Sublime Patiño

Crítica de arte

La propuesta expositiva de Lois Patiño, una suma de vídeos que toman el espacio de la Galería Isabel Hurley, está marcada por la profunda espiritualidad, por la relación del ser humano con la Naturaleza y por la consecuente enunciación de ‘lo sublime’

Una de las sugerentes imágenes de ‘Fajr’ de Lois Patiño. /SUR
Una de las sugerentes imágenes de ‘Fajr’ de Lois Patiño. / SUR
JUAN FRANCISCO RUEDA

Introducirnos en la Galería Isabel Hurley, sumida en la más profunda oscuridad para esta primera exposición de Lois Patiño (Vigo, 1984), es una suerte de viaje hacia una metafórica aurora. Entrar en la oscuridad para llegar a la luz, al amanecer que sucede a la noche. Pero es también la aurora del auto-reconocimiento, de la toma de conciencia que, como espectadores, obtenemos de nosotros mismos a través de los vídeos de Patiño. La pieza central de la exposición, que le presta su título a la misma, es ‘Fajr’, la oración matinal o del amanecer que, aunque no es obligatoria, se prescribe en el Islam justo para ese lapso del día, el que discurre entre las primeras luces y la definitiva salida del sol que con su luz inunda todo pareciendo revelar lo oculto. Esa oración cantada en lo que parece la voz de un almuédano o de un imán inunda el espacio de la galería, convirtiéndose en uno más de los elementos que nos transportan y elevan en esta suerte de viaje interior en el que se configura la exposición de Patiño.

En ‘Fajr’, que nos envuelve con su sonido, encontramos uno de los elementos fundamentales de este conjunto de vídeos, imprescindible para generar en nosotros esa experiencia de auto-reconocimiento. A saber, la confrontación del ser humano y la Naturaleza. Esa suerte de paralaje, de lo finito, vulnerable y llamado a extinguirse de las personas en el paisaje, manifestando la Naturaleza su carácter eterno, infinito y cómo se desatan sus fuerzas, se va a convertir en un metafórico espejo que nos proyecte una imagen veraz de nosotros. De este modo, en ‘Fajr’, a la orilla de un mar que rompe, en el rebalaje, una figura que viste chilaba y esconde su cabeza bajo la capucha, de manera que se configura como un arquetipo, como imagen nuestra, permanece durante un tiempo en el incesante vaivén de las olas hasta que, en una especie de ejercicio de regeneración, de ciclo de la vida (muerte y nacimiento), otro personaje similar aparece y el primero se convierte en un ente etéreo que desaparece. Una situación análoga se produce en otros vídeos, sólo que los personajes se hallan en el inabarcable desierto, donde el desamparo de éstos es si cabe mayor respecto al vídeo del mar. Justamente, algunas de estas imágenes en el desierto hacen resonar en nuestra memoria la fotografía de uno de los maestros del pictorialismo fotográfico, el español José Ortiz-Echagüe, quien en algunas de sus fotografías realizadas en Marruecos, como ‘Siroco’, hacía enfrentar al ser humano con las fuerzas de la Naturaleza.

‘Montaña en sombra’, otro de los vídeos de la exposición.
‘Montaña en sombra’, otro de los vídeos de la exposición. / SUR

Y es que, Patiño, al incluir la figura humana en el paisaje, al confrontar el poder y lo inaprensible de la Naturaleza con la finitud de esos seres que evidencian su/nuestra condición efímera, enuncia la idea de ‘lo sublime’. ‘Extractos de la imagen’, otro de sus vídeos que conforman la exposición, resulta paradigmático de cómo ‘lo sublime’ posee la facultad de devolvernos un reflejo acerca de nuestra condición. En este vídeo, una persona se sitúa ante una cascada de agua. Nos proyectamos en ese ser humano que asiste a cómo la Naturaleza se manifiesta no sólo a través de lo inabarcable e inaprensible, también lo hace a través de sus elementos desencadenados. Esta imagen en movimiento, por momentos hipnótica, no puede por menos que recordarnos a uno de los ‘pensamientos’ del matemático y filósofo francés del siglo XVII Blaise Pascal: «El hombre no es más que una caña, la más débil de la naturaleza: pero es una caña que piensa. Para destruirla no es necesario que se una el Universo entero. Basta una gota de agua para ello. Pero, cuando el Universo lo destruye, el hombre es todavía más noble que quien lo mata, porque sabe que muere, mientras que el Universo no sabe la superioridad que tiene sobre él. Toda nuestra dignidad consiste, pues, en el pensamiento.» Y de esa manera, ante los vídeos de Patiño, pensamos nuestros límites y nuestra inferioridad, como en éste en el que la persona que se enfrenta a la violenta caída de agua parece transmutarse en esa débil caña de la que hablaba Pascal.

