UN POCO DE OXÍGENO

Juan Francisco Gutiérrez
JUAN FRANCISCO GUTIÉRREZMálaga

Perdonen que les hable hoy de una cosa sin importancia, al menos para rebajar el tono en este lunes dividido donde muchos ya no sabrán qué pensar o sentir tras un domingo raro. Como apuntaba Josep Cuní ayer en La Sexta, desde hoy comenzará la segunda temporada del conflicto entre el Gobierno y el Govern, o entre España y Cataluña, o entre unos y otros, seamos quienes seamos, tengamos o no banderas en las terrazas o en las azoteas. La primera tanda de capítulos de esta pugna acabó ayer con un final en alto, al estilo de una serie de Netflix, pero qué pena que esas escenas nos dejen algo tocados o cabizbajos.

Daban ganas anoche, tras la mezcla de iras propias y ajenas, tras una jornada convulsa que enorgulleció a unos y enrojeció a casi todos, de retrotraernos al viernes noche. En vísperas del choque de trenes anunciado, la televisión estatal andaba en otros operativos festivos: en el feliz retorno de 'Tu cara me suena', programa que fabrica alegrías cada semana, al menos durante unas horas, desde la misma Barcelona. Desde que la tele es tele, o al menos desde los años sesenta, Cataluña siempre ofrece un nivel excelso de cuidado audiovisual. En un clima de incomprensión creciente, de rechazos impulsivos, ojalá este hecho innegable no sea oscurecido.

El regreso de este programa donde famosos imitan a otros famosos puede contarse, aquí sin riñas en cuanto a la fiabilidad, como un éxito claro: más de un 20% de cuota de pantalla; 2,6 millones de espectadores. Sus actuaciones disfrazadas y brillantes son siempre una desconexión oxigenante. Este año, a falta de un plantel reconocible (hay fichajes casi anónimos), al menos está La Terremoto de Alcorcón para poner salsa y una estrella cercana y querida: Diana Navarro. La cantante malagueña no ganó en la primera gala, pero sí prometió sorprendernos cada semana con sus transformaciones y su voz. Habrá que esperar al viernes para verla convertida en Mina. Y entretanto habrá que seguir lamentando que ese clonador no pueda cambiar algunas realidades menos alegres que nos joroban las sonrisas.

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