Puerta grande para De Molina y firmeza de Carlos Domínguez

De Molina, ayer, a hombros de los capitalistas.
De Molina, ayer, a hombros de los capitalistas. / Hugo Cortés

Buena novillada con el hierro de Juan Pedro Domecq en la que Adrián Villalba cortó una oreja y donde Joao D’Alva banderilleó con solvencia

Antonio M. Romero
ANTONIO M. ROMERO

El albaceteño Fernando de Molina salió ayer a hombros por la puerta grande ‘Manolo Segura’ de La Malagueta tras cortar dos orejas en la segunda semifinal del Certamen Internacional de Escuelas Taurinas. Un festejo donde destacó la firmeza del pacense Carlos Domínguez, que perdió lo trofeos por el fallo a espadas, y sobresalió la buena novillada de Juan Pedro Domecq que, exceptuando al quinto, dio opciones para el triunfo de los jóvenes espadas.

El festejo

Lugar.
Plaza de toros de La Malagueta.
Ganadería.
Erales de Juan Pedro Domecq, bien presentados y de gran juego; el quinto, con genio, el más complicado.
Alumnos de Escuelas Taurinas. Adrián Villalba (Albacete):
oreja; Álvaro Passalacqua (Málaga): vuelta tras aviso; Fernando de Molina (Albacete): dos orejas; Joao D’Alva (Vilafranca de Xira): ovación; Carlos Domínguez (Badajoz): vuelta tras aviso; y Borja Collado (Valencia): ovación.
Incidencias.
Segunda semifinal del XII Certamen Internacional de Escuelas Taurinas ‘La Malagueta’. Dos tercios de entrada en tarde agradable. Domínguez fue atendido en la enfermería de un corte en la ceja izquierdo, que necesitó de un punto de sutura.

De Molina salió con mucha predisposición y recetó un variado recibimiento con el capote a su oponente con verónicas, chicuelinas y un afarolado. Inició de rodillas en el tercio una faena en la que dejó tandas donde hubo temple y ligazón ante un novillo exigente, que pedía que le hicieran muy bien las cosas. El albaceteño se fajó con el ‘juanpedro’, al que mató de una estocada casi entera perpendicular. Cuando el palco sacó los dos pañuelos, el joven espada no pudo reprimir la emoción del triunfo en una plaza de primera categoría y rompió a llorar.

El quinto del festejo fue el novillo de más hechuras del encierro y el que presentó, ya de salida más dificultades. Carlos Domínguez estuvo voluntarioso en el recibimiento con el capote aunque sin brillantez. Brindó al público una faena que inició de rodillas y donde fue arrollado en el primer muletazo, sufriendo un pequeño corte en la ceja izquierda. No se afligió el pacense que se levantó y se volvió a la cara del burel para plantearle un trasteo donde se mostró muy firme y valeroso logrando someter la rebrincada embestida del ‘juanpedro’ logrando tandas muy estimables donde hubo ligazón, temple y mando. Perdió los trofeos por fallar con los aceros: dejó un pinchazo y una estocada fea que hizo guardia por el costillar antes de cobrar una estocada.

La otra oreja del festejo la cortó en el primero de la tarde Adrián Villalba tras un trasteo aseado en el que no terminó de exprimir las buenas cualidades del eral. En el segundo de la tarde, Álvaro Passalacqua fue a recibirlo a portagayola donde le dio una larga cambiada; con la muleta, el malagueño de padre sudamericano estuvo voluntarioso y animoso, aunque le faltó ajustarse más con el animal. Con los aceros no estuvo acertado.

El portugués Joao D’Alva brilló en el tercio de banderillas, dejando tres pares ejecutando muy bien la suerte y demostrando solvencia y precisión –se nota que tiene como mentor al torero luso Víctor Mendes–. Con la muleta, instrumentó algunos muletazos estimables. Dejó una estocada perpendicular y tres descabellos.

Cerró el festejo el valenciano Carlos Collado, un novillero muy tranquilo y que hizo las cosas siempre muy despacio. Con la muleta intentó hacerlo todo por bajo logrando algunos muletazos de buena factura. Mató de media estocada.

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