OTRA VEZ AMAYA SALAMANCA

MIKEL LABASTIDA

Si empieza una serie en Antena 3 y no está Amaia Salamanca me preocupo. ¿Se encontrará bien? ¿Le habrá pasado algo? ¿Estará de viaje? Comprendan que me extrañe su ausencia, teniendo en cuenta que no hay título que se estrene en esa cadena que no cuente con esta actriz, cuyas dotes interpretativas lo mismo le llevan a dar vida a una estudiante pija a que una presentadora de televisión futura reina de España. Formó parte de 'Gran Hotel', de 'Velvet' y de 'La embajada'. Hace unas semanas me llevé un susto al ver 'El incidente' y darme cuenta de que pasaba el capítulo y Salamanca no aparecía por ninguna parte. Qué disgusto. Menos mal que el miércoles comenzó en la cadena de Planeta su otra apuesta de ficción para el otoño, 'Tiempos de guerra', y ahí sí, ahí sí estaba Amaia Salamanca como una de las damas enfermeras, que centran el argumento principal. Respiré tranquilo.

Ironías al margen, aclaro que no tengo nada en contra de esta intérprete, pero sí de la repetición constante de nombres en gran parte de ficciones nacionales. Entiendo que es una manera de fidelizar la audiencia, el problema es que resta credibilidad al relato. Cuesta acostumbrarse al hecho de ver el mismo rostro en papeles y escenarios tan diversos. Si a algún espectador no le gustó el título anterior le puede atraer poco empezar con el nuevo, temeroso de encontrarse con idénticos mimbres y trucos de guión. Ahora bien, si eran seguidores de productos anteriores, 'Tiempos de guerra' no les decepcionaría. La productora Bambú tiene tomado el pulso a su consumidor medio. Y le presentó una ficción con una factura técnica y una ambientación excelentes y con dos o tres actores veteranos de peso (tipo Borrachero o Sacristán) que defienden hasta el texto más simple.

El episodio piloto consiguió una audiencia decente (17,5% de cuota de pantalla). No espectacular. Quizá hubo mucho público al que le echó atrás que aquello pudiese ser más de lo mismo. Lo curioso es que le ganó la partida Paz Padilla confesándose frente a Bertín Osborne, que no es precisamente lo que yo definiría como una oferta novedosa y atrevida.

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