Steve Coleman: «No creo en la palabra ‘jazz’, lo que hago prefiero llamarlo música»

El músico estadounidense abrirá el Festival de Jazz de Málaga el próximo 8 de noviembre/SUR
El músico estadounidense abrirá el Festival de Jazz de Málaga el próximo 8 de noviembre / SUR

«Los Estados Unidos fueron construidos con el racismo como base; eso no es nuevo y por eso siempre ha existido, con Trump y sin él», sostiene

Iván Gelibter
IVÁN GELIBTER

Steve Coleman (Chicago, septiembre 1956) será el primer artista que se suba a las tablas del Teatro Cervantes en esta nueva edición del Festival de Jazz de Málaga. Pese a la cantidad de discos publicados a lo largo de su carrera, él sigue definiendo su trabajo como un «viaje» a lo largo de su vida en el que huye de cualquier tipo de etiquetas. Han calificado su música como bebop, funk, hip-hop, música africana y free-jazz, pero lo primero que desvela es que no siente que esté haciendo jazz. Coleman aprovecha también para profundizar sobre la cuestión racial, de la que dice no haber cambiado en cantidad, aunque sí reconoce que con la llegada de Trump los grupos más extremistas se han empoderado.

Festival de Málaga

Steve Coleman. 8 de noviembre, 20.30 horas.
El saxofonista y compositor Steve Coleman es uno de los músicos más influyentes del jazz y cabeza de algunos de los proyectos discográficos más sobresalientes de las últimas décadas. Fundó junto a Greg Osby y Cassandra Wilson el colectivo M-Base.
Ron Carter. 9 de noviembre, 20.30 horas.
Considerado como pieza clave de la historia del jazz, el contrabajista norteamericano Ron Carter, lejos de retirarse, sigue a sus 80 años depurando su soberbio estilo, sigue publicando innovadores álbumes y sigue prodigando talento en sus directos por todo el mundo.
Eliane Elías. 10 de noviembre, 20.30 horas.
Aunque en España muchos la descubrieron por el documental Calle 54, de Fernando Trueba, la compositora y pianista brasileña Eliane Elias ya era entonces una de las figuras más reconocidas del jazz latino.
Dave Holland. 12 de noviembre, 20.30 horas.
Desde su debut, el contrabajo de Dave Holland se ha escuchado en contextos diferentes como la época eléctrica de la banda de Miles Davis, la fundación del grupo Circle junto a Chick Corea o Anthony Braxton o de The Gateway Trio
Fancinemajazz. 13 de noviembre, 20.30 horas.
La Orquesta Sinfónica Provincial de Málaga, y el sexteto armado ad hoc por el ilustre vibrafonista con proyección internacional Javier Navas, recorrerá bandas sonoras premiadas con el Oscar.

Este concierto del próximo 8 de noviembre lo realiza con sus Five Elements, proyecto original que lo acompaña desde 1981, en los que también se alinean Jonathan Finlayson a la trompeta, Anthony Tidd al bajo, Sean Rickman a la batería y Myles Okazaki a la guitarra. Los sets de Steve Coleman suelen tener un «alto octanaje funk», como le definen desde el ciclo. No en vano, el fundador del influyente colectivo M-Base fue en sus inicios admirador de Maceo Parker.

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Estos próximos días actuará en el Festival de Jazz de Málaga, que ya cuenta con varios años de historia y una gran afluencia de público. ¿Cuál cree que es la situación actual del jazz a nivel global?

–Bueno, es que yo quizá no llamaría jazz a lo que yo hago. No creo en la palabra para nada; simplemente prefiero llamarlo música. En mi opinión, lo que ofrezco es una composición que decido en directo. A veces cuando nos preguntan el nombre de una canción que hayamos tocado no sabemos qué decir, ya que improvisamos todo el tiempo. Sé que hay mucha gente que a esto lo llama jazz, pero yo no lo hago.

–¿Por qué no?

–Porque no es un término que signifique algo para mí. Nunca lo ha sido, y no soy el único. Hay muchos que rechazan el término, pero los medios y las productoras sí lo hacen, pero yo sigo insistiendo en que no pertenezco a esa categoría.

Usted creó el M-Base, eso sí. ¿Cómo lo definiría?

