Va de refranes (II)

ANTONIO GARRIDO

Ha gustado mucho y servidor se alegra, el artículo sobre refranes. También compruebo con satisfacción que este tema y todos los que se refieren al lenguaje son de interés para muchos lectores. De manera que seguiré glosando otros ejemplos que me llaman la atención y que espero la sigan llamando a los doctos seguidores de esta sección.

En poco más de treinta años el mapa universitario de España ha cambiado mucho, muchísimo. Las universidades han florecido como hongos después de la lluvia. Todo el mundo ha reclamado una universidad y tenemos más de las necesarias aunque esto sea afirmación políticamente incorrecta. El nivel de estas instituciones deja mucho que desear pero no es por este derrotero por el que deseo seguir. En los siglos llamados áureos el número de universidades era infinitamente más reducido.

Dos de las más famosas eran la de Alcalá y la de Salamanca. El curso se iniciaba coincidiendo con la festividad de San Lucas y era el momento apropiado para que las rameras llegaran a ambas ciudades para llenar la bolsa prestando sus servicios, de ahí: «A (Alcalá o Salamanca) putas; que llega San Lucas». En ambas ciudades los estudiantes tenían unos privilegios que les permitían campar por sus respetos. Solían comportarse con demasías y holguras pero los fueron académicos les permitían quedar impunes en la mayoría de los casos: «A (Alcalá o Salamanca), que no hay justicia».

El valor de la experiencia es muy apreciado en el refranero y se pueden poner muchos ejemplos En poco más de treinta años el mapa universitario de España ha cambiado mucho, muchísimo

Durante siglos era costumbre hacerse la barba; es decir, que el barbero te la cuidara y para ello se iba a la barbería de modo cotidiano. Este refrán, como tantos otros, tiene un valor simbólico: «A algunos para afeitarlos es menester atarlos». Ir al barbero era algo bueno y agradable; pues bien, hay personas que incluso después de recibir un beneficio, se sienten incómodos y molestos, nunca están contentos.

Algunos son muy explícitos como este que además es bastante bonito: «A amistades que son ciertas, siempre las puertas abiertas». En este caso la clave está en «ciertas», seguras, verdaderas. Las puertas son las de la casa y también las del corazón. Tampoco se queda corto en claridad el que sigue: «A ausente marido, amigo venido». La palabra «amigo» con el significado de amante es de uso muy antiguo pues da nombre a un tipo de composición poética de origen galaico-portugués que se cantaban y eran muy populares en la Edad Media. En estos textos la amada se queja por la ausencia del amante-amigo. En el refrán es precisamente el amante el que sustituye al marido en la cama de la mujer que está sola. Este es un buen ejemplo de cómo el significado permanece y lo que cambia es el contexto.

La raíz popular es la clave de los refranes como señalé en el artículo anterior pero en algunos casos es muy evidente. Veamos: «Abad que fue monaguillo, bien sabe quién se bebe el vinillo». Es tradición que los monaguillos se bebían el vino de consagrar a escondidas como ejemplo de las muchas travesuras que se les atribuían a estos chicuelos. El refrán indica que quien ha empezado desde abajo y llega al poder, conoce perfectamente qué hacer en cada ocasión.

Se recomienda humildad y moderación en algunas circunstancias. Este refrán se dedica a las novias: «Abaje la novia la cabeza y cabrá por la puerta de la iglesia». No es bueno que la novia sea prepotente ni que vaya de sobrada; más le vale ser humilde. Muchas veces el refrán tiene una estructura en la que solo se cambian algunos elementos: «Para vender y casar, bajar».

Un verbo que se emplea mucho y se emplea mal es profundizar que tiene dos acepciones. La primera es ahondar, excavar. La segunda se refiere a examinar una cosa con detalle para llegar a su conocimiento y en este caso hay que usar la preposición en. Ej. Hay que profundizar en el problema. Como se aprecia el significado de que lo importante se encuentra en lo profundo, en lo hondo, es aceptado; de ahí el refrán: «Abajo está lo bueno, dice la colmena al colmenero» que es semejante a «Al hondón está la miel».

El valor de la experiencia es muy apreciado en el refranero y se pueden poner muchos ejemplos como el que sigue: «A barco nuevo, capitán viejo». Desde luego que este no fue de aplicación al Titanic.

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