Torremolinos es 'Litoral'

Brigitte Bardot, a finales de los 50, en Torremolinos. / SUR
Flashback

La publicación es esa guía melancólica definitiva para entender un período imborrable de la Costa del Sol

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

La historia moderna de Torremolinos, esos ‘años dorados’ a los que nos hemos referido con asiduidad y que del que ahora solo se conserva un tímido resplandor, tiene ahora un documento maestro que explica la tremenda conversión de este municipio, su transformación de pueblo a mito. El número especial que la revista Litoral ha dedicado a Torremolinos es esa guía melancólica definitiva para entender un período imborrable de la Costa del Sol. La modernidad llegó a Torremolinos con el primer ‘topless’ documentado de la historia de España, protagonizado por la musa Gala en 1930, y empezó a decaer mediante una gran redada policial otro día de verano, el 24 de junio de 1971. Aquello fue el principio del fin de un estado de ánimo cuyos latigazos se extendieron cada vez con menos fuerza hasta los ochenta. La muerte de la modernidad en Torremolinos quedaría certificada años después mediante el alzamiento del monumento al turista.

Pero sigamos con lo bueno. Esta histórica edición de Litoral, auspiciada por el nuevo Ayuntamiento de Torremolinos, nace bajo la coordinación de Alfredo Taján y cuenta como principal colaborador con José Luis Cabrera, un enamorado de la época y cofundador junto a Lutz Petry de la imprescindible web Torremolinos chic, una página a la que hay que siempre hay que volver de vez en cuando. De ahí salió buena parte de las imágenes contenidas en este número glorioso que fue presentado una tarde de verano de esta época más aciaga, pero bajo la misma luz horizontal, en el asombroso Palacio de los Navajas ante el expectante grueso de la cultura malagueña. La importancia de este número no es en absoluto casual. Como allí se dijo, Litoral es -o debería ser- a Torremolinos lo mismo que Picasso a Málaga capital. Desde allí viene editándose por convicción propia desde hace varias décadas esta enorme generadora de objetos de deseo.

Este libro es por lo tanto una hoja de ruta que propone un delicioso viaje por la intrahistoria de Torremolinos que parte cuando este suburbio empezó a gestarse como “un pequeño lugar de veraneo provocador, pecaminoso y rimbombante”. Lo visitaron primero Cernuda, Hemingway, Cocteau. Paul Bowles recorrió la costa antes de que tuviera nombre, cuando esto era sólo una roca tirada a la orilla y un pueblecito pesquero que se fue inundando primero de ilustres conquistadores, luego de suecas, suecos, astros, dioses decadentes, travestis, lagartos o lagartas que disfrutaron de un espacio de libertad único en nuestro país (Ibiza era otra cosa), un lugar en el que, en todos los sentidos, se pasaba la mano, y por último, o mejor dicho por ahora, convertida ya en una singular catástrofe urbanística, por un turismo de masas definitivamente menos chic que aquellos Aston Martin que aparcaban junto a las jábegas.

Hay pocos aspectos de esta vibrante historia de Torremolinos que este libro no abarque. Introducido por el propio Taján en una auténtica disección torremolinense y por Salvador Moreno Peralta, quien tiene ahora la misión de diseñar la gran transformación del centro compartiendo espacio emocional con Antonio Lamela, revelado como el gran arquitecto de un progreso que mutó con su aleatoriedad en el caos y en el pastiche actual, pero que algún día albergó maravillas del relax y del que, con más pena que gloria, aún se conservan algunos vestigios.

‘Torremolinos, de pueblo a mito’ muestra además un estupendo muestrario de personajes de biografías que provocan fascinación mediante el delirio. Por citar algunos detallados en libro, la bailaora Lola Medina, el ‘bon vivant’ Lord Willoughby o el artista Frank Rebajes; aparecen lugares como hoteles, pensiones, discotecas, el Bazar Aladino, algún restaurante. La ciudad se traduce como un espacio de tránsito, como un no-lugar fabricado para el disfrute y el desconcierto, imágenes alteradas entre lo ‘cool’ y lo ‘underground’. Enumerar a todos los grandes que pasaron por aquí sería tan farragoso como citar a la treintena de autores que participan en este número.

Del mismo modo en el que un territorio queda definido por la cultura que genera, el libro reserva para su segunda mitad cine, literatura, arte y música que ha formado parte de alguna manera por esta localidad mítica, protagonista absoluta de un 'Litoral' cuya lectura es obligada, y que todos deberíamos tener.

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