De la reina meridiana al pintor renacentista

De la reina meridiana al pintor renacentista
Albas y Ocasos

Tal día como hoy nacía María I de Inglaterra y moría Miguel Ángel «el divino»

MARÍA TERESA LEZCANOMálaga

Tal día como hoy nacía María I de Inglaterra, que a los nueve años recibió como regalo de cumpleaños un palacio, no de muñecas sino humano, y moría Miguel Ángel, también conocido como «el divino» por la perfección de sus obras.

María I de Inglaterra (18-2-1516/ 17-11-1558)

El dieciocho de febrero de 1516 nacía en Greenwich, no en la circunferencia imaginaria del meridiano sino en el no menos meridiano palacio de la Placentia, María de Inglaterra, hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón. María, que a los cinco años tocaba el clavicémbalo y a los nueve recibió como regalo de cumpleaños un palacio, no de muñecas sino humano, con sus principescas alcobas y sus atribulados sirvientes, fue sin embargo declarada ilegítima cuando su real padre se descasó de su madre para recasarse con Ana Bolena, aunque relegitimada cuando la cabeza de la Bolena rodó torre de Londres abajo por incompatibilidad de caracteres de los cónyuges, como es bien sabido. Tras la muerte del rey decapitador, le sucedió su hijo Eduardo, aunque junto a él o para mayor exactitud dentro de él se coronó también el bacilo de Koch, que lo descoronaría seis años más tarde a escupitajo limpio o mejor dicho sanguinolento hasta decir qué asco de rey. Esputado Eduardo de la soberanía británica y de la no menos británica vida, María se convirtió en la tercera mujer en acceder al trono inglés y, tras descubrir en un cuadro de cuerpo entero pintado por Tiziano a su primo Felipe de España, se declaró enamorada hasta las trancas tudorianas y no cejó hasta convertirlo en rey consorte, tras lo cual a ella empezó a crecerle el vientre y todos a celebrar la buena nueva hasta que resultó que eran gases o hidropesía, una de dos, y mientras María restablecía con la Iglesia Católica las relaciones que su padre había dinamitado para encamarse oficialmente con la protestante Bolena, el vientre se le hinchaba una y otra vez sin que se concretara orgánicamente heredero alguno, si acaso alguna real flatulencia o un tudoriano meteorismo en modo alguno susceptibles de, llegado el momento, ostentar la british crown. Una epidemia de influenza que veraneaba por el palaciego St. James la influenzó letalmente con el abdomen abultado y el útero vacío, y fue la hija de Ana Bolena, ilegitimada por descabezamiento materno y apresuradamente relegitimada ante la ausencia de algún otro Tudor vivo, quien acabó gobernando el destino de Inglaterra. Sorpresas te da la vida.

Micheangelo Buonarroti (6-3-1475 / 18-2-1564)

Cuarenta y ocho años después del nacimiento meridiano de María Tudor, moría en Roma Michelangelo Buonarroti, también conocido como ‘el divino’ por la perfección de sus obras que abarcaban artes diversas, de manera que lo mismo te construía el palacio Farnesio que te componía unos sonetos neoplatónicos, te esculpía en mármol blanco un David de más de cinco metros de altura sin Goliat alguno que le tosiera a la musculosa desnudez, o te dejaba la bóveda de la Capilla Sixtina con renacentista overbooking de apóstoles, profetas y sibilas. Tras la muerte de su mecenas Lorenzo de Medici, Miguel Ángel huyó de Florencia y se refugió temporalmente en Bolonia, donde, además de cebarse de tagliatelle con salsa autóctona y no menos autóctona mortadela, esculpió todo lo que pudo hasta que se marchó a Roma a proyectar el mausoleo del aún muy vivo papa Julio II. Tan entusiasmado estaba el artista en construir la póstuma vivienda papal que permaneció ocho meses en Carrara para elegir de los mejores mármoles los más excelsos, aunque cuando regresó a Roma los caprichos papales habían cambiado de rumbo y su voluble santidad ya no quería un mausoleo sino una basílica de San Pedro, y Miguel Ángel a reiterar que si me has pedido un monumento fúnebre y un monumento fúnebre tendrás, y Julio que no me quiero morir todavía y no vaya a traer mal fario lo de la tumba previa, y Miguel Ángel que o te construyo el mausoleo o lo mismo te mueres desmausoleado y a saber quién te habrá empizzado en un callejón cualquiera, y Julio que si la pizza no se ha inventado aún so necio, y Miguel Ángel que a que la invento yo ahora mismo, y Julio que casi mejor te vas a pintar la Capilla Sixtina, y Miguel Ángel que no quiero pintar la Sixtina sino hacerte un panteón para poder defecar conveniente y metafóricamente en todos tus muertos, y Julio que a que te excomulgo, y Miguel Ángel a que no hay uova… Buonarroti tuvo que esperar el finamiento de Julio como consecuencias de unas fiebres consuntivas para concluir con el monumento fúnebre, aunque cuando acabó la tarea estaba tan exhausto y provecto que se durmió una noche y ya no volvió a despertar. Arrivederci, Roma.

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