El Premio Nacional de Teatro distingue la vanguardia y el riesgo de Kamikaze

M. LORENCI MADRID.

Riesgo, valentía y excelencia van de la mano en el Teatro Kamikaze, la osada apuesta de Miguel del Arco, Israel Elejalde y otros 'fanáticos' de la escena, reconocidos este miércoles con el Premio Nacional de Teatro. Como una bocanada del 'viento divino' al que alude su nombre japonés, reciben los temerarios kamikazes el galardón como «un espaldarazo a nuestro amor al arte». Como un reconfortante bálsamo tras «una dura travesía en la que las hemos pasado canutas».

Dotado con 30.000 euros y concedido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, premia la osadía y el arrojo de unos locos de la escena que, en plena crisis, apostaron por la independencia y que insuflaron vida al histórico teatro Pavón, hoy un escenario muy vivo convertido en una referencia de la escena más actual en el corazón del Madrid más castizo. Mas de 80.000 espectadores han pasado por el Pavón para disfrutar de alguno de los 36 espectáculos que han ofrecido hasta ahora.

Es un premio «ilusionante» para un colectivo que aborda su segunda temporada «plagada de incertidumbres», según destacó el autor y director Miguel del Arco. «Hemos abierto una brecha en el túnel y vamos a seguir adelante», se ufanó aclarando que la dotación económica servirá «para reducir nuestro enorme agujero financiero». Un balón de oxígeno para los responsables de una iniciativa que aúna «entretenimiento, reflexión, diálogo y transformación». Que tiene «la vocación de ofrecer una mirada contemporánea en la que cualquiera pueda verse reflejado», según destacó el jurado en su acta.

'Un teatro más allá de la función' es el lema de un proyecto forjado hace apenas un año, desde la consciencia de que era poco menos que suicida y que, sin superar todas las dificultades, aspira a afianzarse con el respaldo del público.

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