Del poeta maldito al exrey indigestado

Stéphane Mallarmé/
Stéphane Mallarmé
Albas y ocasos

TERESA LEZCANOMálaga

Tal día como hoy nacía Stéphane Mallarmé, cuyo malditismo ya se anunció tras leer ‘Las Flores del Mal de Baudelaire’, y moría en su dorado exilio romano Faruq I de Egipto, tras ponerse ciego de rissotto y tiramisú.o.

-STÉPHANE MALLARMÉ. 18-3-1842 /9-9-1898

El dieciocho de marzo de 1842 nacía en París Étienne Mallarmé, que mudó la piel nominativa en Stéphane para que Verlaine lo inscribiera en su registro de poetas cuyo malditismo ya se anunció en su horizonte tras leer ‘Las Flores del Mal’ de Baudelaire. Después de haber ejercido como profesor de inglés, Mallarmé se lanzó a preconizar la estética idealista de ‘el arte por el arte’, opuesta al principio academicista del arte como imitador de la naturaleza e inscrita en el nuevo Parnasianismo que lo mismo rechazaba el Romanticismo que el Subjetivismo que el Realismo Literario, para reivindicar a las Musas moradoras de la cima del monte Parnaso, aunque del Parnasianismo no tardó Mallarmé en evolucionar hacia el Simbolismo, que venía a ser más de lo mismo pero sin musas y con un misticismo que incluía la sinestesia, lo que equivale a decir que el simbolista oía colores y veía sonidos, generalmente después de haberse merendado una ración de hongos alucinógenos o un no menos alucinógeno buen peyote a la plancha. Después de que, alucinado o no, Mallarmé escribiera la égogla en ciento diez alejandrinos ‘la siesta de un fauno’, la censura se apresuró en prohibir su publicación aunque una nueva versión con ilustraciones de Édouard Manet no tardaría en ver la luz, seguida por una adaptación musical de Claude Debussy titulada ‘Preludio a la siesta de un fauno’, poema sinfónico en cuya escenografía de ballet, coreografiado por Vaslav Nijinsky, un insaciable fauno persigue a ritmo de flautas y oboes a un grupo de ninfas desvestidas de tutú, y cuanto más suena la flauta más corren las ninfas y no digamos el fauno, y el escándalo orquestal está servido mientras el flujo de espectadores aumenta en cantidad directamente proporcional a las críticas afluentes y difluentes. Cómo no.

-FARUQ I DE EGIPTO. 11-2-1920 / 14-3-1965

Ciento veintitrés años después del nacimiento parisino de Mallarmé, moría en su dorado exilio romano y en mitad de una opípara cena apta a alimentar sus ciento cuarenta kilos de imperial masa derrocada, Faruk I de Egipto. Tras ser entronizado a los dieciséis años y antes que que su cabeza descoronada se infartara cerebralmente sobre una afiligranada bandeja de caviar ruso, su Majestad Faruq, «por la gracia de Dios, rey de Egipto y de Sudán, soberano de Nubia, Kordorfán y Darfur», se dedicó a viajar por Europa, a comprar automóviles de lujo como quien compra estampitas en blanco de Mahoma y a interpretar sus sueños de tal manera que en una ocasión en que fue pesadillescamente devorado por unos leones, se presentó en el zoológico de El Cairo y le disparó a todo felino viviente que encontró enjaulado. Ya iniciada la Segunda Guerra Mundial, mientras con una mano firmaba un tratado de alianza con Inglaterra, con la otra le enviaba a Herr Hitler un telegrama en el que le declaraba su amor führerino y casi uterino y le pedía que invadiera Egipto Nilo abajo, a la par que iba entreteniéndose con entusiasmo en sus tres aficiones favoritas: la comida en cualquiera de sus versiones sibaritas aunque siempre en cantidades susceptibles de saciar la inmensidad de su estómago faraónico; la cleptomanía, bajo cuyo impulso adrenalínico lo mismo te sustraía la espada de su cuñado el Sha de Persia que te metía la mano egipcia en el británico bolsillo de Winston Churchill para afanarle el reloj suizo, actividad que le valió el casi milyunanochesco apodo de ‘el ladrón de El Cairo’; y por último su insaciable interés por cualquier representación de escenas de actividad sexual, descubierto cuando, tras el derrocamiento real por parte de su cabreado y hambriento ejército, fue encontrada en su palacio cairota la mayor colección privada de la época de material pornográfico. Ya despedido de su oficio de dictador, se fue con la cleptomanía y el sexo a otra parte, concretamente a Italia, donde empleó la fortuna que había ido sisando mientras los súbditos se le morían literalmente de inanición por las calles y los campos egipcios y hasta la Esfinge de Gizeh se tapaba los ojos para no ver en qué se estaba convirtiendo el antaño legendario imperio, en darse la vida padre y ponerse ciego de rissotto y de tiramisú hasta indigestarse letal y fulminantemente. Ciao, bambino.

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