Lois Patiño. ‘Fajr’

La exposición.
6 vídeos de distintas fechas que se articulan en una suerte de instalación ambiental a la que ayuda que todo el espacio de la galería se ha sumido en la oscuridad. El artista ensaya distintos dispositivos de proyección, lo que genera un montaje o instalación dinámica. Patiño incorpora distintos tratamientos a la imagen en movimiento, de manera que transforma el sentido del flujo fílmico.
Lugar.
Galería Isabel Hurley. Paseo de Reding, 39 bajo, Málaga.
Fecha.
Hasta el 13 de abril.
Horario.
De martes a jueves, de 11.00 a 13.30 h. y de 17.30 a 20.30 h.; viernes, de 11.00 a 14.00 h. y de 18.00 a 21.00 h.; y sábados, de 11.00 a 14.00 horas.

Y junto a la categoría de ‘lo sublime’, Patiño enuncia también la de ‘lo pintoresco’, que podemos intuir en el vídeo ‘Noite sem distancia’ y, en menor medida, en ‘Montaña en sombra’. En ellos se proyecta otra relación con la Naturaleza, en parte distinta a la que se desliza de ‘lo sublime’. La Naturaleza no se proyecta exclusivamente a través de su magnitud y fuerza descontrolada, como tampoco la presencia del ser humano obedece a la consecución de un ‘retrato’ de nuestra fragilidad y vulnerabilidad frente a lo natural. ‘Noite sem distancia’ recorre el paisaje gallego, entre lo romántico y ‘lo pintoresco’, para situar una narración en torno al contrabando. El relato parece una excusa para acercarnos a algunos de los valores característicos del entorno natural gallego, como sus bosques o parroquias rurales, así como al modo de vivir la Naturaleza el habitante de aquella tierra. Este vídeo es un ejemplo de cómo Patiño incorpora los valores semánticos del tratamiento de la imagen, que, en este caso, desliza cierta consideración espectral de los seres y del propio hábitat.

Adquieren una importancia determinante los dispositivos o interfaces que emplea Lois Patiño. Ya no sólo que esta exposición podamos considerarla una vídeo-instalación de vídeo-instalaciones, una suma de vídeos con un claro valor de construcción ambiental, sino que el artista gallego genera distintas soluciones para proyectar cada uno de ellos. Son especialmente interesantes los vídeos que se proyectan sobre pequeñas pantallas textiles que se suspenden en el espacio y que se llegan a combar rompiendo la tradicional planitud, al tiempo que acentúan el carácter etéreo y espiritual de sus imágenes.

Junto a ellas, vídeos en monitores y proyecciones sobre pared a gran tamaño, aunque éstas últimas poseen la particularidad de arrancar desde el suelo, reafirmando la vinculación de los personajes que aparecen en esos metrajes con lo terrenal. La oscuridad reinante, a lo que ayuda que se hayan cegado las ventanas, la cristalera que da al ojo-patio y que se hayan pintado de negro las paredes, ayuda a crear una atmósfera general en la que quedamos imbuidos. La situación de cada vídeo es precisa, de modo que ninguno interfiere sobre los restantes. Asimismo, los vídeos que cuentan con sonido ayudan a acentuar el recogimiento y sentido trascendental de las imágenes en movimiento. Todo ello opera hábilmente para sumirnos en una auténtica experiencia interior en la que llegar a la aurora que venga a iluminarnos.

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