Diario Sur

La puerta que da paso a la Historia

Pere Ponce y Aura Garrido, que dan vida a Cervantes y Amelia Folch, repasan el guion en el plató.
Pere Ponce y Aura Garrido, que dan vida a Cervantes y Amelia Folch, repasan el guion en el plató. / Tamara Arranz
  • Un atentado contra Alfonso XII, Shakespeare y Cervantes en su hora del bocata y un caso de espionaje... Todo tiene cabida en un día de rodaje de ‘El Ministerio del Tiempo’

El Ministerio del Tiempo’ no se parece a ningún otro ministerio del mundo. Para empezar, su ubicación es secreta y, aunque su presupuesto dependa del gobierno de turno, son sus secretarios los que deciden si revelan su existencia o no al jefe del Estado. «A Felipe II no le dijimos nada por sus ansias de dominación mundial, no sabía que existíamos. Según cómo veamos al presidente le informamos… O no», explica de forma confidencial a este periódico Salvador Martí, el máximo responsable de este organismo gubernamental fundado por la reina Isabel la Católica en el siglo XV y que se encarga de proteger la historia de España. El personaje lo interpreta el actor Jaime Blanch, a quien ya le gustaría tener «un cargo vitalicio» en la serie de TVE. De momento, se mantiene al frente pese a los últimos cambios en el Gabinete de ministros de Mariano Rajoy… Aunque quizá nuestro presidente tampoco sepa toda la verdad. Mientras tanto, la ficción continúa la grabación de su tercera temporada, después de un verano en el que se mantuvo en vilo su futuro debido a las dudas por su renovación.

El rodaje de la serie tampoco se parece a ningún otro rodaje en el mundo. Al entrar en los estudios que la productora de ‘El Ministerio del Tiempo’ tiene en Boadilla del Monte (Madrid), en el que se recrean las oficinas centrales y el pasillo cuyas puertas dan a momentos concretos del pasado, hay un trasiego de actores y extras vestidos de romanos, cubiertos con pieles de mamut o tomando un café con peluca decimonónica y levita mientras comparten mesa con un oficial prusiano.

«Yo a veces ya no sé en qué siglo vivo. La verdad es que, para la locura de cómo grabamos, casi no da tiempo a adecuarse a la época en la que nos toca rodar. Hay días que me lío y pienso: ‘¿esta secuencia era del siglo XIX o del XVIII?’. Esto es Vietnam», explica Aura Garrido, la actriz que interpreta a Amelia Folch, la primera mujer universitaria de la historia de España y líder de una patrulla formada por el soldado de los Tercios Alonso de Entrerríos (Nacho Fresneda) y Pacino, un descarado policía de los años ochenta al que da vida Hugo Silva, que ha sustituido definitivamente a Rodolfo Sancho en la tercera temporada.

Garrido hoy está resfriada. Estornuda mientras come un bocadillo de tortilla y atiende a este medio, pero eso no le salva de su obligación de terminar de aprender su texto y meterse en un traje con corsé de principios del siglo XVII que cuelga en una de las perchas de su pequeño camerino. «Es lo peor», confiesa. Pero su día irá a mejor; hoy compartirá plató con Lope de Vega, Cervantes y Shakespeare.

Ellos también están comiendo el sagrado bocadillo de las doce de la mañana, el único momento del día en que todo el equipo de la serie regresa a 2017 y hace una pausa. Con sus trajes engolados y las pinzas sujetando el peinado que lucirán ante las cámaras, se distingue perfectamente a tres de los más grandes literatos de la historia entre la marabunta de sonidistas, guionistas y otros trabajadores que atacan las bandejas de comida.

Y esa es una de las razones por las que ‘El Ministerio del Tiempo’ ha conectado con todo tipo de audiencias, la desacralización de personajes históricos a los que solo conocíamos a través de los libros. «Parecerá una tontería, pero lo que me puso en el disparadero, lo que me dio la clave de cómo tenía que ser Lope fue cuando me lo describieron como un ‘fucker’ (promiscuo). Eso lo hace menos encorsetado, más sexual y atractivo para el público. Si encima usa su don de la palabra para engatusar a las mujeres, pues, evidentemente, uno compra mucho más fácil sus versos. Lope era simpático, pillín y caradura, para nada estuvo toda su vida encerrado entre cuatro paredes», comenta Víctor Clavijo, el actor que lo interpreta. Él lo tiene claro: «Lope hoy en día sería un gran escritor de musicales o un gran director de ficción, estaría en su salsa en las redes sociales».

