El baile de ‘Juego de Tronos’

Emilia Clarke y Kit Harington encarnan a Daenerys Targaryen y Jon Snow.
Emilia Clarke y Kit Harington encarnan a Daenerys Targaryen y Jon Snow. / SUR
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La séptima temporada muestra al fin al héroe y la heroína de esta popular serie

MIGUEL ÁNGEL OESTE

En ‘Juego de Tronos’ parece que la única danza es la de los dragones volando en el cielo. No hay bailes entre hombres ni mujeres como en el cine de John Ford, ni celebraciones o bodas que no acaben con muertes, ni momentos festivos ni sentimentales que no estén marcados por el carácter sombrío de esta gran producción de HBO. El baile o la celebración como momento de cortejo entre el héroe y la heroína es algo antiguo cargado de normas. Hasta el momento, las ‘relaciones amorosas’ eran transacciones de distinto tipo para conseguir algo, imposiciones de poder, violaciones. Tampoco los personajes femeninos son meras damiselas a las que el personaje masculino tenga que salvar. Todas las mujeres siguen su propia evolución más allá de la determinada por los patrones de las gestas clásicas. Sin embargo, sí se puede considerar a Jon Snow y Daenerys Targaryen como los modelos más cercanos al héroe y la heroína de esta ficción en un sentido clásico, casi fordiano en el caso de Snow, y la escena del quinto episodio entre Jon Snow, Daenerys y Drogon como lo más similar a un baile, al cortejo consciente e inconsciente, que configura la identificación y expone el deseo, el miedo y los sentimientos de ambos personajes.

Jon Snow y Daenerys Targaryen son los modelos más cercanos a los personajes clásicos

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Miradas y movimiento

El mundo de ‘Juego de Tronos’ está construido de sueños y realidades, como la vida. De las representaciones mentales y de lo que finalmente sucede. La serie está repleta de detalles que se basan en las miradas de los personajes desde diferentes perspectivas. Las miradas fuera del encuadre. Las miradas entre los personajes envueltos en un paisaje o en una estancia cuando uno observa ante la ignorancia del otro. La mirada convertida en emoción y movimiento u otro sentimiento positivo o negativo que tendrá su correlación en el drama. Todo esto acontece en las secuencias entre Jon y Daenerys en el episodio cinco. Y lo hace de un modo que podría ejemplificar el baile en una película de Ford. Cuando el dragón baja del cielo y se coloca en el precipicio frente a Jon Snow, mientras la Khaleesi trata de ver qué sucede. Jon, que parece que está esperando, se quita el guante, acaricia al dragón y este se calma. Ante la atmósfera sombría y triste que define el conjunto de la historia, esta escena representa otra emoción diferente, una que no se había mostrado hasta este instante. Cuando Daenerys baja de Drogon, Snow y ella hablan de los dragones, de bestias e hijos (de la razón y la locura), en un plano general que corta a otro plano medio donde él la observa a ella mientras Daenerys contempla absorta el vuelo de sus tres dragones. Toda la escena, desde su concepción, parece concebida como un baile: desde el concepto a los gestos y movimientos de los personajes. Incluso la irrupción de Jorah Mormont en la escena (él y Daenerys se miran y se abrazan ante la mirada de Jon) potencia esa idea y hace que funcione el modelo clásico de dos héroes distintos que se ajustan a los códigos y a la responsabilidad. Algo que se refuerza cuando Jon y Jorah deciden ir a capturar a un Caminante Blanco tras el muro y la mirada de Daenerys habla con emoción y movimiento, igual que cuando se despiden los tres personajes en la playa. Como en los westerns de Ford las miradas de los personajes ofrecen varios niveles de información y establecen los estados de ánimo no solo de los personajes, también del telespectador.

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