Línea de fuga

Primerizos

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

El primer día sólo teníamos que estar una hora y podíamos quedarnos juntos. Claro que ella se alejó un momento, distraída y contenta, buscando de vez en cuando mi mirada. El segundo día también habían previsto una hora, pero ya cada uno por su lado. Al recogerla me dijeron que había estado muy bien, que podíamos olvidar el periodo de adaptación. El suyo, no el mío. Ese aún dura. Porque este verano ha venido la fatalidad a pegarnos a la puerta de casa y en el afán de no abrirle casi gasté menos fuerzas que en los primeros días de colegio de mi hija. Hay una madre aferrada a la verja del patio en un baile mudo que intenta ver a su hijo dentro de clase. Hay una lágrima bajando detrás de unas gafas de sol puestas a las nueve y cinco de la mañana. Hay un nudo en el estómago, una rigidez en todo el cuerpo por el pasillo que conduce al aula mientras ella baila despreocupada cogida de mi mano. Hay una pena un poco tonta, impregnada en la ropa como una mala colonia hasta que la recoges y te dice que se lo ha pasado súper bien y entonces se evapora ese desamparo egoísta y primerizo. Hasta el día siguiente.

«Somos primerizos», dice Ángelo Néstore, que sonríe como quien abraza, al lado de Violeta Niebla. Dos poetas empezando a vivir que han urdido el mejor festival de poesía visto por aquí en mucho tiempo. El festival de la poesía que baila reguetón, Gran Hermano y Gloria Fuertes, la música electrónica y un réquiem, Luna Miguel y Rafael Argullol, Ángeles Mora y Niño de Elche. El festival 'Irreconciliables' se reconcilia con la calle para desplegarse por buena parte de la ciudad, del Cementerio Inglés a varios museos, del mar en calma a la Sala María Cristina. Malos tiempos para la lírica adocenada. Como siempre. Porque aquí hay poetas que se mueven, que se unen y crean una asociación para revitalizar un festival hasta darle la vuelta con un calcetín.

Como Néstore le da la vuelta en sus poemas a la idea de masculinidad, más cercana a la cabeza y el corazón que a la entrepierna. El deseo de ser padre, el miedo a ser padre, el miedo al padre en los versos de Néstore, Premio Hiperión, editor feminista y combatiente tan firme como amable. Lo mismo que Violeta Niebla, poeta, fotógrafa, artista visual, gestora cultural, activista del afecto. 'Todas estas flores son para Violeta Niebla'. Está escrito a mano sobre el cemento de la mediana sembrada que hay justo enfrente de la puerta del periódico.

Violeta y Ángelo. El Dios de la poesía los cría y ellos se juntan para darle un meneo a 'Irreconciliables' y reconciliarnos así con una parte de la ciudad, de nosotros mismos. «Hemos dado este paso por amor a la poesía, a la gestión cultural y a la ciudad». Y lo dicen con recato, sabedores de que ese amor entregado suele despertar inquina entre quienes miden los afectos con la vara del beneficio propio. Pero ellos son primerizos. Y se les nota.

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