Cervantes tiene, sin embargo, un rostro más melancólico, el que le ha regalado Pere Ponce, de regreso en la serie. «Cervantes vivió situaciones muy precarias, envidiaba a Lope, la proyección que tenía y su popularidad. Así que busqué ese lado más personal, identificarme con esas envidias. Creo que si hubiera tenido acceso a las puertas del tiempo él hubiera evitado pasar penurias económicas. Nos da un ejemplo de que en todas las épocas la creación siempre ha sido una cosa difícil, que depende más que nada del empeño de cada uno», reflexiona.

Seis minutos al día

Termina el descanso y todo el equipo vuelve a sus puestos. La actriz invitada Macarena García, que da vida a una joven de la resistencia francesa, camina por un pasillo mientras sigue los raíles de una cámara que graba su rostro en primer plano. Está intentando dar con la puerta que le lleve de vuelta a su época, pero si se equivoca al girar el pomo podría acabar en un calabozo de un castillo de Huesca en plena Edad Media. «Por eso tu cara tiene que reflejar un punto de miedo», le dicen desde la sala de control. El plano dura solo cinco segundos, pero llevan más de quince minutos grabándolo.

Cervantes y Lope (Víctor Clavijo), candelabro en mano, ruedan una escena de ‘El Ministerio del Tiempo’ en los estudios de Boadilla del Monte.

Cervantes y Lope (Víctor Clavijo), candelabro en mano, ruedan una escena de ‘El Ministerio del Tiempo’ en los estudios de Boadilla del Monte. / Tamara Arranz

Aunque el ritmo de rodaje en televisión sea más acelerado que en cine, ‘El Ministerio del Tiempo’ graba al día tan solo seis minutos correspondientes al capítulo final (el doble que una superproducción como ‘Juego de Tronos’). Es decir, tardan once jornadas de trabajo para completar un episodio completo, sin contar el montaje y la postproducción. La plantilla de la serie depositará las cámaras en sus fundas a principios de junio, por lo que el estreno de la tercera temporada no está previsto hasta otoño, a no ser que TVE quiera acelerar las cosas.

En la puerta del plató de al lado, donde se encuentra el despacho del secretario del ministerio y el patio porticado que ya es un icono de la serie –con su pozo central, que lleva a las puertas del tiempo– aprovecha un breve descanso el discreto y eficiente Ernesto Jiménez (Juan Gea), la mano derecha de Martí. Cigarrillo en mano y con su traje y corbata negros, cuesta pensar que realmente fuera el padre del inquisidor Tomás Torquemada, y que además tenga otro hijo en el siglo XXI ¡que es ‘youtuber’! «Quién nos iba a decir que Torquemada fuera a tener un hermano ‘youtuber’, esa es la magia de esta serie», presume.

Apaga el cigarro y regresa al despacho principal. Sobre su pared cuelgan, a modo de homenaje, los cuadros de los anteriores secretarios del ministerio. Entre ellos, los de Javier Olivares y su fallecido hermano Pablo, creadores de la ficción, y el de Marc Vigil, el director principal de la serie. Ellos han conseguido recrear una máquina del tiempo con un presupuesto limitado. «Llega un momento en que ya estás curado de espanto, pero claro que te desesperas cuando ves que otras cosas lo tienen más fácil o que producen otros programas, desde mi punto de vista subjetivo, que no deberían tener cabida en una televisión pública. Al final aquí estamos, y es de agradecer que se peleen por nosotros», confiesa Vigil a este periódico, hasta que de repente se hace el silencio.

Se enciende la luz roja en el plató y el sonido de la claqueta retumba. El grito de «¡motor!» saca de su letargo a Martí, Jiménez e Irene Larra (Cayetana Guillén Cuervo), que vuelven a la vida de la mano de sus actores. Están sentados frente a un ordenador portátil y les acompaña un artificiero del Cuerpo Nacional de Policía. Al otro lado de la pantalla, un agente que se encuentra en 1881 debe desactivar una bomba con la que intentan atentar contra el rey Alfonso XII. Nada nuevo, un día normal en ‘El Ministerio del Tiempo’.