«Querer trascender es de imbéciles»

Manuel Martín Cuenca, en el rodaje sevillano de 'El autor'./EC
Manuel Martín Cuenca, en el rodaje sevillano de 'El autor'. / EC

El cineasta andaluz se ríe en 'El autor' de los creadores que se toman demasiado en serio a sí mismos Manuel Martín Cuenca Director

OSKAR BELATEGUI

Al cine de Manuel Martín Cuenca (Almería, 1964) le hacía falta el humor y la mala leche que rebosa 'El autor', su película más redonda hasta la fecha. El autor de 'La flaqueza del bolchevique' y 'Caníbal' adapta la primera novela de Javier Cercas, la historia del taciturno empleado de una notaría incapaz de digerir el éxito de su mujer, que, además de ponerle los cuernos, triunfa con un best-seller de usar y tirar. Un deslumbrante Javier Gutiérrez encarna a este pobre hombre que, hastiado de su vida, abandona todo para dedicarse en cuerpo y alma a escribir la novela con mayúsculas.

- ¿Qué es el talento?

- Nada, lo que dicen otros que es. El talento no existe. No es objetivable ni demostrable. Acabamos de descubrir que Marcel Proust pagaba para que le hicieran buenas críticas, hasta las escribía él con seudónimo. 'En busca del tiempo perdido' me parece una obra maestra, ¿pero lo será para un lector de dentro de trescientos años? Existe la pulsión de escribir o hacer cine sea cual sea el resultado.

- Sostiene que una crítica buena puede ser tan negativa como una mala.

- Incluso peor. Un cineasta puede escuchar el canto de sirena del público, el éxito comercial, que te obliga a seguir por donde él quiere. No te digo nombres pero hay muchos directores atrapados en su éxito, repitiendo la misma película una y otra vez. Después dejan de estar de moda y no entienden por qué no tienen éxito. El otro canto de sirena es el de la crítica diciéndote que eres un artista maravilloso. Tú te lo crees y haces el cine que la crítica dice que tienes que hacer. Para mí el mejor premio de una película es poder hacer la siguiente.

- 'El autor' se ríe de la presunción de los artistas que se toman demasiado en serio a sí mismos.

- El motor del filme es reírme de mí mismo y por extensión de todos los que nos dedicamos a esto. Hacemos algo que para nosotros es muy serio y obsesivo, pero desde fuera puede tener momentos ridículos. Nos llamamos autores y artistas, eso tiene un lado hermoso y grandilocuente porque tratas de trascender. Todos queremos hacer una gran película, quien diga lo contrario se engaña. Y al mismo tiempo querer trascender es imbécil.

- Hasta existe un término, cine de autor, en el que se inscriben sus películas.

- Son etiquetas que te ponen. No tienen nada que ver con la pulsión de crear al precio que sea, aunque no seas reconocido por nadie. No necesitarías ni estrenar, lo otro es un ejercicio de ego y narcisismo.

Documental sobre Pablo Ibar

- Hay una ambigüedad en el retrato del protagonista, que tan pronto resulta patético como inquietante. ¿Es un genio o un zoquete?

- No lo sabemos. Existe una visión romántica del autor como una gran persona, un tipo interesante. Después viene la decepción cuando conoces a alguien al que admiras. La miseria humana está en todos los lados. Rafael Azcona decía que los cineastas y los escritores eran tremendos, pero que los peores eran los poetas, porque tienen menos pastel a repartirse. Dejar tu trabajo para encerrarte dos años a escribir una novela es una apuesta que hay que hacer, pero al mismo tiempo es una insensatez, porque en el 99% de las ocasiones escribirás una mierda. Yo digo que si te gusta 'El autor' te gusta lo que ha escrito el protagonista, porque la película es su novela.

- Estos días vemos a artistas que admiramos acusados de abusar sexualmente de mujeres.

- Eso es. Puedes admirar a alguien y descubrir que es un miserable. Y su obra seguirá siendo igual de grande, mal le pese a más de uno.

- Dibuja una Sevilla real con emigrantes, gente de derechas...

- Pasé dos meses viviendo en la ciudad, lo mismo que hice en Granada para preparar 'Caníbal'. Me dejo impregnar para hacer un retrato inconsciente de la realidad. Si nos miramos en el espejo somos mucho más simples, esquemáticos y ridículos de lo que creemos. Mira, el otro día conocí a la hermana de un amigo. Después me preguntó qué me había parecido. Yo la describí como un estereotipo y ella me veía a mí como el típico bohemio con la gorrita.

- Lleva dos años rodando un documental sobre Pablo Ibar, condenado a muerte en EE UU.

- Nos queda mucho camino. Hemos estado con Pablo, la familia, los abogados... Acudiremos al juicio en febrero y no terminaremos hasta que todo acabe, es nuestro compromiso con ellos.

- En esta película ansía un final feliz.

- En la ficción te crees un pequeño dios, juegas con los actores. Pero un documental te coloca en tu sitio. Imagínate qué es estar al lado de alguien que lleva en la cárcel media vida (23 años), ha habido tres muertos... El dolor es real y te golpea. Como director solo puedes ser humilde y contar la historia de la manera más honesta posible.

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