EL SUEÑO DE EUROPA

Juan Francisco Gutiérrez
JUAN FRANCISCO GUTIÉRREZMálaga

Al Parlamento Europeo le quita un poco el sueño, ay, el sueño de los europeos. La semana pasada aprobó en pleno pedir que se evalúe la eliminación de los cambios de hora que cada seis meses nos obligan a adelantar o atrasar los relojes. El próximo cambio tocará en marzo, aunque ya veamos alargar las tardes un poquito más, como preludio de esa primavera añorada este invierno que da frío hasta en las pestañas.

No hubo dos sin tres sino hasta 384 votos a favor de repensar el trajín horario y anular esa cantinela que se repite dos veces al año: la de a las dos serán las tres o viceversa. Ahora la decisión es de la Comisión Europea, que es quien tiene mano en lo de las manecillas. Pero el debate irá para largo porque la burocracia de la UE es una pesadilla y encima en este tema nunca sale el sol a gusto de todos.

Los partidarios de dejar la cosa como está dicen que las industrias ahorran energía, por más que nuestros cuerpos anden luego renqueando cada vez que toca la mudanza relojera. Ya saben: esa brusca adaptación al horario que nos empuja en marzo a alargar el día soleado en las terrazas y en octubre a recogernos prontito, cada mochuelo a su olivo. Pero en Finlandia, donde no se estilan las cañitas ni es tierra de olivares, han recogido 70.000 firmas en contra de esta norma obligada en toda la Unión. Quieren dar caña con la cuestión porque estando tan arriba y con tan poca luz, dicen que tanto cambalache les perturba, que el cansancio provoca accidentes de tráfico.

Total que si al fin se salen los fineses con la suya habría una horita de sol menos en las tardes de verano y sería noche cerrada cuando toque madrugar en invierno. ¿Una bicoca? Me da que en España esta idea no molaría: bien porque siempre hacemos de nuestra capa un sayo, bien porque somos unos eternos insatisfechos por aquello de que no dormimos lo suficiente. Parte de la culpa la tiene la televisión, y no sólo por Cárdenas. A lo mejor si el éxito de Pablo Motos no obligase al resto a estirar el inicio del 'prime time', otro gallo nos cantaría. Una mijita más tarde, o sea.

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