El ‘sorolla’ incautado por Fidel Castro vuelve a casa

La desaparecida obra ‘Castillo de Málaga’ regresa a la familia de origen español y afincada en Miami que la reclamaba

El cuadro ‘Castillo de Málaga’, pintado por Joaquín Sorolla en 1910. /
El cuadro ‘Castillo de Málaga’, pintado por Joaquín Sorolla en 1910.
Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Es una obra de mediano formato. Con la luz mediterránea atrapada a brochazos impresionistas que arrancan desde el azul del mar, trepan por las casas blancas de la Coracha hacia la fortaleza de Gibralfaro que corona y da título al cuadro: ‘Castillo de Málaga’ (1910). Un óleo con la firma del gran Joaquín Sorolla (Valencia, 1863-Cercedilla, 1923) que se puede considerar la obra más disputada del pintor valenciano. Su trepidante historia incluye a una acaudalada familia de coleccionistas, la incautación por parte del Gobierno de Fidel Castro, una venta irregular al extranjero, una disputa legal que implicó a una célebre casa de subastas y hasta una denuncia internacional en virtud de la Ley Helms-Burton. Un relato propio para un filme de suspense que ha tenido un final feliz con el regreso de la polémica pieza a sus legítimos dueños.

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La noticia la confirma , bisnieta del artista y máxima experta en la obra del pintor valenciano. «Ha vuelto con los descendientes de sus propietarios originales, que son los que valoran la obra y la van a cuidar», explica la especialista sobre esta rocambolesca historia que se remonta a los años 30 del siglo pasado, momento en el que el cuadro, también conocido como ‘Puerto y Castillo de Málaga’ o ‘Vista de Málaga’, fue adquirido por el coleccionista José Gómez Mena, un empresario cubano de origen burgalés al que le gustaba decorar su casa con piezas de grandes maestros españoles, como Goya, Murillo y, por supuesto, Joaquín Sorolla.

La hija del industrial, Lilian Gómez Mena, se casó con Alfonso Fanjul, descendiente de otro gran imperio cubano de origen español, en este caso asturiano. La unión dio lugar al tercer grupo más influyente del mundo en producción de caña de azúcar. Un emporio que tuvo que mudar su sede central y vital a Miami cuando la revolución de Fidel Castro triunfó y nacionalizó las plantaciones de esta familia en 1959. En el lote se incluyeron sus residencias y la mansión habanera del barrio de El Vedado, donde colgaban los ‘sorollas’ y el resto de piezas, que fueron incautadas por el Gobierno cubano. Muchos de estos cuadros pasaron a formar parte del Museo Nacional de Bellas Artes. Entre ellas, ‘Castillo de Málaga’.

Esta obra de madurez, pintada en la capital malagueña durante la visita del pintor con su familia entre finales de febrero y comienzos de marzo de 1910, fue vendida por el Gobierno de Castro, pero su salida de la isla no fue transparente. En 1995, el cuadro llegó a la casa Sotheby’s que señaló la obra para una subasta, aunque cuando los Fanjul tuvieron conocimiento de esta venta lanzaron la puja más fuerte al reclamar legalmente su devolución y pedir que el Gobierno de EE UU investigara a la firma británica por violación de la Ley Helms-Burton de comercio con Cuba, según explicó entonces el abogado y portavoz de los coleccionistas a ‘El Nuevo Herald’

Esta obra de Sorolla se convirtió en el estandarte de la restitución a los Fanjul de su colección de arte

Su gran valor

Una polémica tras la cual volvió a perderse la pista de ‘Castillo de Málaga’. A mediados de la década pasada se reactivó la lucha de los propietarios originales por recuperar la obra que, según estimaciones de entonces, su cotización podría situarse en una cifra que rondaría el medio millón de euros. No obstante, según reconocieron sus antiguos propietarios, la pieza en disputa tenía fundamentalmente un gran valor simbólico para los descendientes de los Fanjul Mena como estandarte de la reclamación de su colección incautada por Cuba.

Nada se había vuelto a saber hasta ahora de la disputada obra de Joaquín Sorolla. Según ha podido confirmar SUR, los descendientes de los propietarios originales han vuelto a colgar la obra en la galería familiar, aunque en este regreso ha mediado una recompra que, para sus actuales dueños ¬–y pese al desembolso–, ha tenido sabor a victoria. Un final feliz para una obra emblemática de la colección Fanjul que ha estado más de medio siglo fuera de casa.

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