Sentir. Sufrir

Obras expuestas en la Sociedad Económica de Amigos del País./SUR
Obras expuestas en la Sociedad Económica de Amigos del País. / SUR
Crítica de arte

Gracias a una muy acertada elección de obras de distintos artistas,esta exposición elude lo evidente para hacernos sentir distintasemociones ligadas al desarraigo

JUAN FRANCISCO RUEDA

La inmigración ocupa desde hace años un lugar relevante entre las preocupaciones de la ciudadanía, ya sea vivida de modo pasivo o de modo activo, como sujeto que se ve empujado a vivir esa experiencia. Aunque no es un fenómeno nuevo, en las últimas décadas distintas situaciones socio-políticas han venido a recrudecerla y, en lo que a nosotros respecta, a convertirnos en algo más que en testigos directos, ya que se ha sufrido en ‘nuestras propias carnes’ y se ha recuperado la imagen de España como país de emigrantes. A la persistente y desesperada huida de África que, desde los ochenta, ha convertido nuestras costas en puerta de entrada para esa tierra de promisión que era Europa, los conflictos de Libia o Siria han generado una crisis de desplazados que ha puesto en jaque la propia noción de Europa, de lo que el continente suponía como garante de valores en torno a la justicia social, menguante desde hace años. En clave local, se ha convertido en una cuestión acuciante por la diáspora de jóvenes españoles que, tras el comienzo de la crisis económica, se vieron obligados a dejar el país.

‘Des Arraigo’

La exposición
6 obras de 4 artistas la conforman, realizadas todas en 2017 y producidas para esta exposición. La mayoría de las mismas poseen un claro carácter instalativo.
Comisario
Regina Pérez Castillo.
Lugar
Sociedad Económica de Amigos del País. Plaza de la Constitución, 7, Málaga
Fecha
Hasta el 29 de diciembre.
Horario
Lunes a viernes, de 11.00 a 14.00 y de 18.00 a 21.00 h.; sábados, de 11.00 a 14.00 h. Domingos y festivos, cerrado.

Sea como fuere, ese abandonar la tierra propia, por mucho que llegue a ser una cuestión de vida o muerte o de una búsqueda de oportunidades, produce un desarraigo que, en muchas ocasiones, puede verse envuelto en dramatismo, dolor y heroísmo. No en vano, muchos de esos flujos migratorios deberían ser considerados como las epopeyas de nuestro tiempo. La exposición, comisariada por Regina Pérez Castillo, el único proyecto comisariado seleccionado en la convocatoria de 2016 del Programa Iniciarte de la Junta de Andalucía, no busca convertirse en mero eco de esas dramáticas y ominosas situaciones e imágenes que vienen azorándonos en los últimos años, sino que intenta ir más allá. Esto es, eludir, de una parte, lo manifiesto y literal, eligiendo la comisaria obras con un claro carácter metafórico y ‘experiencial’, que no giren tanto sobre las contingencias del periplo migratorio, sino que anhelen generar una reflexión sobre el desarraigo. Regina Pérez desea construir una alegoría sobre este estado, cuestión que, gracias a las obras de los artistas seleccionados, logra eficientemente, ya que nos sentimos expuestos a una serie de sensaciones que nos pueden violentar. Por otra parte, en esa aspiración alegórica, elude lo documental, que vendría a ser el registro visual -las imágenes-, para optar por obras marcadamente fenomenológicas, que exigen en la mayoría de los casos de una experimentación física por parte de los espectadores, de modo que sientan sensaciones o se vean en situaciones que generan respuestas emocionales de distinta índole (desamparo, miedo, angustia). Esto hace de la exposición una propuesta instalativa y ambiental.

El acierto de ‘Des Arraigo’ descansa en las obras, el diálogo entre ellas y su correcta relación con el espacio. Arturo Comas, el artista con mayor trayectoria de los cuatro seleccionados, sigue evidenciando en su pieza cómo el absurdo es uno de sus motores de creación. Comas sitúa una pequeña habitación en la que podemos introducirnos. En un auténtico ejercicio de subversión, al entrar, salimos. Esto es, creemos cruzar esa puerta buscando protección y nos encontramos en una suerte de rellano doméstico; lo que se antojaba el interior resulta ser un mínimo espacio exterior. Si la puerta se cierra sólo puede ser abierta desde fuera, desde donde procedemos, quedando al albur de otro visitante que pueda prestarnos auxilio. La presunta protección puede devenir claustrofobia, angustia, impotencia y vulnerabilidad. Esta habitación se conforma en perversa metáfora de las fronteras, de la falsa seguridad y de la ayuda y la necesidad del otro. Enfrentada a ella, como paisaje que se visualiza al salir, encontramos la obra de Álvaro Escalona. La suya bien podría ser la metaforización del desarraigo: un arbusto marchito nos enseña las raíces, mientras que la tierra en la que ha nacido y de la que se nutría desaparece grano a grano por la acción de un sonido agresivamente vibrante, el cual hace que se desmorone aquello que lo sustentaba.

El acierto de ‘Des Arraigo’ descansa en las obras,el diálogo entre ellas ysu correcta relación conel espacio

En la segunda sala, las cuatro obras expuestas adquieren cierto sentido político, aunque no pierden la capacidad para transmitir emociones. ‘Umbral Hermes’, la obra de Fernando G. Méndez, es un podio que se debe transitar para cruzar un límite precisado por un mecanismo que, con suma tosquedad, hace por abrirse y cerrarse ante nosotros. Ciertamente, el mecanismo aviva el miedo y otorga un simbolismo doloroso a ese gesto de cruzar ese umbral, esa frontera, ese metafórico dejar atrás la tierra para arribar a otra o, tal vez, para volver. Se sitúa esta pieza entre dos mantas térmicas, como las que se les ofrece a los inmigrantes rescatados, que ocupan los testeros de la sala. Son obra de Miguel Ángel Benjumea y en ellas podemos leer ‘Homeland’ y ‘Homeless’. La situación en sala y el propio material de las mantas, que nos transmite la idea de calor, refuerzan a las demás piezas, al tiempo que, en un incontestable diálogo lúcido, se ven reforzadas. Mantas que alivian a ambos lados de esa metafórica frontera que se ha de cruzar. El calor de la patria, de tu entorno, y el calor que se le ha de prestar al que llega, siendo a veces una literal cuestión de salvamento. A los pies de una de ellas, una carta náutica del Estrecho de Gibraltar, también de Benjumea, impresa sobre dos lonas; en una de ellas, el norte de África, en la otra, el sur de Estaña: dos realidades separadas por una frontera presta a ser cruzada en un viaje tal vez marcado por el desarraigo, pero quizás en pos del arraigo.

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