REFRESCANTE ENTRE EL SWING Y EL MAMBO

ÓSCAR ROMERO

El teatro Cervantes cierra su temporada de teatro de este verano con la programación desde el doce de julio al seis de agosto del musical &ldquoDirty Dancing&rdquo (Danza Sucia), basado en la película del mismo título estrenada en 1.987 y dirigida por Emile Ardolino, que sirve de base a la versión teatral de la historia creada por Eleanor Bergstein, con coreografía de Gillian Bruce y dirección de Federico Fellone. Una sencilla historia de amor con los condicionantes sociales en 1.963, en el verano anterior al asesinato de Kennedy y un año antes del mayo francés. El aborto de una jovencita era una tragedia para su futuro como &ldquomujer marcada&rdquo y tenía como únicas salidas el buscar para su cría un padre que le &ldquolimpiara la honra&rdquo o recurrir a una cara y traumática interrupción del embarazo. Entonces era la &ldquohonra&rdquo de la mujer la que estaba en juego, como hoy sigue imperando una moral que vela por el derecho a la vida del no nacido. Parece que las sociedades van mutando sus protocolos morales de control, aunque desgraciadamente no aporten verdaderas soluciones para proporcionar vidas dignas, fuera de altruismos personales. Otro tema tratado es el de las castas sociales y las barreras entre ricos y pobres para el amor. Han variado los baremos, pero en el fondo son los mismos prejuicios y actitudes, aun salvando los sesenta y cuatro años pasados desde entonces. Una puesta es escena demasiado trepidante que muestra las propiedades técnicas de dos escenarios giratorios, pero que entorpece el desarrollo de la trama y el contenido de las escenas y unos refrescantes números musicales que trasladan a aquel peligroso año en que cambiaron tantas cosas para bien, pero también para mal. Excelentes números de danza de salón y unos hábiles danzarines y danzarinas que proporcionan dos horas y media de refrescante antídoto contra el calor.

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