DOS SILLAS, DOS INTÉRPRETES Y UNA PASIÓN

ÓSCAR ROMERO

Lope de Vega dijo, según expertos en la historia del teatro, que para contar una historia sobre un escenario (el Teatro) bastan tres palos: dos intérpretes y una pasión. Eso lo viene demostrando Rafael Álvarez 'El Brujo' desde hace lustros, con historias diferentes adaptadas por él y expresadas con su estilo, propio de gran cómico de la escena española. Al Teatro Romano de Málaga ha traído en esta V Edición del Festival de los Teatros Romanos de Andalucía 'El Asno de Oro' de Lucio Apuleyo, en versión del propio Rafael Álvarez. Cuenta Apuleyo la historia de un hombre que mediante hechizo fue convertido en asno y las peripecias a que le llevaron su transformación física, aunque no intelectual, ni de sus apetitos carnales. La versión de El Brujo va enlazando, de forma anárquica, el texto original con otros montajes por él interpretados y con sucesos y personajes reales actuales, al modo de las comedias de Aristófanes y con lo que Álvarez, con su veterana maestría, logra entretener durante hora y media con su agudo sentido del humor y habilidad para conectar con el público. Sustituye los tres palos (escenografía lopesca) por dos sillas, los intérpretes son él y el músico que interactúa con lenguaje de un violín y un teclado, más una historia contada con la pasión de El Brujo: eso que Lope de Vega dijo que hacía falta para hacer Teatro.

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