Diario Sur

Una noche, una vida

John Turturro protagoniza la serie ‘The Night Of’.
John Turturro protagoniza la serie ‘The Night Of’. / Sur
  • 'The Night Of' pone patas arriba el sistema judicial de Estados Unidos

La vida cambia con una simple elección. Una noche se traga una vida. El instante en el que uno se deja llevar por el deseo y pierde la perspectiva de la realidad. A partir de ahí ya no hay retorno. Algo se quiebra para siempre en la conciencia. Como cuando Walter White permite que muera la novia de Jesse Pinkman en ‘Breaking Bad’. En ‘The Night Of’ -la serie de ocho capítulos que reelaboran Richard Price y Steve Zaillian desde la británica ‘Criminal Justice’ de Peter Moffat-, un joven paquistaní de Queens, Nazir Khan (Riz Ahmed), universitario de clase media, es invitado a una fiesta en Manhattan. El amigo que le iba a llevar se raja y él coge el taxi de su padre sin permiso, cuya licencia comparte con otros dos taxistas. Perdido en la Gran Manzana, detiene el coche. Una joven blanca, Andrea, (Sofía Negro-D’Elia) se mete inesperadamente en el taxi. Khan le dice que está fuera de servicio. Se hablan a través de los ojos por el espejo retrovisor. Ella por medio de sus ojos tristes; él por medio de sus ojos expresivos y anhelantes. Además está la mampara que separa al conductor de los viajeros. Una imagen visual que sintetiza la distancia entre el mundo de uno y otra.

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‘The Night Of’ se construye con minuciosidad desde estas representaciones. Desde las evidentes a otras más sutiles, con una cadencia tonal precisa en cada uno de los momentos, sin precipitarse jamás en el ritmo. Con una descripción prolija -característica del escritor Richard Price-, va mostrando con cuidado elitismo el estado de ánimo de los personajes: sus flaquezas y aspiraciones, desplegadas con toda clase de detalles realistas.

Khan le pregunta dónde quiere ir. Andrea le dice que a la playa. El paraíso perdido. La anticipación de lo que va a suceder. Que se cerrará en la penúltima escena del último capítulo. Khan y Andrea se drogan, beben tequila, juegan con un cuchillo, follan y cuando en medio de la noche Khan se despierta en la cocina, desorientado, sube al dormitorio y la encuentra muerta. Escapa. Lo acusan de asesinato. Todas las evidencias parecen señalarlo. Pero él lo niega. Sus ojos lo niegan.

El poder expresivo de la mirada define la dimensión psicológica de los personajes. Los ojos ávidos de Khan se encuentran primero con los ojos cansados del Detective Box (Bill Camp), a punto de jubilarse. Luego con los ojos resignados de John Stones (John Turturo), un abogado de segunda que deambula buscando clientes; en la cárcel son los ojos escrutadores de Freddy (Michael Kenneth Williams) los que le interpelan; después los ojos sinceros, cómplices, de Chandra (Amara Karan)… Cada uno de los momentos esenciales de la serie está delimitado por el cruce de una mirada, que se refleja más determinante que el medido diálogo de Price.

‘The Night Of’ es una historia sobre la duda. La duda del sistema judicial americano. La duda sobre la identidad étnica y religiosa. La duda sobre los mecanismos sociales de un país. La duda de superar la herida del 11-S. La duda de cada uno de los personajes sobre su inocencia y sobre su capacidad de adaptación en un medio hostil manteniendo la humanidad, los principios básicos de la naturaleza humana que el sistema, disfuncional, desigual, inmisericorde, arrebata.

Fotograma de la serie.

Fotograma de la serie. / Sur

Todo esto lo hace mediante la metamorfosis paulatina de los principales personajes. Obviamente, la metamorfosis principal y más significativa es la de Khan. Un reflejo nítido de cómo un muchacho normal, con sus defectos y virtudes, puede convertirse en otra persona distinta. Su deshumanización comienza en Rikers, primero con tenues cambios físicos, después psicológicos. Es lo que impone la supervivencia. Algo que marca el resto de la vida. En realidad, empieza desde el mismo instante en el que lo acecha la incertidumbre de lo que sucedió. El juicio lento, premioso, de desgaste, sobre su inocencia, se juega no solo públicamente, también, y más importante, en su mente, erosionándose de un modo gradual hasta devorarlo.

Si Khan pierde su inocencia y humanidad, Chandra, una joven abogada hindú que se tendrá que hacer cargo de su defensa, se implica afectivamente y también cae como una endeble ficha de domino. Aquello que aseveraba Fitzgerald sobre que la vida de uno afecta a la de muchos. Así, los padres perderán el estatus logrado. La madre no sabrá quién es su hijo. “¿Hemos criado a una bestia?”, se pregunta. En oposición, la evolución de Stones, Box o la fiscal Weiss (Jeannie Berlin) sufre un leve movimiento de limpieza, de saldar culpas y miserias, personales y con el sistema enfermo que defienden.

La violencia en ‘The Night Of’ no es una representación sofisticada, tendencia frecuente en muchas ficciones televisivas. La violencia está implícita, se extiende, ha arraigado como algo consustancial. De hecho, resulta más poderosa por la reescritura de la puesta en escena clásica, por la simetría con la que se compone los encuadres, por la puntuación de los primeros planos, por la dilatación o el comprimido de las situaciones, por la alternancia del montaje en determinados tramos que entablan un diálogo a través de capas diferentes.

La radiografía del sistema judicial que elabora ‘The Night Of’ actúa como una red que desnuda las limitaciones de una sociedad tensa, ambigua en lo moral, desfigurada desde la aparente nitidez que confiere la tecnología, representada por máscaras y prejuicios, en el que una vez lanzada la duda ya no hay marcha atrás hacia la oscuridad de la noche.

Una serie excelente.

Y también un puñetazo en la conciencia.