Un premio nacional frente a la generación millennial

Acosta, Vicente, el premio nacional Ángeles Mora, Estefanía Aragón y Ana Pazos./Ñito Salas
Acosta, Vicente, el premio nacional Ángeles Mora, Estefanía Aragón y Ana Pazos. / Ñito Salas

La IVedición del Festival Irreconciliables abre su programación con un encuentro entre Ángeles Mora y varios autores veinteañeros

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Romper con lo establecido puede llegar a ser una tarea compleja, aunque parece que las nuevas generaciones tienen alguna de las claves, porque ayer quedó patente que los millenials poseen el valor suficiente para cambiar el orden de las cosas, incluso el de los versos. El Festival Internacional de Poesía de Málaga Irreconciliables sentó en la misma mesa a la Premio Nacional de Poesía, Ángeles Mora, y a cuatro creadores noveles que nacieron cuando la escritora ya había dado el salto a la esfera pública. Los jóvenes poetas –Antonio Acosta, Ana Pazos, Estefanía Aragón y Marta Vicente– conversaron sin complejos con Mora, y los cinco consiguieron crear una atmósfera que pocas veces se consigue en un evento de este tipo,esa en la que la risa, las emociones y la reflexión fluyen como si no estuviera planeado.

El festival se renueva con creadores jóvenes en la dirección

Ángelo Nestore y Violeta Niebla son los sucesores de Paco Cumpián a los mandos del Festival Internacional de Poesía de Málaga Irreconciliables. Estos dos jóvenes creadores ya colaboraron en la anterior edición con el escritor, que este año ha querido dejar en sus manos la gestión íntegra del certamen. Este relevo generacional mantiene la esencia del evento, nacido por la propia voluntad de los poetas malagueños, pero aporta un soplo de aire fresco, sobre todo en las formas. Prueba de ello es el innovador formato de la entrevista-coloquio que ayer tuvo lugar. Nestore y Niebla quisieron agradecer a todas las instituciones que se reconcilian cada año para que el festival tenga lugar. Juan J. Téllez, director del CAL, explicó que Irreconciliables es «un guiño» a los millenials.

El encuentro prometía antes incluso de empezar, prueba de ello fue la expectación generada, que hizo que no quedaran localidades libres en la sala del Centro Andaluz de las Letras (CAL), sede del certamen. La primera en abrir la veda fue la gaditana Ana Pazos quien, visiblemente nerviosa (no hizo nada por ocultarlo, sino todo lo contrario, «nunca había estado en una cosa de estas»), explicó que los organizadores del festival pidieron a los millenial que estudiaran a Mora para luego preguntarle sobre su obra. Pazos reconoció que nunca había escuchado su nombre –primera carcajada general–. Estefanía Aragón y Marta Vicente confesaron que tampoco habían oído hablar sobre la escritora, hecho que centró el poema conjunto que interpretaron a dúo en la primera de las intervenciones de la tarde. «Es curioso cómo hay figuras que conocemos y otras que no en función del género».

La reivindicación por el papel de la mujer en el mundo del arte apareció en escena con ‘Van a por nosotras’, una obra inspirada en esa sensación que sintieron cuando no habían escuchado nunca el nombre de una escritora ganadora del premio nacional de poesía. La pieza fue uno de los momentos álgidos de la tarde, y quizá el más transgresor, un poema que manifestaba el adoctrinamiento que sufre la mujer desde su más tierna infancia para ser una sirvienta de su marido. «Vístete de rosa, no toques el lazo, no toques el lazo, no toques el lazo». Al unísono, con una sonrisa y sin perder la voz, las dos jóvenes fueron relatando entre rimas y juegos astutos la vida de la mujer convencional: «Mima a tu marido, no quemes la cena, ya voy yo, cariño». Cada vez que hacían una pausa el público se estremecía, impaciente por aplaudir, porque la poesía no se estaba leyendo; era el eje de una ‘performance’ que duró escasos minutos.

Llegó el turno de las preguntas, Ana Pazos volvió a coger el micrófono para, con la espontaneidad propia de quien está entre amigos, conocer un poco más de cerca la obra de Mora. «¿Por qué empezaste a escribir, porque te gustaba o porque te aburrías?». La escritora veterana no pudo contener la risa, que dio paso a una reflexión sobre sus orígenes: «En mis primeros libros publicados quise protestar por la educación tradicional de la mujer». Entre versos de ‘La chica más suave’, «esa raza estafada» y ‘Gastos fijos’, Mora explicó cómo quiso dejar a sus espaldas «a la mujer dominada».

Pazos se animó a leer su poema, escrito para la ocasión: ‘El problema de Josefa’. Un diálogo entre una madre y una hija, que le dice que le duele «el culo» y es cohibida por las reglas del presente machista. El almeriense Antonio Acosta preguntó a Mora por los bloqueos creativos. Ella explicó que «la poesía se impone» siempre: «Cuando llega el momento en el que tienes algo que decir, se sabe». Acosta interpretó, caminando entre las butacas, una obra sobre la homosexualidad y las inmundicias de la sociedad.

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