El solo (acompañado) de Luz Arcas

Luz Arcas en el ciclo Huellas /Fernando González
Luz Arcas en el ciclo Huellas / Fernando González

La malagueña, embarazada de ocho meses, estrena una pieza en el ciclo Huellas adaptada a los cambios de su cuerpo

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Dice que como mejor se encuentra es bailando. Ahí no hay dolores ni incomodidades. Es su estado natural, lo que lleva haciendo desde hace años y ahora, embarazada de ocho meses, también. La malagueña Luz Arcas afronta la última etapa de la gestación sobre los escenarios, adaptándose a los cambios de su cuerpo y de su mente sin dejar de ser ella misma. Anoche lo hizo con el solo ‘Embodying what was hidden’, dentro del ciclo Huellas que impulsa la UNIA (Universidad Internacional de Andalucía) con Eléctrica Cultura en su sede de Málaga. Y –«si llego»– la semana que viene estará en Madrid.

«Ha cambiado mi forma de bailar. El cuerpo anatómicamente no es el mismo. Y afecta a todo, a cómo se aborda el movimiento, cómo se interpreta, al nivel de concentración...», enumera la bailarina y directora de La Phármaco, junto con Abraham Gragera. No es ni mejor ni peor, «solo que las dinámicas son diferentes».

Ha bajado el ritmo y la intensidad del baile en los ensayos, pero no las horas de trabajo, coreografiando su próximo espectáculo mientras mantenía en lo posible el cuerpo en forma con rutinas de ejercicio. Solo en un par de ocasiones le han sustituido en la obra ‘Kaspar Hauser. El huérfano de Europa’, la pieza más dura de su repertorio, pero en el resto ha seguido ella al frente. «Necesitaba moverme. Si no, me daba algo. Y creo que es bueno para las dos», cuenta, refiriéndose a la niña que espera.

De entrada, admite que el nuevo estado ha sido «una fuente de alimentación constante». «Todo lo que me pasaba en el cuerpo y la cabeza ha sido una continua sorpresa y eso ha estado presente en todos los procesos creativos durante este tiempo», asegura la bailarina, premio El Ojo Crítico de Danza y premio Lorca a la mejor intérprete.

En una sala interior del Edificio Mena, sede de la UNIA, Luz Arcas estrenó en España la pieza corta ‘Embodying what was hidden’, una danza-manifiesto creada para acompañar a una conferencia en la Universidad de Nueva York sobre las preocupaciones poéticas, estéticas y temáticas de La Phármaco. Después, ya sin texto, la bailaría en el Instituto Cervantes de Berlín y en el International Arts Festival de Nueva Delhi.

Es «el germen» que dio lugar a ‘Miserere. Cuando la noche llegue se cubrirá con ella’ y también estará detrás de la nueva creación. «Profundiza mucho en devolverle a la danza contemporánea su origen de danza pura, ir a los principios, al folclore», detalla. Por eso en esta pieza se da especial importancia a la espontaneidad del gesto, de las manos, de cierto estar en escena que implica una «necesidad inmediata de comunicar» a una colectividad.

Luz Arcas huye del sentido de la danza contemporánea como un ejercicio intelectual que separa al intérprete del espectador. Todo lo contrario: ella busca una conexión entre ambos mundos, como sucede en el folclore, algo a lo que contribuye la danza en espacios no convencionales como el de ayer. Porque ese es, precisamente, el objetivo del ciclo Huellas: sacar el movimiento de los escenarios clásicos para ponerlo en contacto con el público y su entorno.

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