El Thyssen da un salto de calidad con una gran exposición sobre la segunda etapa del cubismo

El Thyssen da un salto de calidad con una gran exposición sobre la segunda etapa del cubismo
Ñito Salas

El museo malagueño firma con una muestra en torno a Gris y Blanchard su primera producción propia de vocación internacional

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

En su canción ‘Man gave name to all animals’, Bob Dylan relata el trabajo del sumo hacedor encargado de bautizar a todas las criaturas de la Tierra. En la historia del cubismo, ese hombre fue Henry Kahnweiler. El galerista tenía el dinero y el poder para decidir quién pintaba algo y quién no en el discurso de la modernidad. Kahnweiler estuvo siempre fascinado por la obra de Juan Gris y en ese enamoramiento intelectual vilipendió la labor de María Blanchard hasta borrarla del mapa. “Pues bien, hemos tenido el valor de contradecir al que puso el nombre a esta etapa del cubismo”. Servía esa analogía esta mañana el catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Málaga, Eugenio Carmona, durante la presentación ‘Juan Gris, María Blanchard y los cubismos’ (1916-1927)’, la exposición del Museo Carmen Thyssen Málaga que ofrece no sólo un extraordinario salto de calidad en la propuesta cultural de la pinacoteca, sino que además brinda al visitante una apasionante -y apasionada- reescritura del llamado “segundo cubismo”.

Para empezar, el proyecto reivindica la vigencia artística, histórica y conceptual de ese periodo posterior al canon que delimita el cubismo entre 1907 y 1914; es decir, entre Pablo Ruiz Picasso y Georges Braque. Aquí la mirada se detiene entre 1915 y 1924. En esos años, “el pervivir del cubismo fue visto como una extraña capacidad de redundancia y no como una ‘refundación’ de sus propios fundamentos plásticos”, escribe Carmona en el texto del catálogo antes de rematar: “Pero algo ha venido a cambiar esta percepción o esta ‘economía política’ cultural de ‘hechos consumados”. Y ese ‘algo’ es, justo, esta exposición.

Lourdes Moreno, Gemma del Corral, Elías Bendodo, Francisco de la Torre, Carmen Thyssen, Rosa Santos y Javier Ferrer.
Lourdes Moreno, Gemma del Corral, Elías Bendodo, Francisco de la Torre, Carmen Thyssen, Rosa Santos y Javier Ferrer. / ÑITO SALAS

Porque el Museo Carmen Thyssen ofrece por primera vez en un mismo proyecto la obra de Gris y Blanchard y para la ocasión arropa ese encuentro con un extraordinario conjunto de más de 60 obras procedentes de más de veinte colecciones públicas y privadas entre las que figuran instituciones como el Museo Picasso de París, el Centre Pompidou, el Kunstmuseum Basel y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. A partir de estos selectos mimbres, el Thyssen de Málaga construye un nuevo relato del cubismo que, de partida, coloca en pie de igualdad la obra de María Blanchard con la de Juan Gris. Y no sólo. También con la de Jean Metzinger, Jacques Lipchtiz, Albert Gleizes, Salvador Dalí y Manuel Ángeles Ortiz, por citar a algunos de los autores presentes en la muestra comisariada por Eugenio Carmona y la directora artística del Thyssen de Málaga, Lourdes Moreno.

Y en el principio de todo, una obra de Juan Gris incluida en la colección de Carmen Thyssen: ‘Mujer sentada’ (1917). Es la piedra angular sobre la que se levanta el discurso de una exposición planteada con la ambición de “generar conocimiento”, en palabras de Carmona. Porque ‘Mujer sentada’ “modifica la visión de un Juan Gris como un pintor que representa lo clásico dentro del cubismo”. Surge aquí un Juan Gris dinámico y vitalista a partir de piezas como ‘Frutero, pipa y periódico’ (1917), enfrentada en el montaje con ‘La botella de vino’ (1918) para ilustrar esta dualidad entre la viveza de la primera y el aplomo de la segunda.

