'THE DEUCE'

MIKEL LABASTIDA

Pocas trayectorias son tan sólidas como la de David Simon en televisión. Pasan los años y él consigue mantener el nivel y una línea coherente con cada título que presenta. El realizador de 'The Wire' demuestra que aquello no fue una casualidad y que esa serie (no fue la primera, pero sí la que lo situó y le dio relevancia en el mapa audiovisual) no era una excepción, sino una declaración de intenciones de lo que quería hacer. Ajeno a modas y tendencias, Simon sabe dirigir un tipo de historias y apuesta por un modo concreto de contarlas. Lo demostró más tarde en 'Treme' o en 'Show me a hero'. Es realista y crudo y se detiene en los personajes periféricos, convirtiéndolos en protagonistas, en centro de todas las miradas.

Con 'The Deuce' lo está volviendo a hacer. Ya lo creo que lo está volviendo a hacer. Ahí están las putas y camellos del Nueva York de los años 70 brillando gracias a un relato sobre cómo nació la industria del porno en Estados Unidos. En ese sentido Simon se distingue por su olfato para los personajes. Da igual que se sitúe en el hampa de Baltimore, en un Nueva Orleans devastado por el 'Katrina' o por las calles más peligrosas de Manhattan. Él los detecta y los hace atractivos de cara al espectador. En 'The Deuce', en HBO, es imposible no sentirse hipnotizado por el personaje de Maggie Gyllenhaal, que descubre tras las cámaras otra manera de ganar dinero con su cuerpo; o con el de Margarita Levieva, niña bien dispuesta a sobrevivir en la gran ciudad; o incluso los de James Franco, pese a que este truco de recurrir a dos hermanos gemelos despista más al que lo ve que otra cosa. Ya pasaba en la última temporada de 'Fargo' con Ewan McGregor.

La miseria, la corrupción, el capitalismo que arrasa con todo son constantes en la obra de Simon y de nuevo en esta propuesta salen a relucir. El interés del relato no deja de aumentar. Apenas quedan tres episodios para que concluya la temporada pero ya podemos decir que el realizador ha vuelto a acertar.

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