Pincel irlandés, alma flamenca

Málaga y Arklow reivindican el legado del pintor George Campbell en el centenario de su nacimiento

‘Pescadores de El Palo’, aguada de George Campbell.
‘Pescadores de El Palo’, aguada de George Campbell.
Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Aquel mayo de 1979, un pueblecito de Dublín amaneció frío y triste. Solo las flores ponían una nota de color en el cementerio. Las coronas se amontonaban sobre una tumba, pero una de ellas no pasaba inadvertida. Una banda mostraba una frase que parecía fuera de lugar. Con un mensaje que viajaba a un espacio bien distinto, caluroso y luminoso en aquellas mismas fechas: «De sus amigos de Málaga». Stefan von Reiswitz, Jorge Lindell, Enrique Pérez Almeda y los integrantes del Colectivo Palmo no se olvidaban de su amigo más irlandés. De ese con el que compartían exposiciones como excusa para ir a tomarse unas copas y que, en cuestiones de flamenco, no había quien le diera un quejío. Es más tocaba la guitarra con tal duende como retrataba con su pincel los pescadores de El Palo, el barrio en el que volvía a nacer cada seis meses cuando regresaba de su tierra natal.

El centenario del nacimiento del pintor George ‘Jorge’ Campbell ha sido el detonante de la doble reivindicación del artista en las dos tierras de su geografía vital: Irlanda y España, Arklow y Málaga.

Junto a otros artistas, Campbell fue pionero en reivindicar un museo de arte contemporáneo en la Málaga de los 60

«Hablaba español con acento malagueño y su colección de discos flamencos era envidiable», recuerda José Antonio Sierra, fundador y director del Instituto Cervantes de Dublín –y del previo Instituto Cultural Español–, que también ha promovido con la Universidad de Málaga la creación del Premio George Campbell del Aula María Zambrano de Estudios Transatlánticos para el fomento de la investigación en las relaciones hispanoirlandesas y cuya primera convocatoria se lanzará en septiembre. «Este centenario es el momento de reivindicar su figura y su legado porque fue el mejor embajador que ha tenido Málaga en aquel país», explica este abulense que, siguiendo los pasos de su amigo Campbell y tras su etapa irlandesa, se jubiló y se le «ocurrió venir aquí». «Ya llevo 16 años», remarca.

La ciudad natal del artista inaugura hoy una exposición retrospectiva y la Universidad de Málaga crea un premio con su nombre para estudios hispanoirlandeses

Algunos más vivió en los barrios de Pedregalejo y El Palo el pintor de Arklow que, como recuerda su amigo Stefan, cada vez que volvía a su país natal decía aquello de «Ya no vuelvo más». Nunca lo cumplió. Cada invierno regresaba a su refugio del sur, a sus amigos de Málaga. Además lo hacía en barco ya que su pánico a las alturas le impedía subir la escalerilla del avión. Un miedo que no ocultaba. «Camino al Torcal trató de escaparse en una parada en Antequera y, al poco rato, en una curva abrió la puerta del coche en un nuevo intento de fuga», rememoraba el escultor Stefan von Reiswitz en SUR poco después de la muerte del irlandés.

Guantes por pinceles

Jorge Campbell tenía debilidad por pintar escenas de su barrio paleño y de Málaga. Además, algunas de sus obras están presentes en los fondos del Museo de Málaga y del de Antequera. Además, junto a los artistas malagueños y del Colectivo Palmo, fue pionero en reivindicar un centro de arte contemporáneo para Málaga. Sin duda, hoy día, se sentiría orgulloso del despertar cultural de su ciudad adoptiva a través del arte, como apunta su amigo José Antonio Sierra que sitúa en el mapa de la capital la glorieta Jorge Campbell que recuerda al pintor en Cerrado de Calderón. No obstante, aboga por recuperar desde Málaga con mayor énfasis el legado pictórico y personal del artista en este centenario de su nacimiento. Así, hoy mismo, la localidad que lo vio nacer en 1917, Arklow, inaugura una exposición retrospectiva de su hijo predilecto.

Bar La Buena Sombra. Enrique Pérez Almeda, Madge Campbell, Vicente Martín Bonilla y el pintor irlandés. / Colección Pérez Almeda

Aunque el arte fue su pasaporte por el mundo, Campbell probó como actor y se dedicó al boxeo antes de llegar a los pinceles. «En una ocasión confesó que abandonó el cuadrilátero porque prefería pintar a que le diesen golpes», explica Sierra, que añade que esa ironía con la que hablaba de sí mismo el artista se acompañaba también de una personalidad arrolladora y un sentido del humor muy andaluz. «Cuando nos reuníamos en un bar siempre se iba sumando gente y acabábamos quince con George como centro de la reunión», sostiene el exdirector del Instituto Cervantes de Dublín, que añade otra habilidad del pintor: un experto en whisky irlandés. «Bebía Powers», revela.

Cómico. George Campbell mostró con humor su antibelicismo en esta imagen tomada en los 60 en casa del escultor Stefan. / Colección Pérez Almeda

Stefan von Reiswitz acompañó en repetidas ocasiones a Jorge Campbell en busca de amistad y sentimiento flamenco y recuerda que el radio de acción del irlandés iba desde el Valle de los Galanes (en la zona de Pedregalejo-El Palo) hasta Fuengirola, un área en la que no dejó sala de exposiciones de la que disfrutar ni barra de bar que saborear. Eso sí, tenían como centro cultural de reunión el Bar la Buena Sombra, en el número 8 de la calle Sánchez Pastor y templo de la bohemia malagueña en los años 60 y 70. «Campbell era, como pintor abstracto de los más refinados –describe el escultor alemán afincado en Málaga–; como pintor figurativo, un gran retratista y paisajista en todas la técnicas. Era religioso, bárbaro, ateo y como persona: espléndido, confuso y dominante, y no había manera de acostarle antes de la madrugada. Punto».

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