Diario Sur

La primera gala del concurso obtuvo el segundo peor estreno histórico del programa
La primera gala del concurso obtuvo el segundo peor estreno histórico del programa / SUR

Gran Marciano

  • La fauna de gañanes y chonis de la decimoséptima edición de 'Gran Hermano' que acaba de arrancar simboliza la decadencia de una cadena y un país

En el lejano 2001 me tocó entrevistar al elenco de 'Gran Marciano', una película protagonizada por los catorce concursantes de la primera edición de 'Gran Hermano'. La cinta, que costó 400 millones de las antiguas pesetas, era una gamberrada con cámara oculta, en la que los protagonistas llegaban a creer que una nave extraterrestre había aterrizado en el Parque Natural de Monfragüe. Fascinante experimento visual al estilo de 'El show de Truman' para unos, enésimo intento de aprovechar el filón televisivo para otros, 'El Gran Marciano' contaba con el oficio de su director, Antonio Hernández, y tuvo 100.000 espectadores, entonces una nadería, hoy una cifra respetable.

En la primera edición de 'GH', todos éramos inocentes: los concursantes y los espectadores. Para las fotos de aquella entrevista, los 'actores' posaron en la madrileña Plaza de Colón. Y los coches pitaban al descubrirles, una muestra de popularidad que este periodista solo ha experimentado en compañía de Santiago Segura, condenado a ser saludado con el grito de ¡Torrente! Iván, el asturiano, llevaba la voz cantante, y Ania, la modelo vallisoletana, era un prodigio de sensatez. El 'friki' del grupo, Iñigo, ni se sacaba los mocos ni llevaba un perenne polo verde. Y hasta reflexionaba con la agudeza de un semiólogo: «Si una cámara hubiese grabado esta conversación, no sabes la cantidad de gente que estaría dispuesta a verla», me soltó.

Al lado de aquella primera remesa de concursantes, la fauna de gañanes y chonis de la decimoséptima edición de 'Gran Hermano' que acaba de arrancar simboliza la decadencia de una cadena y un país. Además, hace quince años no contábamos con las redes sociales ni vivíamos fabricándonos un personaje en el mundo virtual. Al menos, hay motivos para la esperanza: la primera gala del concurso obtuvo el segundo peor estreno histórico del programa, mientras que el debate celebrado el pasado domingo perdió un millón de espectadores respecto al estreno de la pasada edición. «Teníamos más audiencia cuando discutíamos», se sinceraba Íñigo en 2001.