–El M-Base es una forma de pensar en cuanto a la música. No es un estilo en sí mismo, es simplemente un término que usamos para describir cómo pensamos la música hoy en día. Muchas veces me han preguntado sobre el M-Base pensando que era un estilo, pero no lo es; es más una filosofía, mi experiencia con la creación de música a lo largo de mi vida. Esa la misma razón porque la rehúyo de la palabra jazz. Para mí la música es una forma de contar las experiencias de mi vida que no se puede circunscribir a un término en concreto. Le pongo un ejemplo: la gente que vivía en la edad media no sabía que así se llamaba su tiempo, igual que ahora no sabemos cómo se llamará en el futuro esta época. Crear una categoría para algo que estamos componiendo en este tiempo no es algo que vaya conmigo.

– ¿Qué tipo de álbum es ‘Morphogenesis’? Se trata de su último trabajo...

–Así es. Todas esas piezas grabadas también fueron fruto de la improvisación. Pero es lo que decía antes. Cuando miro atrás y veo todos mis discos o mis trabajos –como prefiera llamarlos–, no los veo por separado, sino como una experiencia continua. La gente piensa que son discos por separado, pero cuando me preguntan por un disco o un concierto en concreto, yo les respondo:«Y tú, ¿qué piensas de este momento en concreto de la vida?». No sé, ya le digo que para mí forma parte de un todo, aunque es evidente que uno pasa por diferentes momentos a lo largo de su vida, y siente cosas distintas. Pero de eso se trata, de ir pasando de una etapa a otra. Toco todo el tiempo, algunas veces en público y otras no, así que no distingo las cosas como uno pudiera esperar. Es un viaje que dura toda la vida, pero siempre me siento bien en todos los sitios en los que toco música y para los que lo hago. Para mí cada lugar especial; cada público es especial, y todos son diferentes entre ellos.

Entonces, ¿toca algo diferente dependiendo del lugar?

–Sí, tocamos cosas distintas en función de la energía que percibamos. Cada lugar me hace sentir de una manera, y así lo plasmo. Nosotros no vamos con un listado de canciones que siempre son las mismas.

- Claro, ahora resulta más complicado preguntarle qué pueden esperar los asistentes a su concierto...

–(Risas). Bueno, yo les diría que vengan con la mente abierta, que no van a escuchar algo que yahayan escuchado en una grabación. Cada vez que actuamos es como un viaje, no es como un concierto de pop en el que la gente canta las canciones, como Sting por ejemplo. El concierto será más un viaje de la imaginación; eso es lo que pueden esperar.

Dejando a un lado la parte musical, sí le quería preguntar sobre la situación en Estados Unidos. Da la sensación de que desde que Donald Trump fue elegido presidentes de su país, los gestos y agresiones racistas han ido en aumento. ¿Cree que la situación ha empeorado en los últimos tiempos?

–No creo que, por ejemplo, haya ahora más grupos racistas que antes. El racismo siempre ha estado presente en Estados Unidos;lo que pasa es que ahora se sienten más empoderados para expresarse públicamente. El odio contra los afroamericanos siempre ha estado ahí, como con el Ku Klux Klan. Estaba en la época de Obama, con Bush y con Clinton. Es que es todo el sistema el que es racista, no solo una persona. Lo que pasa, como le decía, es que muchos de estos grupo radicales ahora son más visibles porque se ven con fuerza. Sienten que tienen a alguien en la Casa Blanca que ve las cosas más parecidas a como las observan ellos. Pero mire, se lo digo claro, los Estados Unidos fueron construidos con la base del racismo. Eso no es nada nuevo, y no somos los únicos. Ahí está el caso de Australia. No es una novedad.

–¿Qué le parece el movimiento ‘Black Live Matters? En concreto el hecho de que los deportistas afroamericanos hayan decidido ponerse de rodillas cuando suena el himno americano. ¿Cree que ese tipo de acciones que recorren el mundo visibilizan el problema al hacerlo global?

– Mire, para mí, pero puede que para mucha gente sí sea importante. Hay personas que necesitan que se creen este tipo de movimientos para poder advertir de las cosas que están pasando. Pero en realidad no creo que hagan falta estas cosas para mostrar el mundo –o a las personas cercanas– lo que sucede. Uno debería poder pensar por sí mismo y tener la capacidad de ver qué pasa a nuestro alrededor, pero hay otras personas que necesitan esa especie de conexión con movimientos globales. Sobre todo la gente joven, que quieren sentirse parte de algo. Aun así, es innegable que con este tipo de cosas se pueden conseguir avances, tanto a niveles institucionales, como como en la gente de a pie. Aunque tampoco me atrevo a decir en qué profundidad puede afectar.

Entiendo...

–Pero es que al final, esta es otra forma de expresarse, y la gente necesita expresarse, aunque sea a través de las protestas.

En esta información ha colaborado Mindy Burrows.

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