Pero la muestra del Thyssen sirve también para “reivindicar a una pintora de gran calidad”, como ha defendido esta mañana Lourdes Moreno en alusión a María Blanchard. Una autora que, “en el nuevo contexto cubista, en algunos momentos fue precursora de soluciones plásticas y conceptuales y no una mera receptora de realizaciones ajenas, tal y como se ha venido afirmando hasta hace poco”, escribe Carmona.

La exposición

Título:
‘Juan Gris, María Blanchard y los cubismos (1916-1927)’.
Lugar:
Museo Carmen Thyssen Málaga.
Comisarios:
Lourdes Moreno y Eugenio Carmona.
Fecha:
hasta el 25 de febrero de 2018.
Horario:
de martes a domingo, de 10.00 a 20.00 horas.

Ahí está, por ejemplo, ‘Sois Sage’ (1917), procedente de Pompidou parisino, que nos recuerda la capacidad del cubismo para contar historias. Relatos. Este comienza desde la propia polisemia del título, que podría traducirse como ‘Sé buena’, ‘Pórtate bien’ o ‘Sé inteligente’ para ofrecer a una niña que juega con un palo mientras sus mayores le piden que se comporte como es debido. Una niña que no oculta su deformidad física, una futura mujer que quiere jugar al juego del arte, pese las normas dictadas por el patriarcado que le recuerda lo que se espera de ella: que sea dócil e invisible. Así cuenta María Blanchard su propia historia en un cuadro vibrante enfrentado a la ‘Mujer sentada’ de Gris en uno de los diálogos más felices del proyecto que mañana se inaugura y podrá visitarse hasta el 25 de febrero de 2018.

Una muestra patrocinada por la Fundación La Caixa y la Fundación Cajasol que supone un evidente salto cualitativo en la vida del Museo Carmen Thyssen Málaga, que aquí ha pegado a la puerta de grandes museos internacionales de los que ha logrado préstamos tan potentes como la mencionada ‘Sois Sage’, la delicia picassiana ‘Naturaleza muerta. Guitarra, periódico, copa y as de trébol’ (1914) venida desde el Museo Picasso de París, las deliciosas rimas plásticas en ‘La vista sobre la bahía’ (1921) de Juan Gris llegada también del Pompidou parisino y el ‘Retrato cubista de García Lorca’ (c. 1923) pintado por Salvador Dalí y procedente de la Fundación Gala-Salvador Dalí.

Y aquí otra historia, otro relato, dentro de la aparente frialdad cubista. La “feroz lucha estética”, más allá de otras pasiones, entre Lorca y Dalí. Dalí queriendo para Lorca una modernidad estética que el poeta no sentía al margen de lo vernacular, hasta el punto de que Dalí ‘fuerza’ a Lorca a ser moderno, a ser cubista, en su propio retrato. Porque en aquellos años posteriores a la primera Guerra Mundial, cuando medio millón de jóvenes morían en Verdún, cuando Europa se desangraba y el horizonte se volvía gris plomo y ceniza, un grupo de artistas sintieron que la Historia les reclamaba seguir fieles a un “arte puro”, que podían no tener materiales ni alimento, pero si abandonaban el cubismo, habrían perdido su guerra. Y aquello no tendría nombre.

Defensa del «binomio indisoluble» en la dirección del museo

El 25 de noviembre de 2016, el pleno municipal aprobaba una moción por la que se instaba al Museo Carmen Thyssen a reducir su doble dirección (artística y administrativa) a un solo puesto. El recorte debía producirse a lo largo de este año; sin embargo, por el momento parece poco probable que la medida se vaya a ejecutar. El motivo básico reside en la reticencia de Carmen Thyssen a eliminar uno de los puestos, resolución que debe aprobar el patronato del museo que ella preside. En esa línea, Guillermo Cervera, sobrino de la baronesa y patrono de la institución, defendió ayer el «binomio indisoluble» que según sus palabras forman Lourdes Moreno en la faceta artística y Javier Ferrer en la gerencia del museo.

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