Crítica: Picasso a pinceladas

Crítica: Picasso a pinceladas

Antonio Banderas se destapa en la segunda temporada de la serie ‘Genius’ al encarnar a un artista capaz de seducir con sus luces y sombras

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

En la vida hay otras cosas importantes además del arte. Eso le dicen a Pablo Picasso cuando París está a punto de ser invadida por los nazis. A lo que el malagueño contesta: «Para mí, no». En esta contundente frase se condensa el espíritu de ‘Genius: Picasso’, la serie que recrea en su segunda temporada al artista más influyente y seductor del siglo XX, después de retratar en su anterior entrega al científico más visionario de la pasada centuria, Albert Einstein. El primer episodio picassiano vive hoy su estreno mundial en el Teatro Cervantes, aunque ayer la prensa ya pudo ver este prólogo en un escenario propicio: el auditorio del museo del artista en Málaga. Un adelanto que dejó claras un par de cosas. Que esta producción de National Geographic sigue la línea ya trazada en la primera temporada y que Antonio Banderas tenía entre ceja y ceja a su paisano. Tanto como para desnudarse por dentro y por fuera para componer el que parece uno de los papeles de su carrera.

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Y digo parece porque un episodio sirve para ver el tono y las intenciones, pero no para formular conclusiones definitivas. Pero lo que vemos en pantalla es un Banderas que asume con solvencia magistral el protagonismo de este relato y que entiende a ese Picasso caleidoscópico, atormentado, dicharachero, excesivo, mujeriego, vanguardista, rebelde, contradictorio, ególatra, padrazo, infiel, familiar y genial que, por encima de cualquier otra obsesión, siempre (man)tuvo la misma amante: la pintura.

Y en el primer episodio nos van mostrando a pinceladas a ese Picasso desde que nace en Málaga –excelente la escena en la que el tío Salvador revive al bebé con una bocanada del humo de su puro después de que naciera sin respirar– hasta la inminente caída de Francia, pasando por su aprendizaje en Madrid, Barcelona y París, su amistad con Carles Casagemas, sus relaciones solapadas con Marie-Therese y Dora Maar, las dudas en la creación del ‘Guernica’ o su íntima enemistad con Franco. El acierto de la serie es renunciar al relato cronológico por esos trazos salpicados en el tiempo que van buscando el paralelismo en las diferentes etapas de la vida del protagonista, aunque la presencia de numerosas escenas de infancia y juventud –Alessio Scalzotto y Alex Rich encarnan a Picasso en esas etapas– dejan también la sensación de que este episodio salva el trámite más convencional de la biografía con el planteamiento de su vida. Y que el conflicto y la medida de la serie es lo que nos queda por ver.

Lo que es indudable es que estamos ante una producción solvente, realizada además con una elegancia y brillantez de medios a la altura del personaje. Y en las escenas rodadas en Málaga se ve esa cuidada ambientación con las secuencias en la Plaza de Toros, la casa natal, la iglesia de Santiago o la arena negra de una playa paradisiaca que simula ser Antibes, pero que permitió a Antonio Banderas filmar su primera gran producción en Málaga. Y de camino también propicio la vuelta de Picasso reencarnado en un actor que demuestra que el personaje le ha llegado en el momento idóneo de su carrera. Eso sí, para ver al completo la historia del hombre que cambió la historia del arte tendremos que esperar todavía un mes para su estreno en España. El primer episodio consiguió su objetivo, porque este genio supo a poco.

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