de un escenario a otro y se arriesga con algo tan poco habitual en nuestra ficción como es la comedia de acción. Su productora es la misma que la de las películas de Amenábar. Y se nota. El resultado es algo así como un cruce entre 'Mortadelo y Filemón' y 'Los hombre de Paco', protagonizado por una violenta boina verde madre de familia, un 'tedax' valenciano adicto a la pólvora y a Chimo Bayo, una resolutiva mosso d'esquadra, un policía malagueño que en realidad es un quinqui y un apocado ertzaina jesuita, que no se sabe muy bien qué tiene de vasco. Al contrario que en la película -heredera a su vez del fenómeno '8 apellidos vascos'-, aquí no se explotan tanto las identidades regionales como las distintas personalidades.

Lo mejor de 'Cuerpo de Élite' son las referencias a la actualidad, territorio poco explorado por nuestras series. En el primer episodio, el comando desastre debía rescatar a un fiestero sobrino del Rey, «que cada dos meses se dispara en un pie». Averiguaban su paradero gracias a un 'localizador de Borbones', que de paso mostraba a un miembro de la Familia Real... en Panamá. También hubo agudos chistes a cuenta de los puentes de Calatrava, un registro a la sede de un partido político catalán con alusiones al 3% y discos duros destruidos a martillazos. Entre los secundarios de lujo sobresalen Joaquín Reyes como ministro del Interior adicto al porno y El Langui, un sosias de Pablo Echenique.

Casi cuatro millones y medio de espectadores convierten 'Cuerpo de Élite' en el mejor estreno de una serie española en los últimos tiempos. Lástima que el 'prime time' la obligue a extender su duración hasta la hora y media, impidiendo que el ritmo se mantenga. Toda la incorrección política y mala lecha a cuenta de UPyD o del propio Antonio García Ferreras, estrella invitada desde el plató de La Sexta, luciría mucho más en capítulos de media hora, como ocurre en la ficción estadounidense. A cambio, tenemos un falso final a mitad del episodio y la molesta sensación de que la cosa se alarga para rellenar minutos.

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