Un tesoro con pocos diamantes

Alabastros de Gabriel Joly, del retablo del monasterio de Sijena, en el Museo Diocesano de Lérida./M.G.
Alabastros de Gabriel Joly, del retablo del monasterio de Sijena, en el Museo Diocesano de Lérida. / M.G.

Solo siete de las 44 piezas del monasterio de Sijena que reclama Aragón a Cataluña se exponen en el Museo Diocesano de Lérida

MIGUEL LORENCIMADRID.

Tres cajas sepulcrales policromadas son las obras más señeras del tesoro de Sijena (Huesca), las 44 piezas del antiguo cenobio que reclama Aragón y que Cataluña se niega a entregar, a pesar de la exigencia en varias sentencias. Es un tesoro con pocos diamantes. El Museo Diocesano de Lérida expone únicamente siete obras del conjunto que se reclama. Son las joyas de un patrimonio de la discordia que no completará su camino de vuelta a Aragón hasta septiembre, en el mejor de los casos, según el cálculo de Juan Yzuel, coordinador de la plataforma Sijena Sí y catalizador junto al alcalde de Villanueva de Sijena, Ildefonso Salillas, y el abogado Jorge Español de la reclamación. Desde hace dos décadas pedían a Cataluña 97 piezas, de las que 51 se devolvieron el año pasado.

«Las más destacadas son las siete que se exponen: tres cajones sepulcrales y cuatro relieves de alabastro de un retablo realizado por Gabriel Joly. Las cajas sepulcrales de Isabel del Urgell, Beatriz Cornel y Francisquina de Erill son del siglo XV. Las piezas de alabastro procedentes del retablo de Santa Ana esculpido por Joly son del siglo XVI, y el resto de obras son del XVII y XVIII», precisa Carmen Berlabé, conservadora del museo leridano que exhibe las piezas desde hace una década, cuando se dotó de su nuevo y moderno emplazamiento.

«Son singulares pero no son únicas», admite la conservadora sobre la cajas mortuorias de las monjas. «El Museo de Zaragoza tiene otras cajas que salieron del mismo panteón», recuerda. «Nadie se echa las manos a la cabeza ni pide que regresen a Sijena, cuando son del mismo origen», destaca Berlabé. «Tampoco reclaman las que están en otros emplazamientos: hay una en el Museo del Prado, dos en Toledo, una el Museo Nacional de Arte de Cataluña, dos en el Museo de Huesca y otras dos en el Museo de Zaragoza, todas del mismo retablo. «Es un paradoja que no las reclamen y que no estén ni siquiera catalogadas», dice.

El ataúd del Isabel de Urgel, sor Isabel de Aragón, hija del conde Pedro II de Urgel, en sin duda la pieza estelar y la más valiosa de la colección. Datada en torno a 1434, se atribuye al taller de Blasco de Grañén. La caja mortuoria de la priora Francisquina de Erill y de Castro data de 1494 y se atribuye a Miguel Ximénez. La de sor Beatriz Cornell sería de mediados del siglo XV.

Las piezas de alabastro expuestas y atribuidas a Joly son 'Nacimiento de la Virgen María', 'Esponsales de la Virgen María y San José', 'Santa Ana, la Virgen María y Jesús o Santa Generación' y 'Dios Padre con Jesús muerto'. Se habrían realizado entre 1529 y 1530.

«Lo que está en los almacenes, las otras 33 piezas, son pinturas y esculturas de alabastro que se ha convertido en yeso y es casi imposible mover», confirma la conservadora. Su estado es desigual. «Algunas están estabilizadas, otras necesitan alguna restauración y todas están con conservación preventiva, como todo lo que hay en el museo», señala la conservadora.

El expolio

En diciembre de 1969 el obispo de Lérida ordenó a las monjas de Sijena que se marcharan a Barcelona y abandonaran el convento para abordar obras de rehabilitación. Poco después el obispado enviaba un camión de mudanzas que, en dos viajes, se llevó un centenar de piezas. La última priora de Sijena, Angelina Opi, murió en Barcelona y sin que el tesoro del monasterio regresara a la pequeña villa oscense que habitan medio millar de almas.

Un juzgado de Huesca declaró ilegal hace dos años, por notoriamente fraudulenta las compraventas simuladas entre las monjas trasladadas a Barcelona y la Generalitat. Unas transacciones realizadas en 1983, 1992 y 1994 que dotaron de aparente normalidad al expolio de un centenar de piezas del monasterio de Sijena por casi 50 millones de pesetas en una tasación unilateral de la Generalitat. «Una ganga», según Jorge Español, que destaca que la Generalitat no pudo acreditar el pago de ese dinero durante el juicio.

Unas 33.000 personas pasan cada año por el Museo Diocesano de Lérida, de 7.000 metros cuadrados en dos plantas. Abierto en diciembre del 1997, ha visto crecer el interés por su colección al calor de la polémica. «Ha aumentado algo el flujo de visitantes, lo lógico cuando hay situaciones así. La atención crece pero no es que estemos desbordados ni que no podamos atender las visitas», asegura Berlabé.

Si las piezas desaparecen del museo «se desbarataría el discurso museológico y museográfico, que está basado desde el principio en estos elementos», reconoce la conservadora. «Con ellas explicamos el obispado histórico y sin las piezas el discurso se resentirá», admite.

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