Tabacalera se tiñe de rojo

'Lenin en la tribuna' (1927), obra de Isaac Brodsky incluida en la exposición anual del Museo Ruso. /SUR
'Lenin en la tribuna' (1927), obra de Isaac Brodsky incluida en la exposición anual del Museo Ruso. / SUR

La Colección del Museo Ruso estrenará en febrero su nueva exposición anual dedicada al realismo socialista que fagocitó el arte de aquel país durante más de medio siglo

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Ya no veía la necesidad de seguir. Sentía que había llevado la pintura hasta su última frontera, así que a partir de ese momento se dedicaría «únicamente a rezar». Kazimir Malevich había alumbrado su 'Cuadrado negro' y su 'Blanco sobre blanco', con ellos había afilado la punta de lanza de la vanguardia artística de principios del siglo XX y dos años después del triunfo de la revolución bolchevique, vislumbraba que los derroteros del arte en su país poco o nada tendrían que ver con sus ideas. Aquello tardaría casi dos décadas en asentarse, pero cuando lo hizo, se perpetuó durante más de medio siglo como única opción viable y visada por el poder comunista: Rusia se había convertido en la Unión Soviética y la creación artística quedaba sometida al dictado del realismo socialista.

A ese periodo dedicará la Colección del Museo Ruso su próxima exposición anual. El pasado miércoles, la agencia municipal que gestiona la filial malagueña del Museo Estatal de Arte Ruso de San Petersburgo aprobaba la programación expositiva de la franquicia instalada en Tabacalera para 2018 y SUR ha tenido acceso a esos contenidos. Así, 'Radiante porvenir. El realismo socialista soviético' reunirá entre el 10 de febrero de 2018 y el mismo día de 2019 un conjunto de 132 piezas, de las que 108 proceden del Museo de San Petersburgo con un valor asegurado de 30,38 millones de euros.

Olga Yanovskaya firma el ‘Retrato de delegadas del VI Congreso’ (1932).
Olga Yanovskaya firma el ‘Retrato de delegadas del VI Congreso’ (1932).

«Las décadas de los 30 a los 50 son un período extremadamente controvertido en la historia del arte ruso. El régimen totalitario establecido entonces en la Unión Soviética controlaba todas las esferas de la vida: incluso el proceso artístico fue regulado por el Estado. (...) El realismo socialista se convirtió en el lenguaje obligatorio para todo el arte soviético», avanzan desde el Museo Ruso, que sigue el hilo cronológico en sus exposiciones anuales, ya que la actual muestra sobre la dinastía Románov será sustituida por esta dedicada al arte auspiciado por quienes derrocaron a la familia de zares.

La muestra

Título.
‘Radiante porvenir. El arte del realismo socialista
Fechas.
Del 10 de febrero de 2018 al mismo día de 2019.
Piezas.
La nueva exposición anual ofrecerá en las salas de Tabacalera un conjunto de 132 obras.

«La exposición sobre los Románov se organizó al hilo del centenario de la revolución de 1917, con la intención de visualizar el mundo al que ponía fin aquel episodio y a continuación nos centramos en un periodo muy interesante y menos monolítico desde el punto de vista estético de lo que a menudo se piensa», defiende el director de la agencia local responsable del Museo Ruso, José María Luna.

En su presentación, Luna destaca «la rotundidad de los formatos» de buena parte de las obras reunidas en el montaje sobre el realismo socialista, que alcanzaría su velocidad de crucero a partir de los años 30 del siglo pasado. «Durante esa década, las relaciones entre el arte y el Estado adquirieron otro carácter, teniendo como resultado un arte realista, celebrativo y monumental, del que destacó la función instrumental y propagandística con la que fue empleado por parte del Estado», escribe Miguel Cabañas Bravo en 'El arte posicionado', incluido en 'Summa Artis'.

Los pintores del régimen

Ahí está la pincelada posimpresionista de Isaac Brodsky en los dulcificados retratos de Lenin (1927) y Stalin (1937), a los que acompañan visiones idealizadas de la colectividad soviética en piezas como 'Demostración' (1930) y 'Celebración de la Constitución' (c. 1932).

«Menos académico y acabado que la obra de Brodsky» percibe Cabañas el trabajo de Aleksandr Gerasimov, otra referencia destacada en la próxima exposición del Museo Ruso. 'Madre de guerrilla' (1943), 'Lenin en el segundo congreso de soviets' (1935-36) y una vista de la Catedral de Moscú datada en 1947 ofrecerán la obra del considerado como el 'pintor oficial' de la revolución de octubre.

A la hora de asomarse al imperio absoluto del realismo socialista como lenguaje artístico desde mediados de los años 30 hasta finales de los 80, la historiadora Ekaterina Degot ofrece su propia interpretación en 'El realismo socialista o la colectivización de la modernidad': «Para entender la particularidad del arte soviético como un tipo de arte colectivizado (...) es necesario reconocer que los artistas del período estalinista (exceptuando a los de las décadas de 1960 y 1970) estaban en el país de forma voluntaria».

«Quienes se habían opuesto categóricamente a la política bolchevique -sigue Degot- o se habían orientado hasta entonces hacia el mercado internacional (Naúm Gabo, Vasili Kandinsky, Marc Chagall, Aleksandra Ékster) habían abandonado el país con bastante rapidez, una opción que permaneció abierta a lo largo de la década de 1920. Aquellos que se quedaron compartían la noción de arte soviético y la idea de que los principios de su organización debían ser diferentes de los del arte burgués».

Degot firma esta conclusión en uno de los textos incluidos en el catálogo de la exposición que la Fundación Juan March dedicó entre 2011 y 2012 a Aleksandr Deineka, quizá la referencia más popular incluida en la nueva exposición del Museo Ruso, que ofrecerá sus pinturas 'Mediodía' (1932) y 'Conversación de la Brigada Colectiva Agrícola' (1934).

Deineka ilustra como pocos el tránsito de muchos artistas rusos desde unos inicios vinculados a la vanguardia hacia la asimilación de la estética y la retórica socialistas. Tanto es así que a Deineka se le suele reconocer como el autor que más y mejor intentó hacer coincidir ambos caminos con la incorporación de lenguajes propios de la vanguardia al realismo soviético.

Es más, tal y como escribe Manuel Fontán en el catálogo de aquella exposición de la Fundación Juan March: «La vanguardia suele ser esquemáticamente glorificada como un valiente experimento utópico de gran valor y novedad formal, y el realismo socialista, castigado como un reaccionario tradicionalismo sin valor artístico y al servicio de la propaganda política». Una dicotomía que superaba aquel proyecto de la Fundación Juan March. Ahora es el turno del Museo Ruso.

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