El cubismo, según el malagueño Eugenio Carmona

Eugenio Carmona, entre algunas de las obras expuestas en el centro madrileño. /Virginia Carrasco
Eugenio Carmona, entre algunas de las obras expuestas en el centro madrileño. / Virginia Carrasco

El museo Reina Sofía reescribe la historia del movimiento a través de 70 piezas en una exposición que comisaría el catedrático

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

El cubismo no fue un movimiento monolítico. Hubo muchos cubismos, diversos y complementarios en el lenguaje de la primera modernidad. Fundado por Picasso y Braque, fue uno de los movimientos más rico, intenso, decisivo, e influyente de la reciente historia del arte. De una frondosa diversidad que celebra el Museo Reina Sofía reescribiendo su historia «completa y plural» y unificando sus fondos cubistas con los de la fastuosa colección de la Fundación Telefónica: 59 obras que acoge en régimen de comodato desde hace más de un año y durante un lustro prorrogable.

El resultado de esta fantástica simbiosis es el nuevo ‘santuario’ cubista que el ‘reina’ ha conformado en la segunda planta, la del ‘Guernica’. Bajo el título ‘Cubismo(s) y experiencias de la modernidad’ muestra un total 70 obras de artistas como Juan Gris, María Blanchard, Dalí, Louis Marcoussis, André Lhote, Metzinger, Barradas, Manuel Ángeles Ortiz, Vicente Huidobro o Joaquín Torres-García fechadas entre 1912 y 1933. Casi 40 proceden de los fondos de Telefónica, que desde los años 80 de siglo pasado atesora una fabulosa colección cubista que suple las graves carencias de las colecciones públicas.

Arriba, imágenes de la colección en el Reina Sofía. A la izquierda, de izquierda a derecha, José María Sanz-Magallón, Luis Solana, César Alierta, Ricardo Martín Fluxá, Eugenio Carmona y Manuel Borja-Villel. Al lado, otras piezas. / V. Carrasco

«Cumplimos un sueño que teníamos hace mucho tiempo y que culmina con este nuevo y completo relato cubista que empieza en el cambio de siglo del XIX al XX y acaba junto al ‘Guenica’», se felicitó Manuel Borja-Villel, director del museo público. Presentó la muestra junto al comisario y responsable de la selección, el catedrático malagueño Eugenio Carmona, el expresidente de Telefónica, Luis Solana, y el director general de la Fundación Telefónica, José María Sanz-Magallón.

Carmona la ha dividido en cinco secciones que ocupan dos grandes salas del edificio Sabatini la clave

El relato de Carmona demuestra, según Borja-Villel, que «el cubismo no avanzó en una línea única y compacta». «Es un movimiento plural, diverso, con dudas, que plantea un cambio de paradigma como primer lenguaje de la modernidad», agregó. Braque y Picasso están «en la base de la pirámide» a la que se suman Juan Gris, María Blachard o Dalí. «Hay diversas tendencias y una relación estrecha con la poesía en un movimiento que aspiraba a representar la realidad y a tener una arquitectura formal», según Borja-Villel. «La lengua común de la vanguardia es el cubismo y sin él no serían posibles algunos episodios del surrealismo, como Dalí y sus formas blandas, o Ángeles Santos y su peculiar universo», precisó.

Los orígenes

Este feliz sueño cubista no se habría cumplido sin la aportación de la Fundación Telefónica que en tres décadas ha conformado una portentosa colección. Su expresidente, Luis Solana Madariaga, explicó como en 1983 se sumó a la propuesta del Gobierno socialista de invertir en 1% de la facturación ministerial en acciones culturales. Cuando el consejo de la multinacional le dio su beneplácito para hacer lo propio, se fue a ver al entonces ministro del ramo, Jorge Semprún «que me hizo ver las graves carencias y el vacío que había en las colecciones públicas de los años 20 y 30 del siglo XX». «Los artistas huyeron de una España convulsa, de modo que en las colecciones españolas había un único cuadro de Juan Gris y ninguno de Luis Fernández», recordó Solana.

Guiado por la galerista Nieves Fernández, averiguó Solana que la mejor colección de Luis Fernández López estaba en Milán, en manos de los Agnelli, dueños de Fiat. Y allá que se fue. Hizo una oferta «y nos la vendió». Averiguó después que lo mejor de Juan Gris estaba en una colección venezolana. Repitió una jugada «que salió bien» y trajo a España una decena de portentosos cuadros de Gris, «que para Semprún era mejor que Picasso». Culminó así una estrategia «que no fue un capricho de los presidentes de la compañía, que estuvo muy bien pensada, muy bien planificada y muy por España».

«Había que reescribir la historia del cubismo y estas obras están ahora en el mejor lugar, aprovechando las sinergias entre la colección de Telefónica y la del Reina Sofía», se felicitó Eugenio Carmona, también comisario, junto a Lourdes Moreno, la muestra ‘Juan Gris. María Blanchard y los cubismos (1916-1927)’, abierta en el Museo Carmen Thyssen de Málaga hasta el 25 de febrero. Carmona a dividido la colección de la Fundación Telefónica en cinco secciones que ocupan dos grades salas de la planta segunda. Su propuesta es «esta nueva narrativa que evidencia la pluralidad y la diversidad cubista» que estará en cartel durante al menos un año.

Destaca en la selección la figura de Juan Gris «crisol de estos cubismos», según Carmona, para quien el artista madrileño «hizo que el estilo del cubismo se reescribiera». «No hay otro lugar del mundo que pueda reunir esta colección y que muestre el cubismo como fue», desde el «respeto su corriente fundacional» pero «con alternativas como su paso por la Primera Guerra Mundial, un cubismo más puro y de mayor realización».

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