«Siempre es el momento de contar la historia de las mujeres»

Aitana Sánchez-Gijón ya estuvo en el pasado Festival de Teatro con el montaje de Medea./Susanna Sáez
Aitana Sánchez-Gijón ya estuvo en el pasado Festival de Teatro con el montaje de Medea. / Susanna Sáez
35 Festival de Teatro de Málaga

Aitana Sánchez-Gijón, protagonista de ‘Las troyanas’

Iván Gelibter
IVÁN GELIBTER

Aitana Sánchez-Gijón lleva ya varios años siendo la referencia en las tablas españolas. Tras el éxito de ‘Medea’ el año pasado, regresa ahora al Festival de Teatro con ‘Las troyanas’, otra obra de influencia clásica con el texto de Alberto Conejero: una forma de contar la Guerra de Troya; la más «universal» de todas las guerras de la literatura.

‘Las troyanas’, pese a ser un texto ‘nuevo’, es en realidad una obra clásica. Sin embargo, parece que llega en el momento oportuno. ¿Ha llegado, ahora más que nunca, el momento de contar las historias de las mujeres?

–Bueno, yo creo que siempre es el momento de contar la historia de las mujeres. De hecho, que lo hiciera Eurípides hace tanto tiempo tiene un valor enorme. El relato siempre lo han contado los vencedores; los que organizan las guerras; los hombres. El modo del relato siempre se toma a los héroes de la guerra desde un punto de vista en el que la mujeres no existen, y si existen es para ser parte del botín que se reparten los vencedores. Se trata de poner el foco en las olvidadas de los olvidados. Es algo que desgraciadamente sigue siendo importante hoy en día, pero no más importante que en otros momentos, sino que nunca o casi nunca ha existido la posibilidad de dar voz a esas mujeres olvidadas.

El argumento pasa, precisamente, por cómo los hombres tratan a las mujeres. En este caso es después de una guerra, pero es un elemento común a cualquier otro contexto. ¿Qué aporta ‘Las troyanas’ como forma de relatar esta realidad?

–Creo que lo más importante de esta versión, y que Alberto Conejero ha intentado plasmar en el texto, es que no se convierte casi en exclusiva en un lamento, sino que va un paso más allá. Mi personaje de Hécuba digamos que es la madre universal que simboliza un poco la dignidad de todas esas mujeres que siguen insuflando valor. Y cómo la fuerza para seguir adelante de las mujeres que han perdido todo pasa precisamente por la necesidad de mantener la palabra y la memoria vivas por encima de todo. Es decir, no permitir que el relato lo escriban los vencedores. En un momento, Hécuba dice: ‘Habla porque los invasores están regresando sus casas, y serán ellos los que escriban tu historia’. Solamente te queda la voz; la memoria... Te dejas morir si te hundes en la miseria, porque lo has perdido todo: tus hijos, tu patria, tu esposo. Y tú vas a ser repartida como parte del botín de guerra. Y si te dejas morir pues no hay posibilidad para reconstruir la civilización perdida. Este es el punto de vista que creo que hay que rescatar de esta versión.

La intérprete vuelve a un montaje clásico en el que reivindica el papel de las mujeres tras las guerras

«La obra pone el foco en las mujeres; las olvididadas de los olvidados»

Además del papel de las mujeres, este montaje de ‘Las troyanas’ se sitúa, según reza el argumento, en Siria. ¿Cree que lo que está ocurriendo en Oriente Medio es la Guerra de Troya moderna? ¿Por qué esa relación entre ambos conflictos?

–No es exactamente así. No se sitúa en Siria, sino que ocurre en Troya. Hablamos de que estamos en Troya. Lo que pasa es que hay una serie de proyecciones en las que aparece Alepo. Hay imágenes de éxodos –de mujeres y hombres– personas que parten al exilio, refugiados, mujeres chechenas... Mostramos el conflicto pero sí es cierto que la obra nos trae al mundo de hoy en día; a los conflictos que nos rodean y que siguen teniendo a las mujeres como las grandes víctimas, además, ni siquiera reconocidas como víctimas principales de las guerra. Mire por ejemplo lo que está pasando con las niñas de Boko Haram. Muchas de ellas han vuelto de esos raptos, de esas violaciones y de esos secuestros y no han podido quedarse en sus casas, sino que han sido rechazadas. Algunas de ellas han vuelto incluso con sus captores, porque a fin de cuentas las trataban hasta mejor que en sus propios hogares. Son parias de las sociedad. Ese es el caso del personaje de Briseida en ‘Las troyanas’, que prefiere estar con Aquiles que es un violador porque la va a tratar mejor que su otro captor. Hay una alienación y una pérdida de identidad brutales.

–¿Saldrá el espectador con un mensaje de esperanza, o bien es la resignación el objetivo de ‘Las troyanas’?

–Es un canto por la memoria, por la reivindicación de la palabra. A pesar de que el panorama que plantea es desolador, la fuerza de estas mujeres es la esperanza de que a pesar de todo no se rinden. Hécuba termina diciendo: ‘Habla para que la última palabra no sea de ellos, para que no se queden con toda la luz’. Es como una reivindicación de: ‘sigue viva, porque tú eres la única, porque si te dejas morir no quedará nada’.

«'Las troyanas' es un canto por la memoria, por la reivindicación de la palabra»

Usted es una habitual al Festival de Teatro en Málaga. ¿Cómo ve su evolución en estos últimos años?

–No estoy muy enterada de la programación de esta edición, pero el año pasado tuve una gran experiencia con Medea en el Teatro Echegaray, que era un sitio idóneo para este montaje. Al Cervantes he ido un montón de veces y siempre me han tratado genial, pero le reconozco que no somos muy conscientes de cómo es la programación.

El movimiento ‘The time is up’ de Hollywood incide sobre muchas de estas cuestiones. ¿Cree que realmente el año 2017 ha marcado un antes y un después para acabar con el acoso generalizado? ¿Siente que lo que denuncian en Estados Unidos es extrapolable a España?

–Es extrapolable al mundo entero, evidentemente, pero ante cualquier situación de abuso del poder;en todos los ámbitos, en todas las profesiones. Esto es algo estructural que tiene que ver con una concepción de la mujer como un objeto al que se puede acosar y asaltar sexualmente utilizando el poder que tienes como hombre, y por desgracia es algo que nos acompaña desde la noche de los tiempos. Es cierto que ahora más de uno se lo va a pensar dos veces antes de hacer esto impunemente como hasta hora, pero no basta con que se reprima, lo que hay que cambiar es el ADN, ese punto de depredador que tienen algunos hombres, porque además es una faena para los que no son así. Creo que debe ocurrir un cambio estructural en las escuelas, en las familias. No puede ser que se repriman solamente por las consecuencias , sino que se entienda que a las mujeres no se les debe acosar. Por principios, porque no. Porque no somos objetos sexuales.

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